Amnistía Internacional incita a eclesiásticos para que denuncien la violencia como incompatible con las enseñanzas religiosas; cosa que no es cierta.

¿Y de los encarcelados por haber usado la legítima defensa?

Si no tiene credo alguno, ¿por qué se acuerda ahora de dar lecciones de credo?

Si condena la legítima defensa, entroniza el hecho de la ley del más fuerte, la ley de la selva y la opción velada al duelo…

Amnistía, proviene del latín “amnestia” y significa olvidar algo vivido o realizado, pero aquí significa extinción de responsabilidades penales como pretexto injusto que nada tiene que ver con la amnesia.

Cuando somos indulgentes con los culpables, hacemos injusticia al inocente.

Una sociedad que no grita ante injusticias de tratos, es una sociedad adormecida en indiferencias vergonzosas, que se está labrando su propia tumba y se quejará cuando la toque, pero sin derecho.

El mayor defecto de Amnistía Internacional es esa inversión de deber-derecho y abolir la pena capital en todos los casos indiscriminadamente, en contra de la doctrina católica y de la ley natural de la ética.

La especie humana es la única dotada para poder actuar con malicia consciente, al poseer libertad.

Solo quien sea “homo sapiens” puede ejercer, de hecho, de “barbarus sapiens”.

La pena capital es tema resuelto filosóficamente y teológicamente, revelado y avalado por la Iglesia católica en sus encíclicas y Concilios ecuménicos.

Otra cosa  son los sentimentalismos, que viajan sin billete. No tienen ni voz ni voto.

Pío XII, entre otros Papas, la defendió por el simple argumento de la pérdida del derecho a vivir del asesino, que no ha cumplido con el deber de dejar vivir al inocente.

Para Sócrates, la utilidad del castigo, proviene de su justicia.

En este punto combatió la democracia por su corrupción y falta de verdad racional.

Se deja de creer en el mérito, cuando no se valora la trascendencia del demérito.

Amnistía Internacional se irrita por ver tratados desigualmente a los iguales, pero no se irrita por ver tratados igualmente a los desiguales y eso es plebeyismo, en frase de Ortega y Gasset.

Tampoco condena el aborto ni a los gobiernos que le despenalizan.

Solo entiende por persona a los que pueden trabajar y rendir.

Ha demostrado desconocer el valor de la vida humana.

El castigo justo nunca degrada al que se ha degradado por su cuenta.

¿De qué se queja?


Amnistía Internacional asevera que “los presos son el centro de todas las actividades de esta organización”. Los presos, no la justicia.

Idealista es aquel que al observar que la rosa huele mejor que un repollo de berza, cree que por ello también hará mejor sopa.

Y otro de los más graves errores de Amnistía Internacional es pretender cimentar sus injustas reivindicaciones en la creencia de que la Declaración de Derechos Humanos, en sí misma, crea verdad.

Todo lo contrario; es la verdad la que crea el derecho, porque aquella es anterior a este.

Quien tiene medios para contrastar la verdad y no la usa, peca de ignorancia culpable.

Las cárceles con rejas, son la última consecuencia justa de las cárceles sin ellas.

Atacar la causa del mal, antes que sus efectos dañinos y frustrantes, y eso se hace predicando los deberes antes que los derechos.

La droga del consumismo, la programación subliminal rápida, sin tiempo para pensar, el manejo del hombre como si solo fuera un animal productivo para el Estado, la falsificación de la historia, el ambiente de las blasfemias, de lo soez y degenerante para las nuevas generaciones…

Amnistía Internacional hace el examen de conciencia…, sin propósito de la enmienda.

Si lo mejor de la democracia es que se puede hablar mal de ella, lo más denigrante de la misma es que no es consecuente con las conclusiones sacadas tras haber hablado mal de la misma.

En un periódico americano, allá por los 84, apareció esta nota: “Ya es hora de que los hombres valerosos se levanten y den la cara”. Firmaba: “Anónimo”.

La hipocresía existe pero no se reconoce; por eso el materialismo capitalista es peor que el comunismo, porque usa a Dios como elemento al servicio de su propio negocio, en vez de declararle la guerra, como hace el comunismo.

Amnistía Internacional trata al hombre como un animal ecológico y no metafísico y trascendente en su categoría específica de ser religioso creado para la trascendencia eterna.

He ahí su ceguera, anticristiana,  masónica.

En una escuela polaca, el maestro preguntó: “Qué es el socialismo?” Los críos contestaron a coro: “es el horizonte luminoso de los pueblos”; y el maestro preguntó: “¿Qué es el horizonte?”. Contestaron los niños: “Una línea imaginaria que mientras más nos acercamos a ella, más se aleja”.

Nos prestamos al engaño, en la medida en que carecemos de conceptos estrictos.

Este es el gran peligro. Deporte universal es coleccionar entidades en evidente culto a la ineficacia de las autoridades.

Esto hace Occidente con su cacareada libertad: la ama mal porque la conoce mal y así, difícilmente justifique los medios que la defienden bien cuando estos parecen oler a una represión de la misma.

Es menos pecado ser realista que ser ridículo. El bien puede resistir derrotas. No así el mal. La voz de lo eterno, jamás teme al instante.

Como Amnistía Internacional, muchos presumen de “espíritu joven” (a pesar de ser viejos). No se dan cuenta que no existe espíritu joven, sino mente cultivada, que sabe estar y reconocer todo lo reconocible, tanto si se beneficia como si se perjudica.

Se autoconsuelan olvidando su edad irreversible y no se dan cuenta de que el único que puede presumir de “espíritu viejo” es el joven.

Ser “amplios” sin saber ser estrictos, eso lo hace cualquiera. Hay que conocer muy bien las reglas para ser estricto. Tener “la mente amplia” para lo inelegante y mente estrecha para lo elegante, no es de personas inteligentes, es de plebeyos que no quieren reconocer las normas de lo elegante.

La asepsia ideológica de Amnistía Internacional es otra forma velada de “pasotismo”, y quien pasa de todo, demuestra más mala fe, que ignorancia.

Las cárceles sin rejas que Amnistía Internacional no quiere condenar, pueden recordarse unas cuantas, como el fenómeno de las mafias que hace la vista gorda ante el terror del Estado dentro del Estado; como la “cheka”, “La Inquisición roja” como nos cuenta el periodista alemán George Popoff.

El ex presidente Felipe González dijo el 23 de noviembre de 1984: “Para erradicar el terrorismo, el que sepa alguna fórmula, debe decirla”.

Yo se la dije, enviándole mi ensayo filosófico-teológico “Los porqués de la Pena Capital”. (Posteriormente publicado como libro por la Editorial SND).

Solo me contestó con un simple y educado acuse de recibo.

Contestar no es responder.

Está dispuesto a robotizarse quien está dispuesto a idiotizarse; ni tampoco tiene miedo a exculparse con las faltas colectivas.

Otra cárcel sin rejas es el peligro latente de las armas químicas, por sus efectos desvastadores a largo plazo; o el trato que sufren las mujeres en países tercermundistas. O el tráfico de venta de niños a parejas sin hijos, o el trato de blancas…

Por eso para don Antonio Tejero la sinceridad es una moneda que en una cara lleva la verdad y en la otra, la satisfacción de haberla defendido.

Esta clase de hombres no viven para el presente, por muy afanados que en él se hallen.

Hombres así, tienen derecho a afirmar cuando le van a exigir la devolución del título de Teniente Coronel: “Lo que el Generalísimo me entregó, no me lo quita a mí un tal… Isidoro”.

Hay posturas que al no ser delictivas, no pueden admitir la hipocresía.

Nadie engaña gratuitamente.

Y esa fortaleza interior, a pesar de la reclusión; me dijo por teléfono: “después de todo, la vida es maravillosa”.

Si para mandar a la naturaleza, primero hay que obedecerla, para obedecer al Gobierno, primero tiene que saber mandar.

Como bien dijo José Antonio: “los partidos políticos nacen el día en que se pierde el sentido de que existe sobre los hombres una verdad”.

De ahí que él quisiera crear una milicia y no un partido político, y que dijese que a latigazos se puede imponer la justicia, pero no la libertad.

No toda violencia es injusta, y la rebelión del “pronunciamiento militar” avalado por la doctrina católica como legítima defensa del bien común contra la anarquía, Amnistía Internacional la rebate sin razones.

Por eso nada dijo del falso golpe de Estado reconociéndolo como un obligado pronunciamiento militar en legítimo y moral derecho de autodefensa del Estado y del bien común.

Cuando le dije a Tejero que antes la Iglesia hablaba valiente del uso legítimo de la fuerza militar, y ahora se lo calla, en un mutismo inexplicable, me respondió: “Es que esa especie, suele actuar así”.

Hay que pedir a Amnistía Internacional que resalte el valor del humanismo cristiano en vez de ceñirse hipócritamente a una legalidad parcializante y a los intereses del N.O.M., masónico y anticristiano.

Esa organización se ennoblecería si reconociese la dimensión espiritual que late en lo más profundo de toda recta razón.

Las páginas de la historia no son para los cobardes.

El nido de masones que es Amnistía Internacional hay que mirarle como colaborador del sentido anticristiano que invierte el sentido de la justicia, del humanismo cristiano, de la autoridad ética estricta, y contra el Reinado de Cristo en la tierra.

El poder del “rostro oculto” minando el edificio del Reinado de Cristo Jesús.

El árbol malo no puede dar frutos buenos.

¡Guardémonos de los anti cristos!

Defendamos los colores rojo y gualda de la España Una, Grande y Libre.

¡Viva Cristo Rey”