Oriol Junqueras sale ilegalmente de la cárcel de Lladoners y, en su primer mitin en Badalona, para apoyar al candidato a la Generalitat Pere Aragonés, suelta una perla: “ERC es el partido más reprimido de Cataluña”. Una perla vinculada al discurso de la pena que tan bien trabaja el independentismo. Todo el mundo está contra ellos y no se lo merecen. No es que hagan pena, es que dan pena. Y Junqueras con esta frase pone sobre la mesa una mentira.

 

¿Por qué Junqueras dice esta frase? La respuesta es sencilla, pero vamos a hacer memoria histórica, porque creo que se le ha olvidado al independentista Junqueras.

 

El 6 de octubre de 1934, el entonces presidente de la Generalitat, Lluís Companys, dio un golpe de Estado contra la República y proclamó el “Estat Català”. Aquella sublevación duró sólo 10 horas. Companys y varios consellers fueron juzgados y condenados a pena de cárcel. Fueron encerrados en el Puerto de Santa María. En febrero de 1936, al ganar las elecciones, Manuel Azaña firmó su indulto. Al regresar a Cataluña fuer recibido con vítores y volvió a ser proclamado presidente de la Generalitat.

 

El Alzamiento militar del 19 de julio de 1936 fracasó en Cataluña. Companys no tuvo escrúpulos. Mandó encarcelar a todos los militares sublevados en el barco prisión Uruguay, los juzgó y fueron fusilados. El 12 de agosto de 1936 fueron fusilados en el castillo de Montjuic lo militares Manuel Goded Llopis y Alvar Fernández Burriel. Pero estos no fueron los únicos. Durante los primeros meses de la guerra civil fueron asesinados un centenar de militares contrarios a la república.

 

Lluís Companys fue detenido en Francia y trasladado a España. Aquí fue juzgado, condenado y sentenciado. No lo juzgaron por ser presidente de la Generalitat. No lo persiguieron por sus ideales independentistas. Nada de todo lo que cuentan los independentistas es ciertos. Companys fue sentenciado por haber actuado sin compasión, sin piedad, con aquellos que, por así decirlo, hicieron lo mismo que él. Francesc Cambó es muy claro en sus memorias. Al referirse al fusilamiento de Companys se hace una pregunta: “¿Injusto? Él, el 6 de octubre del 34 había cometido igual delito que los militares… y fue indultado. En 1936 él hizo fusilar a todos los militares sublevados”. Su actitud ruin lo llevó al patíbulo.

 

Después tenemos su caso. Él, como Companys, dio un golpe de estado contra el poder establecido, fue juzgado, condenado y, como que la justicia no actúa y han dejado en manos de los Generalitat su confinamiento penitenciario, entra y sale de la cárcel a su antojo.

 

Estos son los argumentos en los que se basa Junqueras para exclamar que ERC es el partido más reprimido de Cataluña. Ahora bien, se olvida o esconde una segunda parte de la frase. En honor a la verdad tenía que haber dicho: “ERC es el partido más reprimido de Cataluña y el que más reprimió a los catalanes”. Las cifras hablan por sí solas. Durante el periodo 1936 a 1939, en los cuales ERC gobernó la Generalitat de Cataluña, sólo en Barcelona se asesinó a más de 10.000 personas.

 

Los documentos publicados hasta este momento nos cuentan que en la retaguardia catalana se asesinó a 8.352 personas. De ellas 4.596 en la provincia de Barcelona y, si nos centramos en la Ciudad Condal, la cifra se reduce a 2.479 personas. ¿Es esta la realidad? El que fuera fiscal de sala del Tribunal Supremo Ricardo Querol Giner, nos comentaba lo siguiente sobre la represión barcelonesa en la retaguardia: “Sobre el número de asesinados en Cataluña José Maria Fontana Tarrats de unas cifras que siempre me han parecido exageradas. No puedo dar cifras exactas, pero si afirmo que a finales de agosto de 1936 figuraba en el Hospital Clínico contabilizados 5.000 cadáveres y que hubo noches que ingresaban 200. Esto me da de pensar que el número de asesinados en Barcelona y provincia fue muy superior a los 4.596. Las cifras salían publicadas en la prensa. La cual cosa quiere decir que sabían perfectamente el número de personas que estaban asesinando”.

 

El cónsul soviético en Barcelona, Vladimir Alexandrovich Antonov-Ovseenko, le escribía, el 11 de octubre de 1936, al camarada Krestinsky de la NKVD. Le comentaba una reunión mantenida con Ilya Ehrenburg -corresponsal del diario Izvestia- y Jaume Miravitlles -comisario de propaganda del gobierno de la Generalidad de Cataluña-. Entre otras cosas escribió: “En esta misma reunión el 4 de octubre [1936], Miravitlles, avanzó que quería plantear una cuestión muy delicada, expuso lo siguiente: personalmente creía y cree que en Cataluña no hay fascismo, que aquí la guerra es contra los militares españoles y el clericalismo español (había suficiente con fusilar a quinientos, y han fusilado a ocho mil sólo en Barcelona)”.

 

En la misma carta escribe: “En el mes de julio de este año, con el pretexto de vengarse de los esquiroles, la CNT mató a más de ochenta hombres, miembros de la UGT, pero entre ellos no había un solo comunista. Mataron no solo a los esquiroles, sino también a revolucionarios honrados”.

 

Josep Maria Bertrán de Quintana, juez que investigó los cementerios clandestinos durante la guerra civil es un personaje clave en esta historia. Los cementerios se llamaban “clandestinos” porque las víctimas eran inhumadas, en fosas comunes, de manera furtiva. De abril a septiembre de 1937 abrió 18 sumarios y localizó 2.073 cadáveres. En una conversación -como escribe en La palabra del juez de los cementerios de Santiago Tarín- estimó que la cifra total de víctimas podría alcanzar los 12.000.

 

Así pues, Junqueras debe dejar el victimismo de lado. ERC no ha sido el partido más perseguido de Cataluña. Desde el principio han sido unos golpistas contrarios al poder establecido y se les ha aplicado la ley. Ellos no lo hicieron con las más de 10.000 víctimas que permitieron se ejecutaran en la retaguardia catalana. Que quede una cosa muy clara: ellos fueron represores, no reprimidos.