La venganza de Franco (o de la historia). Suárez y Juan Carlos ya cometieron un delito de lesa historia al pretender “olvidar” a Franco, como si nunca hubiera existido o como si ellos no tuvieran nada que ver con él (el esperpento). Esto se tradujo, naturalmente, en la inflación de los separatismos, el terrorismo, el PSOE y la corrupción. El delito se agravó con Aznar, que se permitió pasar del olvido a la condena, con lo que abrió todas las compuertas para la formación de un nuevo frente popular,  así como a la satelización a Usa, por lo que poco después su partido perdió el poder. La traición a sus propias raíces históricas llevó ya a la transformación del régimen, con leyes antidemocráticas, rescate y justificación de la ETA, auge golpista de los separatismos etc. . La monarquía, que lo aceptó todo, incluso la profanación de la tumba del Caudillo, se encuentra ahora en una situación muy difícil, y la marcha hacia la disgregación de España y un nuevo frente popular parece imparable.  La infame derecha cree que las traiciones no tienen consecuencias, que hay que vivir al día como si el pasado no existiese, y cortar las propias raíces para moverse con más “libertad”. El problema es que sus bellaquerías termina pagándolas el país entero.


¿Por qué Juan Carlos firmó una ley que le deslegitimaba? ¿Porque ni él ni sus consejeros fueron capaces de entender su significado? Más bien creo que porque la banda del PSOE lo tenía bien “cogido por los huevos”. Como lo tenía Felipe González, que por eso se libró de la cárcel. Y tiene gracia que el emérito se llevara tan bien con los sociatas y los felicitara, incluido ZP. Le consentían todo y le espiaban al mismo tiempo. Aznar no veía bien ese contubernio en la corrupción, y no recibió ningún elogio del rey.


  El emérito prefirió los sociatas a Franco y hasta al PP. La historia, al final tiene su lógica. La república en España es lo peor, no porque sea intrínsecamente mala, sino porque los republicanos españoles, los de entonces y los de ahora,  parecen concentrar el caos, la disgregación y la tiranía, de los que nos libró el franquismo.  Pero tanto la I como la II repúblicas fueron traídas en realidad por los monárquicos.