Dediquemos el miniartículo de hoy al show continuo de Pablo Iglesias.
El show de Iglesias me parece más próximo a las maneras de las gentes del corazón (falta el reportaje en el Hola de su modesto hogar y la pasada oficial por el programa de Bertín Osborne) o de la tele basura, para estar todo el día en el “candelabro”, que de la ciencia política.
Tras el triunfal referéndum del chalet, convertido en el gran timonel podemita, ahora con poder para hacer la revolución cultural (he tomado nota de los que votaron en contra, vino a decir), el camarada Pablo llevó el show al Congreso para acaparar portadas en una sesión auto preparada para su lucimiento y los flashes.
Y Pablo, que sabe que Sánchez le está robando plano, contando con el habitual movimiento de cabeza de Irene Montero (me recuerda a los muñecos cabezones que les das y mueven la cabeza en gesto afirmativo), se fue al Congreso a sacar las lágrimas del cocodrilo bien provisto de pañuelo.
El corazón se le ablandó a la fiera. 
Él, que nunca se acuerda de las víctimas del terrorismo, que soporta estoicamente jornadas junto a los políticos aberzales, que no llora por las víctimas del terrorismo islámico como las policías bárbaramente asesinadas -¿dónde están las feministas de guardia?-, el que se puso de perfil ante el pare de Diana Quer, pues se emocionó a raudales ante el testimonio leído por él mismo de las presuntas víctimas de Billy el Niño (el policía, no el pistolero. No vayamos a confundirnos).
Pedía con ello que le retiraran no sé qué medalla que, por cierto, le otorgó el gobierno de Su Majestad el Rey, no Franco, en 1977 por su actuación contra los GRAPO (esto se le olvidó mencionarlo a Pablo). Medalla propuesta e impuesta creo que por Rodolfo Martín Villa entonces de la victoriosa UCD y ahora me parece que en el PP. También se le olvidó que un tribunal franquista le condenó por malos tratos a un periodista en 1974 (¡Cáspita! La denominada “violencia policial”, en el lenguaje de Iglesias, se podía llevar a los tribunales en el franquismo).
Pero Pablo se emocionó y, una de dos, o el testimonio era dudoso o el Gran Timonel decidió manipular metiendo la pata hasta el errejón -perdón, quería decir hasta el corvejón-. Se le puede escuchar relatando como uno de los testigos era torturado mientras le decían: en esta celda matamos a Grimau. ¿Cómo dice?
Irene debió tirarle de los faldones -Pablo no luce chaqueta- para decirle: “que no cariño, a ese lo ejecutaron tras sentencia de un tribunal”.
Pero lo importante, insisto, ni era Billy el Niño, ni las presuntas víctimas que ahora andan poniendo querellas creo (mira que ha gobernado tiempo la izquierda y podían haber hecho todas esas cosas y aclarar el tema), eran las lágrimas del cocodrilo. 
Basta con ver la prensa para mostrar la veracidad del aserto.

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