Los herederos de las siglas del terror, del odio y del rencor, los del pasado criminal que llevan años ocultando y tergiversando, han alcanzado sus objetivos. La mayoría de la sociedad española y sobre todo, de los jóvenes de este país, no conocen quien fue Miguel Angel Blanco, el joven concejal de Ermua secuestrado por ETA y asesinado dos días después de un tiro en la cabeza, falleciendo en el hospital en las horas posteriores. El crimen de Miguel Angel Blanco estaba llamado a ser un punto de inflexión en la lucha contra el terrorismo, después de la conmoción que genero su muerte.  Poco tardaron los políticos en domesticar la protesta y ahogar el grito de un pueblo que estaba harto de la connivencia  de los políticos con los criminales. Años después, ETA ya no mata, no lo necesita. Sus amigos están en las instituciones, quitan o ponen presidentes y deciden y modifican los presupuestos generales del Estado Español.

La izquierda ha cerrado el circulo, ha hecho las paces con los suyos, después de algunos años de tensión. Desde el actual gobierno social comunista de Pedro y Pablo han blanqueado ha bandas armadas, a organizaciones terroristas y a criminales de no hace tanto tiempo. Se acercan asesinos a las cárceles cercanas a sus domicilios y se les libera anticipadamente, se permiten todo tipo de homenajes y reconocimientos, y todo ello se realiza en nombre de una falsa reconciliación, que se asemeja mucho mas a una rendición. España ha perdido su lucha contra los criminales y asesinos, porque nunca hubo una voluntad real de vencer. Las víctimas son ninguneadas, y en breve sus nombre serán borrados de calles y plazas y sustituidos por los nombre de los criminales. Asesinos ensalzados y victimas vilipendiadas.

Nada de lo que sucede en España debe extrañarnos. Llevan décadas mintiendo sobre nuestra historia, sobre nuestro pasado, que hemos acabado aceptando como verdadero, aquello que sabemos que es falso. Asistimos como testigos impasibles, al gran engaño que desde la izquierda se nos impone al resto. Nos quejamos de que 23 años después del crimen de Miguel Angel Blanco, este forme parte de un lejano recuerdo, mientas que se reescribe el relato y la historia de hace más de 80 años.  Nada parece escandalizarnos, y los mismos que ahora blanquean a ETA y otras organizaciones terroristas, son los mismos que ocultan el pasado de terror, odio y crimen de sus partidos políticos de los que se sienten orgullosos de pertenecer.

Lo que sucede ahora con Miguel Angel Blanco, es la consecuencia lógica de la España que estamos viviendo, cuando hemos permitido que caigan en el olvido nuestros héroes mas ilustres, nuestras victimas de hace 80 años y ensalzamos a criminales y asesinos que fueron juzgados y condenados por los gravísimos delitos cometidos. Reescribimos la historia y todavía pensamos que esto no traería consecuencias. Profanamos cadáveres, secuestramos a los muertos y nos escandaliza que gran parte del pueblo español no sepa quién era Miguel Angel Blanco. La izquierda, que nunca estuvo legitimada para darnos lecciones de nada, ha normalizado a genocidas del pasado y del presente, mientras que aquellos que tenían la obligación de combatir la mentira, hicieron dejadez de funciones y pensaron que nada de eso iba con ellos, los mismos que ahora se rasgan las vestiduras y se escandalizan porque Miguel Angel Blanco haya caído en el olvido.

Si queremos, si deseamos recuperar la memoria de Miguel Angel Blanco, empecemos a recuperar la memoria de Jose Calvo Sotelo, de Muñoz Seca, y de tantos y tantos inocentes asesinados por la izquierda de este país. Solo siendo honestos con nuestro pasado, solo reconociendo los errores cometidos, podremos afrontar con valentía el presente.  No podemos mirar a otro lado y luego escandalizarnos cuando las victimas más recientes caen en el olvido, cuando hemos consentido que lo hicieran las víctimas del pasado. Si uno ensalza asesinos de hace 80 años, nada le impide ensalzar a asesinos y criminales de no hace tanto. Miguel Angel Blanco es olvidado por la cobardía del partido al que pertenecía, Javier García.