El PSOE y los comunistas son la escoria de la política y su memoria, el recuerdo de toda infamia. Son la geometría básica del terror, el catón del robo y el código del expolio. El socialismo y el comunismo no son sólo una ideología, son una cloaca de avaricia materialista y de fatuidad intelectual, cuya avidez y cobardía conocen bien los pueblos que  los padecen, pues cuando llegan al poder su incapacidad adopta siempre la forma de la fatalidad, de la catástrofe. He ahí lo que socialistas y comunistas están haciendo en España a lomos del Coronavirus, y lo que ya tienen urdido para ejecutar en la posguerra de la pandemia.

Los socialistas y los comunistas son las más inútiles y despreciables criaturas políticas, pues prefieren invertir sus energías en juzgar y condenar, por supuesto, a todo el que no es como ellos o, como mínimo, un dócil vasallo o colaboracionista de sus detritus ideológicos, que en adquirir conocimientos, pues juzgar es fácil mientras que conocer es difícil. Y son despreciables porque sus juicios revelan una visión de sí mismos que, en su ignorancia y su soberbia, desean sin desmayo imponer al mundo, a la Humanidad.

Pero ojo, mucho ojo porque son hábiles, muy hábiles. Son fríos y, por tanto, capaces de fingir calidez social de un modo plausible. Son ambiciosos y emplean su poder exclusivamente para conseguir sus fines, y siempre encuentran en los demás los defectos y culpas incapaces de reconocer en sí mismos. Así, sus asaltos violentos al poder son actos revolucionarios demandados y protagonizados por las masas oprimidas; cuando esos asaltos los lidera lo que ellos llaman derecha, siempre son golpes de estado fascistas contra el pueblo. Cuando asesinan a opositores políticos y desafectos sociales, es justicia popular, y cuando las víctimas responden en la misma medida y en legítima defensa, entonces es pistolerismo fascista. En la hora tardía de las responsabilidades, sus crímenes y genocidios son errores revolucionarios mientras que los de la derecha son siempre crímenes de Lesa Humanidad. Y ahora, hoy, como siempre, la culpa de su catastrófica gestión de la pandemia la tiene la derecha por no sumarse incondicionalmente, sin rechistar y aplaudiendo a las decisiones y medidas desastrosas con las que socialistas y comunistas están engordando la lista del carnicero, llenando unos tanatorios vacíos de lágrimas, colmando los telediarios de sensiblería almibarada, de recetitas para no engordar y de tablas de gimnasia.

Uno no se engaña acerca de las consecuencias de sus actos, se engaña acerca de lo fácil que puede ser vivir con ellas. Los socialistas y los comunistas son consumados especialistas en la implementación de esa convivencia porque conocen y manipulan impecablemente nuestra primordial debilidad: los hemos aceptado como una realidad inevitable.

¿Cuánto hace que vivimos en esta mentira? ¿De dónde extrae la mentira la energía que la hace más fuerte que la verdad? Mientras no respondamos, individual y colectivamente, a esas dos preguntas, jamás los expulsaremos de la ecuación del Poder.