Han trascendido en las últimas semanas diferentes cartas abiertas que militares franceses, y ahora estadounidenses, retirados, han publicado en diferentes medios. Meses antes ,también militares retirados españoles hicieron algo similar y se formó un buen revuelo mediático. El militar no suele prodigarse en comentar aspectos de la vida pública; sólo alguna que otra vez y extraña este hecho especialmente cuando su opinión se sale del entorno puramente militar y cuando esto sucede nos encontramos entonces con reacciones, cuando menos pintorescas, más que nada debido a la confusión - muchas veces interesada - sobre el derecho a la libertad de expresión de este colectivo.En España, en concreto , el militar en activo como cualquier ciudadano español tiene el derecho constitucional a la libertad de expresión, si bien limitado por lo que marca la Ley Orgánica de Derechos y Deberes del Militar en sus artículos 7 y 12. En estos artículos la Ley limita este derecho a la sujeción a la neutralidad política , a los derivados de la salvaguarda de la seguridad y defensa nacional, al deber de reserva y al respeto a la dignidad de las personas e instituciones públicas y poderes públicos ; consecuentemente la Ley establece que el militar no podrá pronunciarse públicamente ni hacer propaganda a favor o en contra de los partidos políticos , asociaciones políticas, sindicatos, candidatos a elecciones a cargos públicos , referendos, consultas políticas o programas u opciones políticas.  Y ésto es todo. O dicho de otra forma: no cabe duda que en tanto en cuanto las declaraciones de un militar no sobrepasen los límites citados éstas pueden expresar cualquier pensamiento o idea. Pese a esto no encontrarán Vds. militares en activo dando su opinión sobre nada que no sea algo específicamente profesional. Me parece lógico y normal, si bien hay ocasiones en las que una interpretación anómala de lo que significa ser neutral en política nos hace echar en falta la posición de la Institución cuando está en juego la unidad de España. Y digo esto porque la neutralidad política a la que se debe el militar no significa permanecer indiferente ante el ataque directo a la propia esencia de la Constitución y de la nación, y , al menos yo, pienso que la salvaguarda de la unidad nacional no es un interés partidista y si defender la unidad de España supone romper la neutralidad política a la que se debe el militar me temo habríamos caído en un delirio de salud mental. Otra cosa bien diferente es si hablamos de militares retirados pues este recupera todos sus derechos al igual que cualquier ciudadano normal y, aquí, ahora, en estas líneas hablo de militares retirados y no en situación de actividad.

Los militares españoles retirados, a los que me refería al comienzo de este artículo, acusaban al Gobierno de aceptar los desprecios a España, las humillaciones a sus símbolos, el menosprecio al Rey y los ataques a su efigie así como permitir violentas algaradas independentistas y golpistas con petición de indultos a condenados por sedición, conceder favores a terroristas con el consiguiente menosprecio a sus víctimas, bordear la legislación vigente buscando el sometimiento al Poder Ejecutivo del Poder Judicial, incluida la Fiscal General del Estado, y tratar de imponer un pensamiento único con leyes como la de Memoria Democrática.

Y ahora nos encontramos que en Francia muchos generales retirados y oficiales de los ejércitos advierten sobre la desintegración de Francia, del peligro de una guerra civil y del desprecio y odio que se cultiva contra la esencia secular de la nación francesa. Y casi al mismo tiempo, también en Estados Unidos, 317 generales y almirantes retirados suscriben y hacen pública una carta abierta en la que denuncian que "nuestra nación está en grave peligro. Estamos en una lucha por nuestra supervivencia como República constitucional como en ningún otro momento desde nuestra fundación en 1776. El conflicto es entre los partidarios del socialismo y el marxismo contra los partidarios de la libertad constitucional”.

Tanto militares españoles como franceses y norteamericanos ejercen su derecho a alertar sobre los riesgos que se ciernen sobre sus respectivas naciones.

Ese es el nexo común de todas las advertencias hechas si bien desde perspectivas diferentes según las de cada nación pero en el fondo es lo mismo.

No gustan nada las cartas de los militares retirados, sean pocos o muchos, ya que expresan de frente y de cara lo que nadie en el ámbito político quiere oír y es obvio que pueden dar la impresión de ser portavoces de lo que piensa la Institución,  algo discutible, desde luego, pues la brecha generacional también existe en los ejércitos, si bien no tanto en cuanto a valores y principios permanentes que se transmiten de padres a hijos y nietos. Al menos hasta ahora.

Y seguramente, al menos en España, ahí quedó todo : las inquietudes de unos pocos o muchos militares retirados. Algo de ruido y pocas nueces.

Otra cosa sucede en Francia al haber recibido el apoyo directo y explícito del partido de Marine Le Pen y de millones de franceses, algo que en España no sucedió al ponerse de perfil quienes seguramente piensan lo mismo pero que inmersos en la estrategia que impone la partitocracia no mostraron su apoyo a las misivas y escondieron el bulto. Cosas de viejos ociosos, piensan.

En cualquier caso, ahí quedan, a modo de aviso para navegantes, las reflexiones de una élite, siquiera sea por edad, dignidad y gobierno , como se decía antaño, respecto a que hay que evitar los bandos irreconciliables pues estos acaban resolviendo sus diferencias de forma poco razonables. La historia nos lo demuestra con creces.

Dicen que más sabe el diablo por viejo que por diablo…