Nunca he sido partidario de Juan Carlos I, y menos ahora que se conocen los “acontecimientos pasados de su vida privada”. Creo que ha cometido al menos tres traiciones gravísimas (a España, regalando el Sahara Occidental a Marruecos en 1975, contra los deseos y las órdenes de un agonizante Franco, en uno de los episodios más vergonzosos de la larga y heroica historia del Ejército español, obligado a retirarse sin disparar un solo tiro ante una turba de desarrapados; al propio Franco, que le regalo el Trono sin tener por qué hacerlo, dinamitando su obra en cuanto tuvo oportunidad a pesar de haber jurado solemnemente lealtad al Régimen al menos en dos ocasiones; y a los patriotas que el 23 de Febrero de 1981, yo estoy convencido que con su pleno conocimiento y apoyo, intentaron parar la deriva que nos ha traído a donde estamos), y una más, a sí mismo -aunque resulte paradójico- sancionando sin rechistar la nefasta y liberticida Ley de Memoria Histórica, que al deslegitimizar (arteramente) a quién le nombro le está deslegitimizando también a él; se comportó como un irresponsable, o como un necio -no sé qué es peor-, cuando sin ninguna necesidad y pudiendo haber aprobado la constitución que le hubiera dado la gana, aceptó la nefasta Constitución de 1978, repleta de “trampas bomba” contra la unidad, el Estado de Derecho  y el progreso de España y en la que, además, renunció voluntariamente a toda capacidad de hacer o de impedir que se haga, aceptando sin ninguna necesidad convertirse en una mera figura decorativa, con las consecuencias por todos conocidas; y pertenece a una dinastía, los Borbones, que salvo escasísimas y honrosas excepciones ha sido nefasta para España.

Tampoco soy especialmente monárquico, en el sentido de que no estoy convencido de que la Monarquía, como forma de gobierno, sea necesariamente mejor que la República, ni siquiera en el caso de nuestra Nación. Es verdad que las dos experiencias republicanas que hemos tenido en España han sido absolutamente desastrosas, imposibles de empeorar, pero eso no significa, en mi opinión, que España y la república sean incompatibles. En el mundo hay más repúblicas que monarquías, y entre las primeras están algunos de los países más estables, más libres, más desarrollados y más ejemplares (EE.UU., Alemania, Austria, Suiza, Francia, etc.). De hecho, estoy convencido que si Franco hubiera decidido, en lugar de instaurar una nueva monarquía en la persona de Juan Carlos, instaurar una república, con un ordenamiento jurídico adecuadamente estructurado, a semejanza de otras repúblicas de nuestro entorno, las cosas no nos hubieran ido necesariamente peor.

Sin embargo, creo que -como la gran mayoría de los españoles- conozco bien a la piara de fanáticos comunistas bolivarianos que en este momento ocupan los sillones del Consejo de Ministros y me doy cuenta de que cualquier alternativa a lo que ahora tenemos que salga de esta gentuza será con absoluta seguridad mucho peor de lo que hay. Acabo de decir que creo que una república puede ser un régimen perfectamente aceptable, que respete la libertad y los derechos de los ciudadanos, democrático (en el sentido de la separación de poderes, no solo que nos dejen votar cada cuatro años para, después, hacer exactamente lo contrario de lo que nos prometieron) y enfocado al progreso y el bienestar de la Nación, pero soy consciente que el modelo de Estado que persiguen estos desalmados no es eso, es una tiranía disfrazada de república federal (adiós a la unidad de España), socialista y probablemente bolivariana, esto es, criminal y ruinosa.

En esas circunstancias, y como ya he escrito, no nos queda otra que apretar los dientes, taparnos la nariz y defender a la Monarquía. Si el día de mañana, con una clase política distinta a la que padecemos, sin las presionas, las mentiras y la manipulación que estamos viviendo, se planteara una transición ordenada, consensuada y respetuosa con la Ley hacia una república moderna, homologable a las que he citado, no seré yo quien se “eche al monte” para defender a una monarquía que tiene muchas más sombras que luces.

Con esa premisa, es decir, lo que conviene a España en este momento es defender la Monarquía a toda costa, ¿ha acertado Felipe VI?

Hasta ahora, del ex Rey solo se conoce que, presuntamente, recibió un cuantioso regalo en dinero contante y sonante de otro Monarca amigo y que no lo declaró a la Hacienda, como era su obligación. Parece que puede haber algún otro regalo, también en efectivo, de importe mucho menor, de algún otro “royal”, por el que tampoco pasó por la ventanilla de la Agencia Tributaria. Es decir, un presunto delito fiscal, de elevado importe, pero que estaría prescrito. La acusación de “blanqueo de capitales” no se sostiene, pues los fondos procederían de un príncipe saudí, propietario legítimo de los mismos, y su origen sería perfectamente legal. Además, si es cierto lo que se cuenta, parece ser que tenía una “vida sentimental” agitada, que era infiel a su mujer y que cometió adulterio, pero eso, en este mundo que nos está tocando vivir, con estos (inexistentes) estándares morales, no creo que sea nada por lo que se pueda condenar a una persona, y menos si los encargados de juzgar su comportamiento son seres completamente inmorales, corruptos y promotores de todas las aberraciones habidas y por haber, como es el caso. Todos ellos son, por ahora, presuntos delitos, pues ni está investigado, ni mucho menos acusado y, ni siquiera (que se sepa) esta siendo inspeccionado por el fisco.

¿Es eso suficiente para forzar a una persona a desterrarse, después de convertirle poco menos que en un criminal? Rotundamente no, y menos en un país en el que los chorizos (no digo presuntos chorizos, digo CHORIZOS), campan a sus anchas y siguen disfrutando de lo robado: los socialistas andaluces (700 millones en los EREs fraudulentos y no se cuantos más en los cursos de formación ficticios), la familia Pujol (300 millones), etc.

Puede que su hijo, el ahora rey Felipe VI, conozca otras tropelías cometidas por su Padre, que tarde o temprano se conocerán (si las hay) y que ello haya sido la causa de ceder a las presiones y forzar su destierro. Si es así, nada tengo que decir, pues como desconozco cuales pueden ser esos otros “comportamientos no ejemplares” no soy capaz de juzgar si la decisión ha sido correcta o no.

Sin embargo, si no hay más (o poco más) que lo que se conoce, creo que Felipe VI se ha equivocado.

Pudiera ser que haya pactado con sus enemigos, los partidarios de esa republica que he descrito, que desterrando a su padre se acabe la campaña de descredito y los ataques contra la institución monárquica. Si ese fuera el caso, demostraría tener muy pocas luces, pues nadie con un mínimo de experiencia vital y sentido común puede esperar de unos fanáticos amorales como estos que vayan a honrar algún compromiso, y menos ese.

El destierro de Juan Carlos no es un asunto privado de éste, es algo que afecta directamente a la Institución. Si no fuera así, no habrían estado los ministros escupiendo veneno durante semanas (especialmente los comunistas) y no habría habido una “negociación” entre Casa real y Gobierno (por cierto, representado por esa garrapata llamada Iván Redondo que tanto daño está haciendo a España y por lo que algún día tendrá que pagar) para acordar las circunstancias, los tiempos y los actos de esta expulsión.

Aceptando su marcha “voluntaria”, y más con la carta que ha escrito a su hijo y que Casa Real ha hecho pública, se está dando la razón a todas las hienas que están aprovechando torticeramente esta conducta irregular para llevarnos a la III República. ¿Cómo va a defender alguien al ex Rey si él mismo se ha autoinculpado, otorgando a esos “acontecimientos pasados de su vida privada” una trascendencia que en mi opinión no tienen y admitiendo que afectan al “ejercicio de tus funciones” (de Felipe VI)?

Pensar que solo por el hecho de marcharse a vivir fuera de España va a cesar la campaña de acoso y derribo de la Institución es infantil. Los canallas de Potemos y resto de la escoria comunista ya están diciendo que el ex Rey “ha huido a espaldas del pueblo” (sic) y que debe “volver para purgar sus delitos”. ¿Quién puede pensar, conociendo a esta gentuza y conociendo los antecedentes de sus padres ideológicos, que se iban a conformar con el destierro? Hace ya meses que, en otra actuación para mi equivocada de Felipe VI, éste humilló a su padre renunciando a su herencia, retirándole su asignación económica y -de hecho- expulsándole de la Familia Real. ¿Para que sirvió? Por lo que hemos visto ahora, para nada. Estos quieren verle en una mazmorra, o en una cuneta, o asesinado en una casucha como hizo hace 102 años su amado Lenin con el Zar y toda su familia en Ekaterinburgo. A él, a su hijo, a todos los que les apoyan y, en última instancia, a todos los que no compartimos sus ideas criminales.

Felipe VI, cediendo a las presiones de socialistas, comunistas y demás republicanos ha dado una muestra de debilidad. Ahora ya todo el mundo sabe que, si se le presiona lo suficiente, el Rey cede. Y, según se ha visto, no necesita mucho para ceder. ¿Por qué razón van a dejar de hostigarle los que sueñan con la república si ya han comprobado que no es capaz de aguantar? Cuando los perros agarran a la presa, y más si ya está herida y huelen la sangre, ya no la sueltan.

Felipe VI, por contraposición a su “malvado” Padre (según los enemigos de la monarquía), se podía presentar como un rey ejemplar. Hasta ahora, probablemente de modo involuntario, el ex Rey era un parapeto que protegía a su hijo. Primero había que derribarle a él, para después ir contra el hijo. Ahora ya le han derribado, ya no hay parapeto, y todas las balas irán directamente contra Felipe VI.

Felipe VI es Rey única y exclusivamente por ser hijo de su padre -como en cualquier monarquía-. No hay otra razón. Si a las primeras de cambio ha “dejado tirado” al que le puso donde está, se ha “lavado las manos” como si no fuera con él, ¿cómo va a esperar Felipe VI que alguien “dé la cara” por él cuando llegue el momento? Quien a hierro mata, a hierro muere.

Por último: hasta el momento elegido ha sido el más inoportuno. Esta campaña ha sido promovida por la rama comunista del gobierno, por el ‘chepas’ y sus secuaces, que se encontraban en sus horas más bajas, no solo por los numerosos delitos que está saliendo a la luz que han cometido desde que empezaron a pensar en como hacerse con el poder, sino también porque sus socios socialistas habían empezado alejarse de ellos y a acercarse a otras fuerzas constitucionalistas (Cs, PP, etc.). Con esta actuación se les da aire para una temporada, se les facilita que utilicen en su favor este desgraciado acontecimiento.

Como ya sabíamos desde que esta banda de delincuentes se hizo con el poder, estamos viviendo un momento crítico en la historia de España. Estos canallas tienen una hoja de ruta de la que no se van a salir bajo ninguna circunstancia. La emergencia sanitaria ha hecho que, durante un par de meses, la labor de demolición se haya ralentizado, pero siguen donde estaban. Ni 50.000 muertos, ni cinco millones de desempleados, ni los rebrotes, ni centenares de inmigrantes ilegales que nos invaden diariamente, ni nada les aparta de sus bastardos objetivos, entre los que uno de los más urgentes (para ellos) es acabar con la monarquía, símbolo máximo del Estado surgido de la Constitución de 1978. Si el Rey, con sus cesiones, no se defiende, ¿cómo podemos defenderle los demás?

Felipe VI todavía cuenta con el favor y el apoyo de la mayoría de los españoles, se ha visto en la gira que ha hecho en estas últimas semanas. Debe aprovechar esa ventaja y tomar alguna iniciativa, lo que supone tomar algún riesgo, pues sus enemigos van a intentar destruirle en cuanto se salga del guion que ellos han escrito. Pero más vale que lo que tenga que hacer lo haga ahora, pues como espere y les regale el tiempo que necesitan para manipular, mentir y crear una imagen falsa de su persona y de la institución que representa, perderá ese favor del pueblo que ahora disfruta y llegará el día que le darán la patada, como a su Padre, y su salida pasará tan desapercibida y será tan indolora como la de su Padre.