La hipócrita propaganda de “la salvación de la democracia” por el ex rey Juan Carlos I, emitida el pasado 23-F en TVE, ha sido el teatro oficial del sistema liberal, mantenedor de puestos burocráticos de los dictadores del parasitismo, que engulle las reservas económicas de nuestra empobrecida y fragmentada Patria.

Han dado una lejana historia de la realidad de aquellos momentos recién estrenada la democracia, ensangrentada por el terrorismo diario contra las fuerzas del orden, especialmente la Guardia Civil, y el desorden generalizado, tanto callejero como en la moral pública.

Ocultaron el trasfondo que motivó aquel pronunciamiento militar (mal llamado golpe de estado), cuando solo se trataba de instaurar provisionalmente un gobierno militar para atajar aquella situación de anarquía en la que nos sumió la ausencia del providencial Caudillo de España, y la urgencia de eliminar tan gravísima sangría cívico-militar nacional del terrorismo revanchista, ausente de toda autoridad justiciera.

Los militares comprometidos, informado el Rey, entraron en el Congreso el 23-F. advirtiendo que iban en nombre del Rey (cosa que ocultaron en ese reportaje).

El Rey iba a poner de Presidente del Gobierno a su amigo, el General Armada, luego… ¿quién daba el golpe, sin haber hecho referéndum nacional?

Miláns del Bosch también era monárquico, no así Tejero.

Y cuando el patriota e incorruptible Tejero Molina (Teniente Coronel de la Guardia Civil), vio que en la lista de nuevos ministros iban a nombrarse a socialistas y comunistas, además de Fraga, en una ensalada de sujetos diversos, para dar gusto a la oficialidad democrática, era una tradición a lo acordado, negó rotundamente esa toma de posesión inmediata, dando un contragolpe, evitando todo acto de fuerza, con posible sangre innecesaria.

También rechazó la cuantioso suma de millones que se le ofrecieron en forma de soborno, para acceder al plan del Rey.

Solo un caballero español, amante de Dios, la Patria y la Justicia, podía actuar así con sumo honor y responsable del estado real de su agredido y cobarde gobierno…

¿Por qué no se dijo todo esto en esas programaciones televisadas…?

¿Y por qué el Rey tardó tantas horas en responder ante lo que pasaba en el Congreso?

¿Por qué no se hizo ya en su día un seguimiento paso por paso de los hechos de 1981 cuando vivían todos los personajes del pronunciamiento?

¿Y por qué entre los periodistas intervinientes no llamaron a don Luis F. Villamea, testigo de todo y director de Fuerza Nueva, así como al mejor documento viviente de don Antonio Tejero?

¿De qué tenían miedo esos traidores, cobardes y pasotas mandatarios?

El supuesto triunfo de la democracia lo que nos ha traído ha sido esta ciénaga de vergüenzas físicas y morales, arruinando a la nación, que de la octava potencia económica mundial a la que nos elevó el nacional catolicismo de Franco, ha quedado en la 14ª potencia, y seguimos retrocediendo, habiendo perdido el prestigio que en el mundo tuvo, traicionada por el perjuro del Rey (y el silencio cobarde de la jerarquía eclesiástica), auto destructora de su inmediato futuro en el holocausto del aborto, destrucción de la familia, corrupciones de partidos, políticos golpistas, destructor de identidades nacionales y a la dictadura mundial del judaísmo masónico.

Hasta el colmo de la anarquía práctica de vandálicas guerrillas urbanas, fruto del manejismo, la frustración, la incultura, el odio a las grandezas históricas patrias y como la Providencia pone a cada cuan en su sitio, el “emérito” huido de la Justicia como un vulgar delincuente, y don Antonio Tejero enaltecido con una apología de casi 600 páginas, titulada “DON ANTONIO TEJERO, UN HOMBRE DE HONOR”, publicada por la editorial SND.

Ahí están los frutos. Toda causa tiene sus efectos.

No tardando, tendremos que culpar a Tejero de no haber dado por su cuenta un golpe seco de Estado, y de no haber metido en la cárcel al Borbón con su mágica y “salvada democracia”.

Pobre España, atracada por Judas, Pedros y Pilatos: Traidores, cobardes y pasotas.

Ya lo dijo Franco: “No se os puede dejar solos”.