Hace unos días el Ministro de Inclusión, Inseguridad Social y Migraciones (ni más ni menos), el otrora cabal José Luis Escrivá, hizo unas declaraciones que deberían ser calificadas simplemente como risibles, si no fuera por la trascendencia del tema: «Vamos a necesitar inmigrantes para pagar las pensiones cuando lleguen a la edad de jubilación los ‘baby boomers». Ahí queda eso.

Nuestros políticos llevan años (desde 2008 como mínimo, cuando tantas cosas cambiaron) mareando la perdiz y engañando a los ciudadanos (o asustándolos, según convenga) con la “sostenibilidad” del sistema de pensiones, con su reforma, con la “garantía” de las pensiones, etc., etc.

La realidad es que nuestro sistema de pensiones es sencillamente INVIABLE con la estructura salarial y demográfica que tenemos, y la que tendremos en las próximas décadas.

Por hacerlo corto: el sistema de pensiones en España está basado en que las pensiones de los que están jubilados se pagan con las cotizaciones sociales de los que están activos. No existe un “fondo de pensiones” individual, donde se abona lo que va cotizando cada trabajador a lo largo de su vida laboral, y que se revaloriza en función de los tipos de interés, de modo que al llegar a la edad de jubilación tiene un “capital” que irá cobrando a lo largo del resto de su vida, con un cálculo actuarial en función de la esperanza de vida. Es verdad que para el cálculo de la pensión se tiene en cuenta lo que se ha cotizado en los últimos 25 años, y que para hacer ese cálculo se revalorizan con el IPC las cotizaciones que has ido haciendo, pero eso es solo una fórmula para determinar el importe de la pensión que te corresponde, no hay ningún cálculo financiero de lo que has aportado y de lo que se espera que recibas durante la jubilación.

Así, mientras que en un año el importe total de las cotizaciones de los trabajadores activos sea igual o mayor que el importe total de las pensiones en ese año, el sistema aparentemente funciona, aunque con el riesgo de que, sin darnos cuenta, estamos metiéndonos en una especie de “esquema piramidal”. Hasta 2008 aproximadamente esto se cumplía, pero a partir de ese año las cotizaciones dejaron de cubrir a las pensiones, y hemos llegado a 2019 con unas cotizaciones que apenas superan el 80% de las pensiones.

En consecuencia, el Estado, con cargo a los presupuestos, y en definitiva con cargo a los impuestos que pagamos todos los contribuyentes, viene teniendo que aportar cada año un cierto importe para cubrir esa diferencia, cada vez más cuantiosa, lo cual -dicho sea de paso- para mí no es algo aberrante, pues por desgracia una parte cada vez mayor de nuestros impuestos se utilizan para fines infinitamente menos justos que las pensiones.

¿Por qué se ha hecho inviable algo que funcionó de maravilla desde que se creó en 1963 (Ley de Bases de la Seguridad Social, del general Franco, por cierto) hasta más o menos el año 2008, cuando comenzó la crisis?

En primer lugar, y eso es público y notorio, porque cada día hay más jubilados, fundamentalmente debido al aumento de la esperanza de vida. Sin remontarnos al hoy injustamente denostado franquismo, en 1978 había 2,6 trabajadores cotizando por cada jubilado. Desde 1978 el número de jubilados se ha multiplicado por 2,7 veces, mientras que el de cotizantes de la SS se ha multiplicado solo por 1,8 veces, por lo que hoy hay solo 2,0 cotizantes por cada jubilado.

En segundo lugar: las pensiones han subido mucho más que los importes de las cotizaciones a la SS de los trabajadores, entre otras razones porque los sueldos han subido mucho menos que las pensiones.

En 1978 la pensión media (en términos reales, es decir en euros de 2019 ajustando por la inflación) era de unos 6.000 € al año, y hoy casi es de 14.000 €: se ha multiplicado por 2,3 veces (en términos reales, en términos nominales mucho más) o, dicho de otro modo, han subido en media un 2,1% anual por encima de la inflación, ligeramente por debajo del crecimiento del PIB en ese periodo (2,3% anual).

Por la parte de las cotizaciones, en 1978 la cotización media era de 4.800 € anuales, mientras que hoy es de unos 6.500 € anuales: se ha multiplicado por sólo por 1,3 veces en términos reales o un 1,3% anual; por cierto, casi la mitad de lo que ha crecido el PIB … van a llevar razón los que dicen que “la globalización hace a los países ricos y a los ciudadanos pobres

En definitiva, las pensiones han subido mucho más que los sueldos medios, que han crecido incluso algo menos que las cotizaciones, pues han aumentado algo el porcentaje de cotización en relación al salario.

Antes de continuar con las pensiones quiero hacer un comentario: Entre los muchos mitos que se han creado en torno a esta etapa que llaman democrática es que ha sido la etapa de mayor progreso y mayor aumento del bienestar de la historia de España, y si me apuran del Mundo. La realidad es que desde 1978 a 2019 la renta per-cápita ha crecido, en media, un 1,7% anual en términos reales que, desde luego, no es para “echar cohetes”. Durante el ahora calumniado “franquismo”, entre 1940 y 1975, la renta per-cápita creció a un ritmo de más de 3 veces esa cifra. De hecho, hoy nuestra renta per-cápita es del orden del 83% que la renta per-cápita media de los países de la UE, mientras que en 1975 era cerca del 95%.

Vuelvo al tema de las pensiones

En 1978 lo que cotizaba un trabajador (4.800 € de 2019 al año) cubría algo más del 80% de la pensión de un jubilado (6.000 €/año), mientras que hoy no llega ni al 50% (6.500 € vs. 14.000 €).

Sumando ambos efectos (más pensionistas y mayor diferencia entre lo que paga un trabajador y lo que cobra un pensionista) resulta que en 1978 la suma de todas las cotizaciones era del orden de vez y media el importe de todas las pensiones y hoy, en cambio, apenas pasa del 80%.

Aparte de esta aritmética, hay un problema de fondo en nuestro sistema de pensiones que consiste en que en media (no digo en todos los casos) las aportaciones de un trabajador (es decir, la suma de todas las cotizaciones durante su vida laboral) no cubren la totalidad de las pensiones que cobrará durante toda su jubilación.

En 1978 la esperanza de vida era de poco más de 74 años, y las personas entraban en el mundo laboral mucho antes que ahora, entre otras muchas razones porque la tasa de paro era insignificante comparada con la actual. No tengo el dato, pero probablemente -en media- la edad de incorporación estaría en torno a los 20 o 21 años. Así, un trabajador estaba cotizando más de 40 años (hasta los 65) y cobrando pensión 10 años (hasta los 75): 4 años trabajados por cada año jubilado.

Como cotizaban unos 4.800 € al año, acumulaban unos 190.000 €. Como cobraban una pensión de unos 6.000 € durante unos 10 años, “gastaban” unos 60.000 €, y todavía sobraba para cubrir sus gastos de salud, construir hospitales, etc., etc. pagando unos impuestos irrisorios. Este fue, de hecho, el verdadero “milagro español”: convertir a una piltrafa en una de las Naciones punteras del Mundo con una carga fiscal -unos impuestos- ridícula.

Hoy la esperanza de vida es de casi 85 años y los jóvenes, por desgracia, se incorporan mucho más tarde al mundo del trabajo. Entre grados, ‘másteres’, becas y periodos de prácticas, sin contar con los desafortunados que simplemente no encuentran trabajo, tiene suerte el joven que encuentra un trabajo “como Dios manda” antes de los 30 años. Así, hoy es difícil cotizar más de 30 o 35 años, y en cambio se está cobrando la pensión durante 20 años: 1,5 a 1,75 años trabajando por cada año jubilado (recuerden que en 1978 eran 4 años).

Como la cotización anual media es de unos 6.500 €, en esos 30 o 35 años habrá acumulado unos 210.000 €, no mucho más que en 1978. Si embargo, como la pensión media es de unos 14.000 € anuales, durante los 20 años de la jubilación necesitará 280.000 €: casi 5 veces lo que “gastaba” un pensionista durante toda su jubilación en 1978. La diferencia, lo que “gasta de más”, son 70.000 € que tarde o temprano deberá abonar el Estado.

Esto ya no es un problema de que haya más o menos jubilados, es otra cosa: las pensiones que estamos cobrando, que no digo que sean ni altas ni bajas, no se corresponden con lo que estamos cotizando durante nuestra vida laboral. En cierto modo, queremos vivir como jubilados por encima de las posibilidades que nos da lo que hemos ahorrado durante nuestra vida laboral, de modo que:

  • ó nos acostumbramos a vivir con pensiones más bajas, reduciendo nuestra calidad de vida durante la jubilación, aceptando que no hemos ahorrado lo suficiente;
  • ó aceptamos reducir nuestra renta disponible, o dicho de otro modo, ahorrar más durante nuestra vida laboral, viviendo por lo tanto un poco peor, para después vivir mejor en la jubilación.

Para equilibrar el sistema habría que cotizar unos 2.000 € al año más, la población activa debería crecer a partir de ahora al mismo ritmo que los pensionistas y los salarios aumentar igual que las pensiones. Misión imposible.

Volvamos a la chorrada que dijo Escrivá.

A finales de 2019 la población activa española (incluidos inmigrantes que trabajan o están en disposición de trabajar) es de casi 23,5 Mill de personas, algo menos del 50% de la población total. De esos casi 23,5 Mill, 20 Mill estaban trabajando y cerca de 3,5 Mill estaban desempleados (a finales de 2020 los 3,5 millones se convertirán en 5,5 y los 20 Mill en 18, y eso con suerte).

Dije al principio que las cotizaciones cubrían solo el 80% de las pensiones, por lo que para alcanzar el equilibrio entre cotizaciones y pensiones necesitaríamos que estuvieran cotizando no 20 millones, sino 25 millones de trabajadores, 5 millones más. Para conseguir eso lo que hay que hacer no es traer inmigrantes, como dice Escrivá, sino crear en España 5 millones de puestos de trabajo más, el 25% de los que hay ahora.

Si se crearan esos 5 Mill de puestos de trabajo, los primeros que deberían ocuparlos serían los casi 3,5 Mill de parados que ya tenemos, y a continuación una parte de esos 5 Mill de personas en edad de trabajar (por ejemplo, las amas de casa) que no entran en el mercado de trabajo, muchas veces porque no tienen esperanza de encontrarlo o porque no tienen la formación necesaria.

Los inmigrantes no son unos señores o señoras que vienen a trabajar y que cotizan como leones. La mayoría son familias enteras que se vienen a vivir a España y no en todos los casos con intención de trabajar.

En España viven del orden de 7,2 Mill de extranjeros legalizados, más 1,5 Mill de personas nacidas en España pero de padre extranjero, lo que hace un total unos 8,5 a 9,0 Mill de ‘inmigrantes’, el 20% de la población, sin contar a los ilegales, que se estiman en 1 Millón más. Suponiendo que de esos 9 millones la población activa sea como en la media de España, el 50%, significa que hay 4,5 Mill en condiciones de trabajar.

Por cierto, y aquí se aprecia el drama de la natalidad es España: en 1978 la población total era de cerca de 37 millones, y apenas había inmigrantes. Hoy somos 47 millones, de los cuales unos 9 millones son inmigrantes: la población nativa española ha aumentado en poco más de un millón, un ridículo 3,6% … ¡en 41 años!

El paro entre la población migrante es habitualmente del orden de 1,5 veces el paro entre los nacidos en España. Con un paro pre-Covid de aprox. el 15%, significa que el paro entre los nacidos en España es del orden del 13,5% y entre los no nacidos en España es del 20%. Es decir, de los aprox. 10 Mill de migrantes (incluidos ilegales), trabajan y cotizan unos 3,6 millones y el resto, 6,4 Mill están parados o fuera del mercado de trabajo.

Así, por cada 10 migrantes que trabajan y cotizan, mantenemos a 28 (sanidad, educación, desempleo, etc.).

¿Así piensas a pagar las pensiones, Escrivá?

Lo que hay que hacer para pagar las pensiones no es traer inmigrantes, es crear muchos más puestos de trabajo y aumentar la natalidad para que los ocupen los españoles. Justo lo contrario de lo que hacéis tú y tus colegas de gabinete.

Escrivá, no seas golfo, no intentes engañarnos ni confundirnos.