Sí, me temo, mucho me temo, demasiado me temo que el admirado político y el buen gestor económico que es don Alberto Núñez Feijóo, a quién estoy siguiendo todos sus pasos y anotando todas sus palabras desde que se ofreció a ser Presidente del PP ante el “delictivo” final del cobardica Casado, vaya a tropezar en la misma piedra que tropezaron otros admirados españoles de nuestra Historia… y esté pensando otra vez en una “Tercera España”. Y quiero recordarle los casos de mis “mentores” Ortega, Marañón, Pérez de Ayala, Unamuno, Baroja, José Antonio y “Azorín”, porque en el momento que alguien aquí, en España, dice que no es ni quiere ser de Izquierdas ni de Derechas, ya se me viene a la memoria la “Tercera España” que siempre ha terminado en el paredón o en el exilio.

Por eso digo que mucho me temo que Núñez Feijóo esté pensando en esa Tercera España, que ya está diciendo, incluso ordenando, que se puede pactar con el PSOE o con VOX, según le interese a España y naturalmente a su Partido, el PP. Porque si se lo cree, que él puede conseguir ese “milagro” se equivoca (aunque en Galicia lo haya conseguido, pues “España es diferente”, cosa que se inventó otro gallego).

Pero, por si acaso no recuerda, o no ha leído, los casos de mis “mentores” me va a permitir que se los recuerde empezando por el único de ellos que pude conocer en vida, el bueno de José Martínez Ruiz “Azorín”. Fue en marzo de 1963. Un día don Jaime Campmany, el ilustre columnista, que era nuestro profesor de “Estilo y Lenguaje” en la EOP (Escuela Oficial de Periodismo) nos invitó, a mí y mis amigos Alfonso Calviño y Helga Ghunter acompañarle a la visita al maestro Azorín que tenía apalabrada para esa tarde y allí nos plantamos a las 6 en punto, en el número 21 de la calle Zorrilla, a la espalda del Congreso de los Diputados. Don José, que acababa de cumplir 90 años, nos recibió muy cariñoso y de entrada nos lanzó un sermón sobre el estilo y el lenguaje, luego,  ya más tranquilo, nos invitó a que le preguntáramos lo que quisiéramos y yo, ni corto ni perezoso, le hice la primera pregunta:

  • - Maestro, usted en 1931 brindó por la República e incluso escribió que era republicano por encima de todo… ¿cómo fue que en 1936 se marchó horrorizado a París?
  • - Sí, joven Merino, así fue, en 1931 yo me manifesté en público y en privado republicano, pero en cuanto vi las iglesias ardiendo y mi periódico cerrado por la censura ministerial mi mente comenzó a cambiar y rápidamente me di cuenta que aquella no era mi república, ni la de España, que allí no había espacio para los moderados, que allí solo había Izquierdas o Derechas.

Bueno, y yo me salvé de “mi” República de milagro, y gracias a mis amigos Azaña y Prieto, que me ayudaron a escapar

Otro tanto vivieron Ortega, Pérez de Ayala y Marañón, que habiendo sido, los fundadores de la “Agrupación al servicio de la República” en febrero del 31 tan solo unos meses después, en noviembre, cerraron la tienda, y siendo diputados, y con un rotundo y explosivo “No es esto, no es esto” comprendieron que era imposible vivir y convivir en la moderación y abandonaron el barco y tuvieron que escapar y marcharse al exilio… y el doctor Marañón lo vio tan negro, sobre todo la mañana que supo de la “Matanza de la cárcel modelo” en la que había sido vilmente asesinado su amigo Melquiades Álvarez,  que ya no lo dudó y cogió las maletas y a la familia y se plantó, también, en París.

Y allí apareció también el gruñón de Pio Baroja.

Era la Tercera España, la imposible Tercera España.

Y no le recuerdo la Tercera España de José Antonio Primo de Rivera, aquellas Izquierdas locas y llenas del característico estilo marxista, ni aquellas Derechas ciegas, esclavas de sus privilegios, que fue la batalla principal de su vida política.

Pero el pobre no pudo ni hacer de intermediario porque antes de que saliera el sol fue fusilado ante un paredón en Alicante.

Señor Feijóo que su orgullo por las victorias en su Galicia no le lleve a tropezar en la misma piedra que otros tropezaron. La Izquierda nunca olvidará que usted es de Derechas. Si en las urnas gana le aplastan desde el Poder, y si pierde le aplastarán desde la calle.