El 13 de julio de 1917, la Santísima Virgen María se apareció a tres niños portugueses en una pequeña aldea de Fátima. Aunque las apariciones de Nuestra Señora comenzaron dos meses antes, fue ese día en pleno verano cuando dio a los jovencísimos pastores un mandato de gran importancia y urgencia. Rusia debía convertirse y consagrarse a su Inmaculado Corazón para evitar que sus errores, es decir el comunismo, se expandieran por todo el mundo. Por desgracia, la consagración no se hizo rápidamente y todos conocemos las consecuencias: 100 millones de personas inocentes asesinadas, crímenes, violencia, miseria, degradación moral, etc.
 
Solamente ella, nuestra Madre del Cielo, podía saber en julio de 1917 lo que iba a suceder tres meses más tarde, el 25 de octubre, cuando Lenin toma el Palacio de Invierno y a través de la revolución bolchevique convierte la Rusia de los zares en la U.R.S.S. Ni los pastores de Fátima ni ningún dirigente mundial podía saber en mayo ni en julio cuáles eran los planes que Vladimir Illich tenía en su cabeza. De ahí la insistencia de la Santísima Virgen en la necesidad de la conversión y la consagración de Rusia, en plena I Guerra Mundial. 
 
Por fin este viernes, 25 de marzo de 2022, esa consagración se ha realizado con la fórmula que pidió la Madre de Nuestro Señor, Rusia y también Ucrania, en atención a la guerra que ambas naciones iniciaron en febrero. Y llega en medio de un panorama mundial desolador, como pocas veces a lo largo de la Historia, aún en pandemia, con ese conflicto armado a las puertas de Europa y con una crisis económica y social devastadora, terrible. Podemos afirmar, y no nos equivocamos, que casi todas estas desgracias tienen su origen en el comunismo. La ideología más antihumana, más cruel y sanguinaria, más asesina de todas cuantas ha inventado el hombre.
 
Echemos un ligero vistazo a España. Tenemos los sectores primario y secundario paralizados por una huelga de trabajadores del transporte debido al encarecimiento de los carburantes. Mientras los supermercados se quedan sin productos de primera necesidad (ofreciendo escenas que nos recuerdan paraísos marxistas como Cuba o Venezuela), los sindicatos de izquierda desprecian a los trabajadores afectados y el Gobierno socialcomunista (que unta a esos sindicatos con el dinero de nuestros impuestos) les ofrece una limosna, una miseria en forma de céntimos para que sigan trabajando a pérdidas; para que sean esclavos de su propia pobreza. Un Gobierno que acaba de tirar a la basura veinte mil millones de euros en políticas feministas.
 
Un Gobierno sostenido por comunistas y apoyado en las Cortes por golpistas y proetarras, un Gobierno por tanto ilegítimo que engañó y traicionó a sus propios votantes. ¿Qué pensarán ahora esos miles y miles de trabajadores autónomos que quizá vieron en Sánchez e Iglesias la llegada de los suyos al poder?, ¿qué pensarán las familias que hoy pasan necesidad, parados de larga duración, jóvenes sin futuro, ancianos con pensiones míseras, españoles en general que ven los estantes de los hipermercados sin leche, ni aceite, ni otros alimentos esenciales? Mientras, Sánchez sigue paseando su irrelevancia por Europa, reunido consigo mismo en una esquina mientras el resto de líderes discuten y llegan a provechosos acuerdos entre ellos.
 
Solamente Cristo, que es Dios mismo, y la Santísima Virgen aciertan siempre. Solo ellos son la perfección y lo conocen todo. María nos pidió en Fátima que evitásemos la expansión del comunismo y no le hicimos caso. Solo JP II logró en 1989 derribar el Muro de Berlín con su ejemplo de lucidez y de santidad. Hoy, el insecto ha dejado sus larvas por todo el planeta, y ya no queda un palmo de tierra que se haya podido librar de la ponzoña y el odio. La Humanidad debe mirar de nuevo hacia el Bien Común cuyo origen está en el Evangelio. Y cerrar la puerta para siempre a cualquier partido político que beba de la fuente del Mal. El mundo ya ha pagado una factura demasiado alta por culpa de su soberbia y ateísmo.