Vamos para dos años con este sinvivir. Algunos serán felices con todo esto, pero una buena parte de la población se está hartando. Los dirigentes de este sistema tienen toda la fuerza de las instituciones a su servicio. Investigaciones sociológicas, psicológicas y en general multidisciplinares; informes de los servicios de inteligencia, todas las capacidades de la estructura estatal, todo.

¿Qué es un individuo frente a esto? Nada, una hormiga. Además, con un comportamiento previsto. Las hormigas, si se juntan, pueden hacer fuerza. Pero el que las observa desde otra dimensión, sabe hasta dónde pueden llegar bajo determinados estímulos. Sabe cuánto puede apretar sin ningún peligro para él.

Sin embargo, las personas humanas no son hormigas. Ni siempre borregos, aunque muchas veces sí. El que las trata como tales, puede por analogía acertar en algunas acciones, pero no siempre. El ser humano, también español aunque lo dudemos, es siempre imprevisible.

Los tiranos han tenido muchos ejemplos en la historia de poner a prueba la resistencia de la plebe. A veces durante las décadas, como en los gulags, y no pasó nada. Solzhenitzyn se preguntaba qué pasaría si 200 millones de personas se rebelaran en algún momento. Porque entonces ningún poder sería suficiente para sujetarlos. Pero esa rebelión no ocurrió. Tuvo que pudrirse todo el sistema por dentro hasta la médula, para que pudiera haber oportunidad de restauración. Y aún así cuesta.

La historia se repite, pero no exactamente. Más bien las épocas pueden parecerse en algunos trazos. Porque el elemento que permanece siempre es el del ser humano, con sus miedos y esperanzas.

Si quieres saber el próximo paso de este gobierno mundial, imagínate que eres un miembro del gobierno comunista, ateo, al que no le importa ni la vida ni la salud de la gente a la que gobiernas. Entonces piensa qué es lo siguiente que harías. Con mucha aproximación es lo que va a pasar.

A ellos no les interesa poco control. Lo quieren todo. Por lo que, una vez agarrada la pieza, esto no acaba. Más bien acaba de empezar. Entonces, en ese afán inundado de irracionalidad pasional, cometerán necesariamente un error. Apretarán de más. Reacción habrá. Si esta es poca, pasará como en Hungría en 1956. Es decir, la aplastarán sin miramientos. Si es más fuerte, puede pasar como en 1989. Pero esta llegó 30 años más tarde. Entonces, ni el aparato del estado creía en sí mismo. La implosión tuvo que ocurrir, dedicándose los gobernantes de entonces decir a otros que apague la luz el último que salga. A la vez que se buscaban un puesto en el gobierno próximo, de alguna que otra forma, con suerte desigual.

Pero podría pasar el Tiananmen del 1989 también. China, cuyo Partido gobernante sabía la misión que tiene encomendado el país otrora en 1976 a la muerte de Mao de los más pobres del mundo, no reculó. Pasó con los tanques encima de los manifestantes, y se acabó.

Tres posibles escenarios ante nosotros: una rebelión de los insignificantes frente al tirano en su apogeo, aplastados. El tirano cae desgastado al final de una lucha larga. O el tirano no cede, porque los amos no lo permiten, por encima de tu cadáver.

Los tiempos por supuesto que se pueden acortar. En la única opción para vencer, se tuvo que convencer a las masas amplias de la población. Ayudó en este convencer un largo periodo de desesperación, tristeza, angustia, privación de libertades, humillación del ser humano. Entonces, estos entendieron. Llegando hasta sufrir por la causa.

Es la única opción a considerar.