Es sorprendente el grado sumo de docilidad perruna, y el ensimismamiento atávico, a que es capaz de llegar parte de una sociedad castrada intelectual y moralmente. Me refiero a ese ganado facilón, metido en las faltriqueras de La Sexta o Jorge Javier Vázquez, que es capaz de besar el culo al tipo más mezquino y criminoso junto al resto del gobierno de ineptos socialistas y tarados comunistas: Fernando Simón.

Simón el Siniestro es un producto de barato marketing político efectista. Es el teleñeco idóneo para encandilar al ciudadano embelesado por la horterada progre al ser parte de esa filigrana naif que debemos llamar cutre-rojerío.

El Estado de cautiverio llamado “de alarma” para confinar a los españoles y aprobar las leyes más matonas y ruinosas, ha sido validado sobre la mansedumbre de un rebaño pastoreado por el hombre de rostro enjuto y aspecto toxicómano caracterizado por la voz emasculada. Fernando Simón ha guiado a los españoles por los derroteros de la mentira, la burla a los muertos y la sordidez de la negligencia.

Al haber inyectado el “síndrome de Estocolmo” en la grey del cutre-rojerío, existe un piélago de imbéciles dispuestos a tatuar sobre su piel la cara de Simón o a hacer camisetas con el rostro de ese “científico” de la nada.

Algunos españoles padecen un curioso síndrome de Estocolmo. Dos meses confinados, bajo secuestro domiciliario y coacción policial, les ha creado dependencia humana y sentimental hacia su televisivo carcelero; por eso ya recogen firmas para que a las ocho de la tarde, en el “aplausometro balconero”, se palmee también por Fernando Simón.

No existe remedio de redención para quiénes no han tenido más literatura entre sus manos que la revista El Jueves o más popes televisivos que el Gran Guarroming.

El tal Simón, como el gobierno de España en su conjunto, supo no desde enero sino desde noviembre de 2019 que en España había casos de coronavirus. Las autoridades sanitarias españolas conocieron, a través de informes médicos de hospitales madrileños que los primeros casos de infección por coronavirus ingresaron en noviembre del pasado año. Dos de esos pacientes fueron diagnosticados como portadores de un virus desconocido, grave, que nada tenía que ver con la gripe. Posteriormente, las pruebas de Covid 19 arrojarían que estaban infectados por la peste china. El periodista Jesús Ángel Rojo ha sacado a la palestra estos informes y ha recabado el testimonio directo de uno de los pacientes por coronavirus ingresado en noviembre en el Hospital La Princesa.

¿Qué cuento nos contó el tal Simón, director del Centro de Coordinación de Emergencias y alertas sanitarias, convertido en monigote al servicio del gobierno social-comunista y no de la salud de los españoles? Que el primer caso de contagio detectado había sido el 31 de enero. Lo cual es rematadamente falso. En enero el virus estaba desatado y fuera de control, y Simón el Siniestro y el gobierno de España lo sabían, pues los primeros casos conocidos habían sido en noviembre.

Prestigiosos estudios de la revista “The Lancet” conocidos por el mundo científico serio donde no entra el “científico- fake” Simón ni su Comité de expertos –expertos en trepar en el PSOE-, habían dejado señalado en enero que la transmisión del virus estaba en marcha en Europa y que era esencial la realización de test masivos para detectar y aislar a los contagiadores asintomáticos así como el uso obligatorio de mascarillas para evitar la propagación. Todos los gobiernos de Europa salvo el caótico gobierno italiano y el más caótico y criminal gobierno de España, adoptaron con cierto rigor esas líneas de actuación elementales para controlar el avance de la peste china. ¿Qué dijo Fernando Simón hasta pasado el trágico 8 de marzo feminista? Lo siguiente:


«España no va a tener más allá de algún caso diagnosticado. Esperemos que no haya transmisión local. Si la hay, será transmisión muy limitada y muy controlada».

«No es necesario que la población utilice mascarillas».

«Si no tienes síntomas no hay que tomar ninguna medida».

A este personaje nefasto, inepto y cuya negligencia ha llevado a España a 37.000 muertos oficiales (contando los datos de Madrid y Cataluña que el gobierno no suma a la cifra que nos ofrece), rinden tributo los palmeros balconeros.

Cuando los designios de la “cumbre sobre cambio climático” celebrada en España en diciembre de 2019 hicieron su desembarco de la mano de Greta Thunberg, expertos de marketing político de todos los gobiernos prepararon el terreno para imprimir en las futuras acciones de los gobiernos mundialistas una directriz fundamental: toda epidemia era producto del maltrato del hombre a la naturaleza y así debía ser tratada mediáticamente.

España, país anfitrión de ese evento, preparó el terreno para blanquear la epidemia mortífera que ya se extendía en Europa y en España, y el gobierno social-comunista compró rápidamente una estrategia: utilizar el señuelo “Simón”. Un tipo aparentemente destartalado, ergo científico por apariencia, destinado a destilar mentiras elefantiasicas y a ser victimizado, para ocupar lugar en el martirologio causado por los reaccionarios de la caverna facciosa conservadora que osaran atacarlo. Enero fue el mes en que Simón hizo su aparición estelar, ataviado con sus jerséis apolillados para formar el relato televisivo adoctrinador ante las masas.

Para parte de los españoles absorbidos por el cuento climático y la mentira de Greta, el Covid 19 es una “respuesta” de la naturaleza al hombre. Las teles progres, la comidilla mediática pro-Pekin y anti-Trump y el gobierno social-comunista español han desplegado la estrategia de la mentira que inició la investigadora y descubridora del “SARS cov 2” – la china
Shi Zhengli- cuando afirmó que el coronavirus es un castigo al hombre por su maltrato al medio natural. Para el progre entontecido, la negligencia y culpabilidad de Fernando Simón en los 36 mil muertos –oficiales- no existe, como tampoco la de China aunque sus laboratorios hayan arrojado la peste amarilla que nos asola. Aplauden a su secuestrador y se lo tatúan en el culo.

Fernando Simón se ha convertido en el tipo amable que se cuela en casa cada día para hablarnos de la pandemia…” “Claridad, calidez, cercanía, calma, mesura. Puede que Fernando Simón se esté convirtiendo en un icono de la nueva masculinidad o, más bien, en la prueba de que la masculinidad puede expresarse de otra manera…”. Así se lucía el digital “eldiario.es” en un artículo del 11 de mayo de 2020 titulado “Fernando Simón y la nueva masculinidad”. Increíble, ¿verdad?

¿El absurdo mediático inverosímil? ¿O una estupidización generalmente extendida gracias a un increíble ejercicio de adoctrinamiento mediático y político?

De la sociedad de las manos blancas y los osos de peluche cuando nos ponen una bomba los islamistas o nos mataban los etarras, ¿qué esperábamos?