Los ministros de Hacienda expresan bastante bien cómo son los gobiernos en una nación, aunque a veces los unos no son dignos de los otros. Franco tuvo a Joaquín Benjumea, el tecnócrata Navarro Rubio y al falangista Espinosa San Martín, de entre una nómina especialmente notable. Ya en "democracia", Suárez y Felipe González dieron esa importante cartera a sesudos profesores y gente de prestigio económico: Juan Miguel Villar Mir, Fuentes Quintana, Abril Martorell y García Añoveros con UCD, y Boyer, Solchaga y Solbes con el PSOE.
 
Desde 1975 en adelante, ni unos ni otros hicieron mucho por España, a pesar de que algunos de ellos eran verdaderamente brillantes, intelectualmente hablando. En la etapa del PP, Rato, Montoro y De Guindos también llegaron precedidos de elogios por su trayectoria. Al menos, los presidentes de Gobierno dieron a la cartera de Hacienda la importancia que objetivamente tiene en el devenir de una nación.
 
Pero todo eso cambia de manera radical con Pedro Sánchez y la banda de mariachis que le acompaña en su objetivo común de destruir España del todo. Y ya en su primer mandato, tras la delirante moción de censura a Mariano Rajoy, este narcisista patológico entrega la cartera de Hacienda a María Jesús Montero, más conocida como "La Chiqui" (después de que ella misma usase esa expresión para dirigirse a una reportera amiga).
 
Montero suponemos que sabe de Hacienda Pública lo mismo que ustedes y yo, o probablemente menos, ya que sus estudios universitarios fueron de Medicina; aunque tampoco ha pisado muchos quirófanos, ya que al entrar prontito en las juventudes comunistas y socialistas de Sevilla, se dedicó casi recién licenciada a la "gestión sanitaria"; es decir, al enchufismo político. Después de haber sido consejera de Salud andaluza, y diputada regional, le regalaron el puesto de consejera de Hacienda de la Junta con Chaves, Griñán  y Susana Díaz; o sea, que algo debe saber de los tejemanejes y corruptelas que protagonizó la PSOE en aquellos años truculentos para los andaluces.
 
Sin duda, como premio a su cercanía con Chaves y Griñán, Pedro Sánchez la hace ministra de Hacienda, en el perfil más surrealista que se puede tener para un cargo de semejante envergadura. Este fin de semana pasado la hemos visto dando la talla de lo que verdaderamente es: una charo de manual que en cuanto se toma un sol y sombra, o un par de finos, se pone a tocar las palmas y a bailotear antes de subir al escenario del mitin, en una mezcla vergonzante de Paz Padilla y Chiquito de la Calzada.
 
¡Qué tiempos, cuando la Hacienda Pública estaba en manos de Mariano Navarro Rubio!, ¡qué estirpe de los Fuentes Quintana y García Añoveros! Hasta el pan sin sal de Solchaga o el pobre Solbes, con esa pinta de enterrador con artritis que tiene, se nos antojan ya casi el paraíso perdido, si los comparamos con la actual ministra...En fin. Poco nos pasa. Ustedes calculen cuando vean en el exterior las imágenes de Montero en modo "puntito de cogorza"; con la deuda pública en el 120% del PIB y el déficit público disparado. Lo que pensarán de nosotros.