Se me reprocha, desde el lado fetén de mi conciencia, que me burle inmisericordemente del nuevo proyecto político de Yolanda Díaz. Últimamente dedico tiempo a las rrss, y aunque en principio toda novedad política me la tomo en serio y procuro analizarla con altura de miras, hay algunas cosas, mirusté, que no hay por dónde cogerlas. Y algunos amigos twitteros creen que fui cruel con Lady Lora al criticar la presentación de su nuevo proyecto en el Matadero de Madrid (¡dónde si no!).
 
Sumar es una declaración de intenciones, pero difícilmente podrá ser nunca un partido creíble. Díaz (que no es Rosa Luxemburgo, pero ha aprendido a sobrevivir en el tinglado partitocrático) vio que la estampida de Iglesias Turrión era el final de Podemos. Y se decidió (o la decidieron, o la obligaron) a inventarse algo para que ese vómito bilioso que forma el electorado podemita no terminase votando a Pedro Sánchez. Porque...capaces son.
 
El problema es que los comunistas de antaño podían ser unos perfectos hdlgp, pero tenían claras las coordenadas de la lucha obrera y contra el capital. Y las Dolores Ibárruri o Victoria Kent de entonces (unas culebras que todavía estarán ardiendo en la Gehena) eran brutas, olían a choto y hablaban con voz de hombre. Yolandísima, en cambio, clama contra el capital enfundada en su vaporosa ropa de marca, subida en sus Manolo Blahnik y con perfume de Chanel n°5. Es un anticapitalismo tan de opereta, tan falso y zarrapastroso, que en caso de Sumar algo, sumarán derechistas.
 
Lo vengo diciendo desde que echó a andar este Gobierno que es el más ilegítimo y traidor de cuantos hemos tenido en "democracia": Sánchez es demasiado camaleónico como para poder adelantarle por la izquierda. Un actor como él (a quien confunden con Superman cuando va a EE.UU.), puede dar discursos como si fuese un Largo Caballero redivivo y a continuación sacudirse el polvo (es un decir) y hablar como un estadista liberal-conservador, en plan Winston Churchill o Konrad Adenauer. Los cínicos profesionales son capaces de todos los registros humanos.
 
Cuando Yolandísima quiera ir, Sánchez habrá vuelto hace tiempo. Y aunque en el pudridero podemoide pueda cosechar aún varios cientos de miles de votos (una lástima, para ella, que no puedan votar también las ovejas), será insuficiente para poder chantajear de nuevo al PSOE del figurín monclovita. Así, Sumar será como el CDS que Adolfo Suárez se inventó cuando la UCD era un cadáver demasiado feo. Un simple celofán de sonrisa Profidén con medio centímetro de profundidad. 
 
Yolanda, que lanza sus proclamas "antifas" como si le hablase a niños de párvulos con pocas luces, es una pésima ministra de Trabajo porque no le importan nada los trabajadores. Lo mismo hará con su nuevo "partido". Lucir palmito y cabellera de laca gourmet, insultando a los empresarios mientras se agarra del brazo de Garamendi y le susurra cositas al oído. La hipocresía de siempre, las mentiras de toda la vida, ahora preñadas de la insoportable levedad del ser.