En estos momentos solo el consuelo de la Fe, el saber que marchas camino de la eternidad, hacia tu puesto en los luceros, consuela.

A nosotros nos queda recordar y rezar, dejar cinco rosas, aunque sean simbólicas, que muestren nuestro dolor por el amigo y el camarada.

Demasiado rápido para asimilarlo. Ayer, tu hermana, Belén -que va a vivir con el vacío de tu ausencia-, a través de su mensaje, nos pedía que rezásemos. Intranquilos pero tranquilos, porque tú eras y eres un hombre fuerte, porque sabíamos que ibas a ganar esta batalla; porque tu naturaleza optimista y tu modo de afrontar las cosas con una sonrisa eran poderosas.

Hoy, hace unos minutos, cuando el día comenzaba a vencer a la noche, leo que la enfermedad, la plaga ya silenciosa de la COVID, te ha vencido.

Miro hacia atrás y los recuerdos me conducen a lo largo de cuarenta años, cuarenta años de lucha y lealtad férrea a unas ideas, unos principios y unos valores. Siempre en esa sólida unidad que conformabas con tus padres y tu hermana. Siempre atento a la llamada.

Consuela pensar que en esos últimos momentos no habrás estado solo. Tu madre habrá acudido esta madrugada para acompañarte hacia la luz.

No puedo ni imaginarme el dolor de ese hombre de recia fortaleza que es tu padre y al que con estas líneas mando un fuerte abrazo. Sí, el golpe brutal que ha recibido tu hermana Belén. Sé que desde lo alto velarás por ellos.

Durante décadas hemos combatido en defensa de lo que pensamos. Me es muy difícil recordar acto trascendente en que no estuvieras.

A diferencia de tantos asumías que independientemente del origen, del momento, venciendo la comodidad, era necesario acudir para dar aliento y respaldar la convocatoria. Sé que a partir de ahora, cuando intervenga en algún acto en Madrid te voy a echar de menos.

Podría anotar, porque es cierto, que a veces Dios llama a los mejores acortando nuestro discurrir en la ciudad terrena.

Tus amigos sabemos que tú eras y eres de los mejores y por eso te has marchado.

Mario de Espona, nuestro digital Ricardo Lanzas, has recibido la llamada demasiado pronto. Da un abrazo a cuantos amigos y camaradas encuentres allá en lo alto y un beso a tu madre.

Qué sola dejas a tu hermana, a Belén. Has estado siempre junto a ella. Su dolor es nuestro dolor. No voy a darle el pésame, le dejo estas palabras, un abrazo y la promesa de no olvidarte y rezar por ti.

¡Camarada Mario de Espona!

¡Presente!