La gran suerte del grotesco Doctor es que su oficiosa oposición nunca se haya dirigido a él como Doctor. Es tratarle de estafador, lo cual ya resume su política. Pero la oposición es muy “respetuosa”, como en la obra de Sartre. Aunque no es de extrañar, cuando esa oposición la mangonea un Máster por el estilo.
**Una clave de la izquierda es el secuestro de millones de personas presentándose como su representante y defensora. Antaño era “la clase obrera”, ahora es sobre todo “la mujer”, como si todas respondieran a las concepciones majaderas de los políticos.
**¿Cómo es posible que los golpistas de la Generalidad se permitan humillar al rey, representante, en definitiva de la unidad nacional? Pueden hacerlo porque el gobierno hace exactamente lo mismo.  Unos golpistas colaboran con otros. Y deben ir a la cárcel o destruirán las bases de la convivencia nacional, en lo que ya han avanzado demasiado.
**La cuestión de los indultos no es un formalismo legal, en el que quieren escudarse los delincuentes. Es un acto de fuerza anticonstitucional y contra  la unidad de España. Y ahí no caben más concesiones.
**Una buena consigna: “¡A la cárcel el gobierno golpista con sus  cómplices golpistas!”
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Momento crítico de la juventud
El uso de la primera persona con un propósito introspectivo empezó a imponerse con el romanticismo, y la evolución literaria condujo a las novelas de flujo interior del tipo Ulises (de su impenetrable estilo dijo Virignia Wolf, “viola la gramática y desintegra la sintaxis”), La montaña Mágica (alta y solemne como la aristocrática burguesía en decadencia que refleja), Berlin Alexanderplatz (visión clínica de un psiquiatra que conocía por su oficio a la clase baja y se identificaba con ella). Método refractario a la literatura española hasta que lo recogen algunos autores como Alfonso Grosso y Juan Benet, venerados por algunos y creadores de ladrillos para otros, entre los que me cuento. Pío Moa, en Cuatro perros verdes,  huye de estos berenjenales (…)
Uno de los pozos a los que el autor se asoma es el momento crítico de la juventud en los años sesenta. Todavía se vivía en España una suerte de ingenuidad intelectual, ya contaminada por el existencialismo francés y el malestar de los estudiantes y profesores jóvenes de los Estados Unidos, algo que tenía más que ver con la Guerra de Vietnam que con la ideología o la filosofía que fueron tejiéndose en torno a la derrota gringa en Indochina… Fernando Bellón