En esta España blandi blup de "hombres embarazados" y mujeres sin depilar, Macarena Olona nos recuerda que hubo un tiempo en que todo era distinto. Cuando pasea su corona de reina de la selva parlamentaria, las hienas del Congreso la miran con odio y envidia. Porque pocas aptitudes son más importantes en política que la autoridad; no la que te dan las urnas, sino la que tú traes de serie.
 
Macarena habla en la tribuna de oradores y todos callan, porque la verdad tiene la fuerza de hacer el silencio. Las paredes del Congreso llevaban muchos años, demasiados, acostumbradas al consenso progre de trolas de consenso y compadreo con los enemigos de España. Su voz sonaba fuerte, atronadora, tan recia y clara que seguramente se quede ya para siempre grabada en los escaños, para recordar a la próxima hornada de diputados que allí dentro no se miente.
 
Ahora, la brava diputada de Vox ha sido elegida candidata a la presidencia de la Junta andaluza. Y salvo que el voto del miedo ayude, una vez más, al PP, Olona puede arrasar en las urnas, igual que ahora arrasa en las redes sociales. Por las mismas razones. Porque en tiempos de tibieza, buscamos reciedumbre. Porque cuando empacha el dulzor empalagoso de la componenda partidista, queremos gente que hable como cualquiera de nosotros, sin teatro, sin celofán con adornos. Y "la leona" sabe rugir esas verdades que necesita oír el pueblo para echar a los felones del poder.
 
Macarena Olona es abogada del Estado y obtuvo la licenciatura en Derecho con premio extraordinario. Adriana Lastra, a su lado, sería la limpiabotas de Roosevelt. Que un político del siglo XXI tenga esa evidente superioridad intelectual sobre el resto, lo sitúa en una posición privilegiada para acceder a un cargo como el de presidente. No, no es cierto que los españoles queramos dirigentes analfabetos. Otra cosa es que los partidos se empeñen en llenar de analfabetos y advenedizos sus listas electorales. 
 
Moreno Bonilla, quintaesencia de la nada, es presidente porque Andalucía se cansó de suicidarse con gobiernos izquierdistas de cocaína, prostíbulos y dinero negro. Pero Moreno Bonilla tiene la misma consistencia que la casa de paja de los tres cerditos. Olona es un huracán político, una fiera indomable que ilusiona con su mezcla de simpatía, inteligencia y femenino encanto. Cosa distinta será después la legislatura, sus posibles socios y lo que pueda hacer, en el plano real, con los acuciantes problemas de la sociedad andaluza.
 
España está cansada de medianías y de discursos vacíos. Salvo el electorado de izquierdas que no va a cambiar de obsesiones, hay muchos jóvenes que quieren dirigentes alejados de lo políticamente correcto. Esos jóvenes ya no se contaminan con los MCS engordados por el bipartidismo; se informan por Internet y buscan espacios de libertad. Olona es, con diferencia, la candidata más creíble y preparada de todos cuantos comparecerán en las urnas el 19-J. 
 
Andalucía, corazón y emoción de España, no se merece seguir por la senda de la mediocridad.