De todas las aberraciones que el paisanaje está cometiendo, con la excusa del congojavirus, y disimulando así su atroz ignorancia de casi todo, hay una que me encanta: las terrazas de los bares con nebulizadores de agua, para estar fresquitos y compartir virus y babas. ¡Qué solidario es el extraviado mental severo, coño!

Es difícil ser más tonto que estos embozalados de terraza de bar. No sólo se creen la falsa pandemia, sino que hacen todo lo posible para contagiarse y/o contagiar. ¡Es tremendo! Ya no es que “nos mean y dicen que llueve”, sino que “me meo encima y digo que llueve”. De verdad, no hay que ser experto en nada, y ni mucho menos en medicina o virología, para saber que los virus de este tipo necesitan un vehículo transmisor, un conductor: en este caso un líquido transmitido por el aire. Los nebulizadores son autopistas para virus y gérmenes de todo tipo. ¡Y estos ni se pispan! ¿Cómo se puede ser tan cretino?

En este breve vídeo, lo desarrollo. Es breve porque no tiene enjundia alguna el asunto. ¡Pero, increíblemente, hay que abordarlo!  Qué pena sufrir a estos compatriotas. Y qué dolor. Y qué desazón. Y qué sopor. Y qué pavor. Y qué les den. El más listo de ellos, encerrado de por vida en el frenopático más inexpugnable.

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