Decenas de miles de muertos, centenares de miles de contagiados, rebrotes incontrolados, aumento día a día de contagiados, hombres y mujeres en paro o en ERTES sin cobrar, una economía en la UCI y ustedes, señores del gobierno con su presidente al frente ¡aplaudiéndose a sí mismos! A pesar de auto titularse “gobierno social”, carecen de la más ínfima sensibilidad; y si es que tienen alguna, se les ha quedado en la entrepierna, atascada entre las ingles no alcanzando los nobles órganos donde está debe residir: el corazón y el cerebro. Vergüenza les debería dar, pero para que a uno le de vergüenza, primero hay que tenerla.

Los aplausos que se dieron a sí mismos en eran aplausos como los de los programas de televisión cuando el controlador de coros indica al publico asistente que es el momento de aplaudir para tapar las carencias del programa o para interrumpirlo por la entrada de la publicidad. Sus aplausos eran puritita publicidad untuosa, pegajosa, gelatinosa para untar al líder de la secta. Eran aplausos obligados porque, a ver quien era el guapo que no se mostraba como el mamporrero de Sánchez; aplausos acordados, diseñados para recibir al líder de la secta por no haber traído nada de nada de Europa, Los españoles deberían saber que los 140.000 millones no cubren ni la deuda de la Seguridad Social. Aplausos para tapar las carencias de un gobierno pringado hasta la médula espinal de inoperancia, ineptitud, falta de sensibilidad social y desprecio brutal hacia las víctimas de una pandemia que nos asola sanitaria y económicamente. Tal como le espetó en la cara a Pedro Sánchez la primera ministra de Finlandia, Sanna Marin: “Nosotros hemos hecho los deberes, ¿qué has hecho tú? ¡Muévete!”

Señores del gobierno con su presidente al frente, con sus aplausos de autobombo han dado un paso más en la demostración de lo poco poquísimo que les importa España y los españoles ya estén estos vivos o muertos. Sus aplausos pasarán a la historia de la democracia de este país como ejemplo de ruindad, mezquindad, ignominia y falta de sensibilidad social. Y esto es así, señores del gobierno con su presidente al frente, porque no son aplausos los que deberían sonar por los cuatro costados de esta piel de toro, sino campanas doblando a muerto.