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La felicitación navideña de Sandra Gómez, ladilla socialista que parasita en el Ayuntamiento de Valencia, es aún más sucia y sórdida que su coño, del que dice sentirse muy orgullosa, sin duda porque debe ser lo único que, a falta de otros talentos, puede ofrecer: su puerco coño, del que esta miliciana socialista, ninot escapado del fuego, fallera mayor de la blasfemia, extrae la cartesiana deducción “tengo coño, luego existo”. Y en verdad existe,  gracias al coño de las urnas, del que ella ha salido, pues de haber sido alumbrada solo por el coño de su madre, Sandra Gómez sería tan anónima como el vómito que al despuntar el alba dejan en las aceras las podemitas al volver a casa solas y borrachas después de haber arrastrado sus coños por las babas de la libertad. Esa libertad que para ellas, como las ladillas, habita en el coño.

Sandra Gómez, Pasionaria del coño, se cuela como un cagané obsceno en el rito de las felicitaciones navideñas para tratar de apestar el Nacimiento de Cristo con una flatulencia vaginal sobre la Madre de Dios, sin que ningún católico, con sotana o sin ella, le haya dado a este excremento socialista lo que Justiniano Arratíbel, párroco de San Nicolás, en Pamplona, le dio a los abuelos ideológicos de Sandra Gómez en la Procesión del Corpus de 1931, cuando al pasar bajo la balconada de la Casa del Pueblo los socialistas comenzaron a insultar al Cuerpo de Cristo. Ante la catarata de blasfemias, Justiniano Arratíbel, que además de sacerdote era un corpulento pelotari de Arruazu, en el valle de Araquil, le dijo, ofreciéndole la Custodia al curita anciano que procesionaba a su vera, “tenga usted, Padre, la sagrada Hostia, que de las otras me encargo yo”. En dos zancadas se plantó en la Casa del Pueblo y en dos segundos la convirtió en una casa de socorro de cuya balconada caían dientes y mocos socialistas, pero no insultos al Cuerpo de Cristo.

Tranquila, Sandra, tranquila, que diría el nieto de Alfonso XIII, que esto sucedió cuando Navarra, según el genio literario de Eugenio Montes, era la Esparta de Cristo tal y como Valencia era la Fortaleza de la Virgen de los Desamparados, de la que tú haces mofa blasfema sin que nadie te de una hostia, ni Sagrada ni pagana porque España ya no es una fortaleza espartana, es el Coño de la Bernarda, del que tú has salido y en el que habitas como una ladilla socialista.