Una de las leyendas del Olimpo liberal es que “lo público” es siempre negativo, está superpoblado de vagos, etc. Esto, como tantas ideas tan unilaterales, tan blanquinegras, es una distorsión de la realidad que ya hemos tratado en otros lugares. Como variante de esta distorsión se dice a menudo que la principal amenaza para las personas -los liberales siempre confunden la persona con el individuo- procede del Estado. Puede que esto suceda efectivamente pero hoy por hoy hace falta tener unas tragaderas notables para sostener esta unilateralidad. Puede que, una vez elevada la queja, alguien diga que también del ámbito privado pueden llegar amenazas para “el individuo” pero siempre es necesario protestar para que esto se reconozca. Es como si la equidad en la atribución de culpas no fuera, de entrada, una actitud asumida. Aún así para muchos solo del Estado proviene la maldad.

Se pueden aducir docenas de ejemplos al respecto, todos y cada uno suficientemente probatorios de lo que estamos diciendo. Si hubiera que concretar la tesis podríamos enunciarla como sigue: en nuestros días los agentes económicos privados son capaces de conjurar unas estructuras de poder económico tan gigantescas que desbordan la capacidad de los Estados. En efecto, sostenidos por el sofisma nunca discutido de que la financiación y los recursos que el Estado necesita deben siempre proceder de lo privado, los Estados así debilitados se ven obligados a mendigar las migajas del mercado y a aceptar sus decisiones. Esto, naturalmente, no debe llevarnos al extremo opuesto de la estatización a ultranza -como en el pasado hicieran los regímenes comunistas- sino a admitir que el Estado, cuyo único fin es servir al pueblo que le da sentido -y no otro- debe ser quién ponga las reglas de actuación en cada caso, y no un mastodóntico conglomerado de empresas cuya razón de ser es lucrarse siempre.

Un caso muy actual de lo que decimos es el asunto de la agenda LGTB. Porque esta agenda no es solo una “corriente de opinión” o una “ideología de género” sino también un poderoso “lobby” económico, como ha demostrado Jennifer Bilek, que lleva desde hace seis años estudiando el dinero que financia todo el tinglado de género a nivel planetario. Billek explica que el poder de compra global del conglomerado LGTB asciende, según explica la web señera de este conglomerado www.outleadership.com, a 3,6 billones (millones de millones) de dólares estadounidenses.

CNN, propiedad de Warner Media y ésta a su vez de AT&T, un conglomerado de comunicaciones con un patrimonio de 266.000 millones de dólares, se emplea a fondo en sus programas y espacios de noticias para “deconstruir” el sexo pero es que, a su vez, AT&T ha extendido una “protección de género” a sus miles de trabajadores sin explicar bien qué es lo que pretende con ello. Según Scott Sapperstein, vicepresidente de AT&T, la empresa apoya la agenda LGTB como “parte de nuestro ADN”.

Y este no es un único caso: Billek dice que Disney, cuyo patrimonio asciende a 140.000 millones de dólares, destinó 100 millones de dólares en los EEUU para financiar hospitales pediátricos en todo el país, muchos de los cuales disponían de “clínicas de género”. Entre estos se hallan el Hospital Infantil de Philadelphia, Blank Children’s Hospital en Des Moines (Iowa); Texas Children’s Hospital, con un millar de sucursales por todos los EEUU y Children’s Hospital of Los Angeles. Disney incluso ha financiado un portal médico online para ofrecer “servicios de género” en estados como Delaware, Pennsylvania o Florida. Del mismo modo, la billonaria familia Pritzker ha donado en varias ocasiones cantidades millonarias a hospitales infantiles para temas de transgénero en la adolescencia, ayudando con ello a difundir una supuesta necesidad también supuestamente extendida.

Esto son solo unas cuantas pinceladas acerca de cómo el “lobby” LGTB presiona y condiciona la política de los estados. Nadie puede creer que la potencia combinada de un inmenso conglomerado mediático opinando al unísono bajo mil máscaras no tiene un efecto en el planeta entero. Esto pone en entredicho otro de los dogmas liberales con los que ha dado al traste nuestra época: el de que la gente toma decisiones racionales basadas en su libertad individual. En realidad la publicidad hace pedazos todo los días este sofisma simplista. Resulta inadmisible pensar que todo este inmenso poder económico no es nada más que el de unos filántropos pagando aquello en lo que creen. Es mucho más realista considerar que se trata de un poder omnímodo capaz de doblegar al poder civil en aras de sus prejuicios. Tenemos por tanto un grave problema.

En el pasado cayeron la patria, la historia, el pueblo y la familia bajo las embestidas del proyecto emancipatorio que emerge al menos desde la Ilustración. Con la agenda de “género” llega el ataque a la última barrera que se resiste a someterse a nuestra voluntad caprichosa. Abandonar esta trinchera deja el camino libre hacia un futuro lleno de consecuencias y de sufrimiento. No olvidemos que procede del ámbito privado y que aquí solo un Estado debidamente encauzado y gestionado puede ofrecer protección a la persona. Frente a prejuicios anti-estatales anclados en el siglo XIX, justificables en su momento pero hoy muy discutibles, es hora de comenzar la re-significación del Estado. A ver si lo aprenden de una vez los liberales honrados.