Camino de su cuadragésimo segundo aniversario, la constitución española proclamaría, valga el oxímoron, una suerte de “monarquía republicana”. Texto con la cuádruple característica de ser una constitución ecléctica, a veces equívoca y contradictoria, y permanentemente inconclusa, transformándola a la sazón en una etérea constitución "abierta". En el peor sentido, sobre todo en lo que concierne a la cada vez más fragilizada unidad nacional. Demasiado abierto el porvenir.

Secretos y mentiras

La constitución española de 1978 se escribió en una logia masónica. Para clausurarse totalmente del mundo exterior, al igual que hacen los masones, se halló un templo, situado en el ajedrezado Parador de Gredos, recién reabierto el pasado 25 de junio.

Siete fueron los denominados padres de la constitución. Y siete masones son los necesarios, según ellos, para establecer una la logia justa y perfecta. Todo fue secreto. Cómo no, incluido el calendario preliminar de reuniones. De todas formas, a la manera de los presuntos brotes falsidémicos, florecieron continuas filtraciones a la prensa.

En ese escenario aislado del torbellino exterior, análogo a los cientos de templos masónicos que hay desparramados por el orbe terrestre, en la escondida penumbra, se delineó la futura historia de España. Decidan ustedes si para bien o para mal. O para regular. En fin.