Baleares, Extremadura, Aragón, Andalucía, Cataluña, incluso los guipuchis de Azcoitia. Otra vuelta de tuerca más con el asunto de los bozales. Será necesario recordar cuantas veces haga falta que este despótico, cruel y arbitrario acto de poder se mantiene debido al hecho de que la tenida de masonazos, el tribunal supremamente injusto, no ha resuelto el litigio que se inició el pasado 25 de mayo contra la orden ministerial de Illa y su pandilla.

Parece que a los gallifantes de la Carrera de San Jerónimo- y sus rastreros canes, los togados - les importan un bledo las garantías constitucionales, la violación metódica de derechos fundamentales, libertades civiles y la salud de la población que tiranizan. Los políticos mandan, los jueces protegen el corral y los ciudadanos obedecen. Este es su modelo ideal, parece ser.

Tribunal Supremo, gran culpable

Desde el 25 de mayo a pesar de ser un imperativo legal, nadie ha justificado con ningún informe médico que las mascarillas sirvan para algo más que para joder a la población. Ni un solo documento científico, ni técnico, ni médico, ni económico. Nada ha presentado la administración – ni nacional, ni regional, ni local- antes de obligar al uso de los bozales. Ni con posterioridad.

A la supremamente injusta corte de masonazos se le solicitó en su día que se ampliase el expediente con alguna explicación, por parva que fuese, que legitimase esta medida de brutal y perpetua humillación de la población. Nada, no se presentó nada de nada. A los masónicos orcos de Las Salesas les importa tres pepinos semejante atropello - intelectual, moral, sanitario- de Cum Fraude y toda su ilegítima banda criminal. Nacional o regional o local.

Rafael Toledano (recordemos eternamente ese ignominioso nombre y su sala tercera de lo contencioso administrativo) fue el copista togado, mediante una resolución fecal, que al rechazar tomar medidas cautelarísimas dio carta de naturaleza y vía libre a la violación sistémica y sistemática de derechos fundamentales. La igualdad ante la ley (artículo 14 de la Constitución Española, ley de leyes vigente en España) ya que los que bajo ningún concepto nos pondremos los bozales carecemos de ese "ilícito salvoconducto" para realizar una vida libre, razonable y decorosa. Vulneración del derecho a la integridad física y moral, ya que estamos siendo sometidos con semejante medida a tratos inhumanos o degradantes (art. 15). Así como el derecho al honor (art.18) y a la libertad de expresión (art. 20). O, vistos los circos electorales gallegos y vascos, desintegrado el artículo 23 al negarse el derecho a participar en los asuntos públicos, directamente o por medio de representantes, libremente elegidos en elecciones periódicas por sufragio universal. Por no hablar de la legítima y necesaria objeción de conciencia ante leyes abusivas (art. 30.1)

El Tribunal Supremo no para de enredar, probablemente prevaricar. Demora y hace imposible el ejercicio del derecho a la tutela judicial efectiva (otro derecho quebrantado, art. 24) en los nucleares temas del estado de alarma, las fumigaciones de los milicos y las mascarillas. En cuanto a las bozales, abundemos: el tribunal supremamente injusto, el ministerio de enfermedad, la abogacía del Estado y la fiscalía se comportan con una absoluta felonía y enfrentándose a las normas básicas procesales y de orden público.

Bozales, avería para la salud

Pretexto o excusa sanitaria bautícenlo como deseen. Coartada sanitaria, por cierto, aparente contrasentido, que despedaza hasta límites insuperables la salud. Reiteremos cuantas veces sea necesario que combatimos ante auténtica morralla, pautando ésta, perrunamente, agendas globalistas - 2030 de la genocida Onu, por ejemplo - que persisten en la ejecución de la tortura física y psicológica contra sus administrados.

Reiteremos. Bozal, lo mejor: no vale para evitar el contagio de ningún virus (todavía indemostrado científicamente al no haberse aislado). Lo peor: estrago físico y psicológico. Recapitulemos: sensación de ahogo, fatiga, cansancio, angustia y ansiedad, déficit de oxigenación en células y tejidos, acumulación de dióxido de carbono en venas y arterias, alergias, hipoxemia, hipoxia, hiperventilación, inhalación continua de las muy nocivas sustancias desprendidas por bozal, falta de concentración, sístoles y diástoles cardiacas progresivamente irregulares, dolores de cabeza frecuentes, deshidratación, reducción de las habilidades motoras, acidificación del organismo, menoscabo paulatino del sistema inmune. Inabarcable. Por cierto, adenda, ¿no le preocupaba tanto a la élite psicopatocrática el asunto de los plásticos y microplásticos?

Los "crímenes" de Prometeo y Eva

Han comenzado con los bozales. Primera fase del espanto. La tortura psicológica se prolongará si ustedes no responden. Irán a más. Vacunación obligatoria, controles biométricos, chips subcutáneos, geolocalización absoluta. Lo que les salga de los dídimos, tener al rebaño dócil en el redil. Debemos detenerles. No hay otra. Y sin retraso. Sin miedo a multas o sus repugnantes mazmorras. De hecho, la España que habitamos semeja una cárcel (o manicomio) al aire libre.

En ese sentido es ineludible recordar que el hombre ha ido evolucionando mediante actos de desobediencia. Iniciándose con el robo del fuego a Zeus o arrancando frutos prohibidos de los árboles, su desarrollo espiritual sólo fue posible porque hubo hombres que se atrevieron a decir NO a cualquier poder que fuera, en nombre de su conciencia y de su fe. Además su evolución intelectual dependió siempre de su capacidad de desobediencia. Insurgencia ante autoridades que trataban de amordazar la libertad e insubordinación a la “autoridad” de acendradas opiniones según las cuales el cambio no tenía sentido. Ni futuro.

Sencillos pasos para expresar nuestro rotundo NO

Si no te defiendes, lector de ECDE, no hay nada que hacer. Si la situación te encoleriza, te aflige o te desespera, estás perdido porque ese es precisamente su anhelado sueño húmedo. Nuestra respuesta: puño de hierro en guante de seda. Grosso modo.

I.La molestia para los que jamás llevamos o llevaremos bozal sigue viniendo cuando tenemos que usar un transporte público o entrar en un establecimiento privado, ya que son los trabajadores de esos lugares, quienes están obligados a constreñir a la población en el uso de bozales.

Solución: NO entren en ningún lugar que exija bozal y vayan al departamento de consumo de su comunidad autónoma a presentar una reclamación contra el medio de transporte o establecimiento que le haya coaccionado.

II.El problema surge también cuando el ciudadano pide un certificado médico que le libre de la mascarilla y el médico se lo niega porque "no existe protocolo" o porque tenemos instrucciones "de arriba".

Solución: Presente reclamación inmediata ante atención al paciente y quédese con copia, por supuesto. Siempre hay que quedarse con copia. Faltaría más.

III.La bofia, por ejemplo la madrileña de Carapolla, nos llama la atención y nos dice que nos va a sancionar. Le manifestamos nuestros derechos, pero ni puto caso.

Solución: Recibimos con sonrisa muy irónica el papelajo de multa y contactamos para recurrirla (acus@scabelum.com; para enviar archivos o información personal scabelum@gmail.com).

Sugerencias

Y les recomiendo la imprescindible lectura de tres estudios que demuestran la contrastada y altísima nocividad de los bozales:

- Effectiveness of Surgical and Cotton Masks in Blocking SARS–CoV-2: A Controlled Comparison in 4 Patients

- A cluster randomised trial of cloth masks compared with medical masks in healthcare workers

- Y el mejor, genial, de Ulrike Butz sobre la inhalación de dióxido de carbono cuando se usan mascarillas quirúrgicas, brillantísima tesis doctoral de 2005.

https://mediatum.ub.tum.de/doc/602557/602557.pdf

En fin.