Sorprendente el número cada año mayor de asistentes a la Misa en honor, gratitud y veneración a las figuras providenciales de nuestra Santa Cruzada cívico-militar (Undécima Cruzada del 36): José Antonio Primo de Rivera, Francisco Franco Bahamonde y los Gloriosos Caídos por Dios y por España.

La misa se celebró en la ciudad de León, a las 8 de la tarde, con asistencia de diocesanos de León, Astorga y Oviedo, con el cántico del “Cara al Sol” a la salida del templo, con nuestras camisas del Yugo y las Flechas.

¿Resurgirá en nuestra Patria el sentido de la españolidad, aborrecedora del liberalismo materialista y anti hispánico que nos están inyectando…, o España desaparecerá, en el sumidero de la Historia?

Así comencé mi Homilía como Capellán de la Falange: “Leales camaradas falangistas y católicos fervientes: somos los mismos, porque como dice la filosofía clásica, La Verdad es Una. Gracias por vuestra asistencia valiente en estos tiempos aciagos que atravesamos, como nave sin timonel, como destino sin rumbo, hacia toda incertidumbre”.

¡Qué grandeza de espíritu la de todos aquellos héroes, militares y católicos, mitad monjes y mitad soldados, que nos libraron de invasiones de moros, judíos, liberales napoleónicos y falsos reformadores protestantes, acabando en la última Cruzada contra el peligro mundial del comunismo marxista!

Ellos entendieron la misión católica de España en el mundo, como guardiana del Reinado de Cristo en el mundo, contrapuesta al reinado de la sinagoga de Satanás, eterna perseguidora de toda figura sobrenatural que huela a Cristo.

Por qué siguen en pie las dos espadas, es por lo que seguimos padeciendo estos castigos divinos cuando nos apartamos de esa pureza de espiritualidad y moralidades impuestas por la ley divino-positiva del Decálogo, en la idolatría de nuestros egoísmos.

Las envidias contra España ya vienen desde finales del siglo XV tras la invención de la imprenta, insultándonos con panfletos contra nuestro patrimonio de la raza católica, que fue la primera descubridora del nuevo mundo con su evangelización, con sus luchas contra el protestantismo en los Países Bajos, sus martillos de herejes, luz de Trento, sus juristas, místicos, filósofos y militares, que llevaron el largo Siglo de Oro del Imperio español.

Es la diabólica masonería la que sostiene contra nosotros el punto de mira de su odio, porque el comunismo no perdona las derrotas, ni las reservas de la fe católica de Occidente.

España: la nación que más advocaciones tiene dedicadas a la Santísima Virgen. ¿Cómo no va a estar protegida por Ella, a pesar de nuestras ingratitudes de traidores, cobardes y pasotas a lo Pilatos…?

España no dejará de ser española, como nos ha revelado, pero eso no nos librará de sufrir el Calvario mundial de los avisos y castigos divinos que padecemos, y continuarán de varias formas.

Pio XI Bendijo a los peregrinos españoles, que en el 36 huyeron a Roma, tras la persecución comunista y los bendijo diciendo:

“Estáis aquí, queridísimos hijos, para decirnos la gran tribulación comunista que lleváis en las señales visibles en vuestras personas y vestidos, hechos espectáculo a nuestros ojos y a los del mundo entero… Diríase que una satánica preparación ha vuelto a encender más viva en España, aquella llama de odio reservada a la Iglesia Católica, como único obstáculo para el desencadenamiento de fuerzas de subversión en todos los órdenes, desde Rusia hasta China.

A todo este fidelísimo pueblo, Nuestra Bendición hasta el seguro retorno de la paz”.

Los prófugos, convertidos en peregrinos, no dejaban de llorar, persignarse y abrazarse.

No leí todo el contenido por falta de espacio… Ahí está una vez más, el reconocimiento histórico del providencial heroísmo hispánico inspirado en la Razón y en la Fe.

“Católicos españoles –dije-: perseveremos en el único Camino de Verdad y Vida. No hay otro, ni mejor, ni más fácil que el de la Cruz, Salvadora de España, y del Mundo entero”.