Una de las cuatro exigencias de nuestros deberes para con la Patria (doctrina católica), es la de la justicia social, por la que “en igualdad de condiciones, hay que preferir el servicio al compatriota, antes que a los extranjeros”.

Estamos asistiendo a una inversión moral, opuesta en tantos casos, a este principio elemental, ético y religioso patrio, como si un padre diese antes de comer al primer mendigo que llame a su puerta y prive a sus hijos del plato del día…, o de la semana.

1º. – Tenemos unas Fuerzas Armadas más al servicio de la OTAN que de nuestros desentendidos suelos: Ayudan al problema artificial y exterminante de Ucrania, con el que nada tenemos que ver y dejan desprotegidas de la OTAN a nuestras ciudades de Ceuta y Melilla.

2º. – Se juegan la vida en el lejano Oriente y no sirven para poner un mínimo orden ciudadano contra la inconcebible y barbárica destrucción del mobiliario barcelonés, que para colmo, reivindicaba un independentismo antipatriótico y suicida , con sus dantescos incendios callejeros, y ruina de pequeños comerciantes catalanes en la magnífica ciudad de Barcelona.

¿Qué mente diabólica pudo concebir tales barbaridades?

3º. – ¿Vieron los incendios del volcán de La Palma y cómo quienes ocuparon nuestros  hoteles (sin turistas), fueron los ilegales africanos, condenando a nuestros desamparados ciudadanos a albergarse en casas de parientes y amistades, o en sus vehículos?

4º. – Sin aportaciones a los gastos sociales, en nuestros hospitales se atiende a los extranjeros, antes que a los compatriotas cotizantes, que tienen que esperar meses a su turno, como nos cuenta el libro del ilustre e ilustrado don Ramiro Grau Morancho, “Diario de un paciente de ictus”.

5º. – Se denuncia la entrada ilegal de supuestos emigrantes o inmigrantes de todas partes del mundo (como si fuésemos un contenedor incontrolado), y la masonería inventa una “ley del odio”, confundiendo la denuncia de lo ilegal (con todas sus consecuencias de todo orden contra nosotros), con el odio personal contra personas particulares desconocidas, como si se tratase de perseguirlas y extinguirlas; y para mayor absurdo, la alcaldesa barcelonesa concede subvención a unos recién “conversos musulmanes” (españoles de origen), para que presenten esta clase de denuncias, tirando piedras a su propio tejado.

6º. – Se encarcela a los golpistas catalanes independentistas por…dos años, siendo tratados con toda clase de privilegios, mientras que al patriota don Antonio Tejero, que dio un “pronunciamiento militar” (no golpe de estado) para imponer la autodefensa de la Patria contra el terrorismo y los asesinatos casi diarios, de la ETA, y la ruptura de la unidad nacional, apoyado él y sus militares por el Rey que lo consintió con toda intención de “ponerse las medallas”, estuvo condenado a 15 años de cárcel, sin privilegios de salidas, en una cárcel insalubre.

Y todo fue por la hipócrita traición del Borbón, que lo negó todo… “para salvar la democracia”.

No faltaría más de un hipócrita e ingrato como él, además de perjuro y traidor a los planes de Franco, restaurando e instaurando de nuevo la monarquía que había perdido Alfonso XIII.

Así seguiríamos con la lista de traiciones, cobardías y pasotismos en la larga lista de los modernos Judas, Pedros y Pilatos.

¿Cree el pueblo español, en verdad, en esto que algunos se empeñan en llamar “democracia”?

Porque, de creer en ello, no sé con qué derecho pueden quejarse de sus consecuencias.

Como los que creen en las reglas del juego legal, democrático, y después insultan al triunfo de votos del partido VOC, llamándoles despectivamente “extremistas de derechas”.

¿Nos han dado una definición ética-filosófica de qué es eso?

Está claro: cuando no hay razones, solo cabe el insulto o la calumnia.

Las reflexiones a tales dislates pueden llevarnos a la conclusión de que cada país…tiene lo que se merece.