En las elecciones de 1977, los separatistas catalanes encabezados por Pujol, que se disfrazaban de meros autonomistas y se centraban en la petición de un estatuto, sacaron solo un  16,7% de los votos y 11 diputados de 47; el grupo abiertamente separatista de Heribert Barrera, un solo diputado. Basta comparar estos datos con la situación actual en que el separatismo abierto se aproxima al 50% para constatar que la política tanto del PSOE como del PP en Cataluña ha consistido en la estafa a sus votantes, dejándoles de hecho sin voz ni voto, y en el seguidismo a los separatistas, financiándolos y  haciéndoles sistemáticamente más concesiones de las que estos pedían. Esta es la realidad histórica, al margen de cualquier disfraz retórico. El PP se ha hundido prácticamente en Cataluña, aunque el PSOE se mantiene por la inercia de su teórico obrerismo. Por ello, C´s llegó a ganarse a una gran parte de aquellos catalanes privados de representación real por PP y PSOE. Lo hizo con una política antiseparatista –aunque no española–, y a continuación dejó empantanados a sus  electores. Las dos experiencias, la del PP-PSOE y la de C´s  están hechas y ahora es la oportunidad de VOX, que debe desentenderse del sorpasso al PP  para apelar a esa gran masa de personas engañadas una y otra vez por unos partidos estafadores. ¿Puede invertirse la deriva separatista de estos últimos 40 años, promovida por los  partidos “nacionales”? Puede y debe, aunque cueste un gran esfuerzo y bastante tiempo. VOX, repito, tiene la ocasión de ponerse a ello.
   Incidentalmente, debe evitarse la trampa de los partidos llamados “constitucionalistas”: ni el PP, ni C´s ni, por supuesto, el PSOE, han respetado jamás la Constitución. Y el actual golpe de estado permanente es el resultado.