Los amantes de Star Trek, heridos. Bautizada como Operación Velocidad Warp, la carrera vacunera en Yanquilandia "homenajea" a la imaginaria velocidad superior a la luz propuesta por la mítica serie setentera. Corre, Gates, corre.

Vacunas, turbador abismo

Grosso modo, las vacunas utilizan el propio virus (si ha sido previamente aislado, que no es el caso del SARS -CoV-2) o alguna de sus partes (ADN, ARN, proteínas) para ir "entrenando" al sistema inmune. Uf. En principio lo mejor que se puede decir de una vacuna es que resulta ineficaz. Lo peor, muy peligrosas. Incluso, letales.

La única inmunidad auténtica es la natural y ésa la desarrolla el 90% de la población antes de los catorce tacos. El problema es que ya desde bebé te averían el sistema inmunitario con un turbión de vacunas, tan ahítas de aluminio y mierdas semejantes. Otrosí: las vacunas artificiales cortocircuitan por completo el desarrollo natural y razonable de las primeras defensas del organismo. Alterado completamente.

Los riesgos de las vacunas, brutales. Dato ocultado, incluso fieramente combatido, pero diamantinamente real. Por ejemplo, una vacuna puede provocar la misma enfermedad para la que se casca. ¿Por qué no se indica? También se esconde que la persona vacunada puede transmitir la enfermedad aunque no se halle enferma. Asimismo, no se dice que la vacuna puede predisponer a la persona frente a la enfermedad. Aunque la más penosa constatación, entre otras, es que se disimule la inutilidad constatada de la mayoría de las vacunas.

Inútiles, la mayoría

Tuberculosis o tétanos (vacunas que no prestan inmunidad alguna alguna). Rubeola (de la que el 95% de las mujeres están resguardadas de modo natural). Difteria (que durante las peores epidemias sólo alcanzaba al 5% de los críos a pesar de lo cual hoy se vacuna a todo prepúber). Hepatitis B (cuyos virus se hacen apresuradamente invulnerables a los anticuerpos de las vacunas). Y, por supuestísimo, la vacuna de la gripe estacional de toda la vida. Inútiles.

Sucinta síntesis. La vacunación estimula el sistema inmune, cierto. Pero, repetida la vacunación, el sistema se extingue. Por tanto, la vacuna repetida y reiterada tan solo sanciona y apuntala un “mercado de la enfermedad" perpetuamente creciente. La vacunación masiva incita a la servil dependencia médica. Ay, FarMafia, qué bien te lo montas. Eso sí, con tus macizas complicidades gubernamentales.

Vacunas, modificando el ARN

Moderna Inc. va ganando el correteo vacunero. Moderna Inc., FarMafia en estado puro. Por supuesto, la Fundación Bill y Melinda Gates, detrás. Y, cómo no, los milicos yanquis. Con su repugnante DARPA, la agencia de proyectos de investigación avanzados de defensa.

Moderna Inc. prefiere utilizar ARN para "diseñar" (¿seguro que no está ya diseñada?) la futura vacuna "salvadora" de falsos coronavirus sin aislar ni secuenciar. El problemilla, no menor, es que mediante la utilización de fragmentos de ARN mensajero se provocan pavorosas reacciones inmunes e incontroladas modificaciones genéticas absolutamente imprevisibles y, en algunas ocasiones, mortales.

Vacunas con chip

El asunto arrastra y arrostra tiempo. Hace más de una década la Queen Mary University londinense ya había desarrollado cápsulas graduadas micrométricamente para transportar fármacos en el interior de células vivas. Tales "microtransbordadores" se cargaban, si era menester, con un microchip específico para controlar las respectivas dosis del fármaco, abriéndolo a distancia si se estimaba oportuno. El fascinante y atroz mundillo de las nanotecnologías, " persuadiendo" a las células, en este caso, para rular y desplegarse en múltiples y tenebrosas direcciones. Doctor Caligari, redivivo.

Ya es perfectísimamente plausible pergeñar vacunas a partir de materiales muy diversos. Éstos, sin dificultad alguna, podrán combinarse (o recombinarse) con una cantidad ingente y plural de nanochips junto a agente patógenos, por ejemplo. O, también, para activar, cuando les plazca, la respuesta del sistema inmunitario. Sombrío.

Eugenésicas, sobre todo

Lo peor de la vacunación, incluso más que sus efectos adversos (autismo, un clásico), su genuino tour de force, el verdadero propósito de su masivo uso: eugenésico control poblacional.

Por ejemplo, paradigma señero, la vacunación pone a huevo los genocidios selectivos, pues permitiría aniquilar a personas de cierta edad, raza, etnia, región o clase social. Las vacunas sirven como experimentación para probar nuevos productos sobre un amplio muestrario de la población y, por supuesto, otro quid, potentísima arma al servicio de la guerra biológica, permitiendo intervenir con harta facilidad en el antaño intocado e intocable patrimonio genético de quien se quiera. En la guerra. O en la “paz”.

Tiempos recios. En fin.