“Váyase Sr. Sánchez. Todavía es tiempo para que hombres más honrados y con decencia y moral ocupen su puesto. Es un crimen prolongar esta situación de innegable bancarrota moral encabezada por usted. Usted se ha arrastrado ante ETA, y al hacerlo, ha arrastrado a España y ha vuelto a asesinar a las casi 900 víctimas inocentes que verdugos, como ese del que usted lamenta tanto su suicidio, torturaron y asesinaron. Usted no va a poder quitarse nunca de encima el fétido olor de su ignominia por mucha agua de colonia que se pulverice, ni por muchos aplausos que reciba de quienes, como usted, se arrastran ante ETA como cucarachas.”

Presidente Sánchez, la miseria moral es peor que la miseria física, esta puede ser superada con esfuerzo, dedicación y coraje, la miseria moral lleva en sí misma tanta podredumbre que, con el paso del tiempo, su pútrido olor y su corrupción aumentan. Usted ha lamentado profundamente el suicidio de un etarra, pero nunca ha lamentado los casi 900 asesinatos de la banda a la que pertenecía este terrorista; lo que si acaba de hacer con su nauseabunda entrega a los asesinos es matar de nuevo a esas víctimas inocentes. De esa forma usted, en un ejercicio de miseria moral monumental, ha escupido a la cara de las víctimas asesinadas por ETA. Al preguntarnos qué es lo que hay dentro de su pecho; la Biblia nos contesta: “¡Ay de vosotros escribas y fariseos, hipócritas porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera lucen hermosos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia!” Esta metáfora de Jesús se aplica a todo aquel que, brillando por fuera, tiene su pecho lleno de los gusanos, la podredumbre, y el fétido pus de la miseria moral.

Oscar Wilde describe a ese tipo de personas podridas por la miseria moral y que tan solo anhelan el poder y satisfacerse a sí mismas sin el más mínimo escrúpulo al precio que sea, en su obra El retrato de “Dorian Gray”. Dorian Gary es un joven repleto de egoísmo, egocentrismo, egolatría y una ambición de poder bárbara que le eximen de la responsabilidad de sus actos, de los cuales, así como de sus decisiones, ha perdido la conciencia crítica que ha tapado con la gratificación personal que se deriva de ellos. Dorian se deja arrastrar por su codicia de poder y autosatisfacción característica del autócrata. No duda en manipular, extorsionar, pervertir, traicionar, mentir, ofender con tal de satisfacer su perversión institucional, gubernamental, de justicia y ética. Es tanta su arrogancia y su falta de escrúpulos que no percibe como su rostro va siendo cruzado por las escarificaciones, la carcoma, las marcas de sus taras y haciéndose más grotesco, más viejo, más repulsivo, más cruel, más pérfido, más vanidoso, más grasiento, más encanallado. Cada acto inmoral, cada mentira, cada hipocresía, cada engaño, cada daño que hace a las instituciones y a las personas van desfigurando su rostro; hasta los rictus de soberbia que doblan su boca y desencajan sus ojos, han penetrado en su piel y quedan reflejadas en cada foto, en cada aparición, en cada presentación.

Pedro Sánchez es uno más de los Dorian Gray que pululan por este mundo. Los que utilizan la mentira, la fatuidad, el disimulo y una patológica creencia en que ellos están por encima de los demás mortales. Son los Dorian Gray de siempre, que ocultan su verdadero rostro y su verdadera alma en el retrato que esconden en el desván de sus viviendas para que nadie conozca lo que ocultan en sus almas, para que nadie sospeche la negrura que anida en su pecho.