Que el Sr. Sánchez permanezca al “dolce farniente” en la Moncloa nos está costando muy caro a los españoles. La última cesión a las fuerzas secesionistas es que la reforma educativa, la Ley Celaá, retirará de la norma el término de “lengua vehicular” para el español en la enseñanza allí donde haya lenguas cooficiales. Un paso más u otra cesión a las fuerzas secesionistas del Gobierno social/comunista del Sr. Sanchez. No paran en su afán de destruir España. Hay que reconocer que son incansables. Por supuesto que reconozco que las distintas lenguas que se hablan en España constituyen un patrimonio cultural que hay que preservar pero de ahí a que el respeto que se les debe vaya en detrimento de la lengua común y oficial del Estado que es el castellano como determina la Constitución en su articulo 3 va un buen trecho.

Ya digo que respeto que se preserven las lenguas y dialectos que se hablan en España pero como sufridor que he sido de las políticas linguísticas que imponen en algunas autonomías considero que ya va siendo hora de acabar con este despropósito creciente. Y hacerlo desde el sentido común.

A ver, está muy bien que el que quiera aprenda el catalán, el gallego, el valenciano, el murciano, el bable, el mallorquín o el que le de la gana, pero que esto vaya en detrimento del castellano o español es simplemente del género idiota. Todo esto no tiene más objeto que dar un paso más para desestructurar la nación española y  una cesión más ante el separatismo catalán y vasco.

Creo que como muestra de este respeto hacia esas lenguas y dialectos lo primero que yo haría es prohibir de modo tajante a determinadas autoridades autonómicas el que lo hablaran. Nada hay más ridículo que oír al Sr Feijóo hablar en gallego o a los “Martinez” o “Perez”, vascos o catalanes, haciendo lo mismo. Es que ya no tienen ni verguenza ajena.

Ah! También obligaría a la Sra Celaá a hablar exclusivamente en vascuence prohibiéndole que hablara el castellano terminantemente.

Se empeñan erre que erre en obligar a rotular en vasco, gallego o catalán y a obligar, como quieren hacer ahora, a equiparar esas lenguas con el castellano cuando la realidad es que si pasea uno por Bilbao o Barcelona se constata rápidamente que la única lengua vehicular en la calle es el español. Y suerte que tienen porque la única verdad es que el español es un idioma hablado por más de 600 millones de personas en el mundo mientras que las lenguas citadas apenas las hablan tres o cuatro gatos. Ni siquiera los políticos que nos quieren imponer esta norma los hablan. Bueno, a lo mejor el Sr Aznar que lo habla en la intimidad sí.

El sistema autonómico, el de las 17 taifas , está alcanzando unas gotas de sinsentido surrealista que urge desde ya reconducir tanta ineficacia y despilfarro para mayor gloria de unos cientos de miles de políticos paniaguados del chanchullo.

La realidad es que el coste real de una Administración tan descentralizada y con enormes duplicidades, redundancias y excesos como la que nos hemos dado nos cuesta anualmente entre el 0,7 y el 2,3% del PIB nacional, que el mapa autonómico español, dividido en 17 comunidades y en dos ciudades autónomas, ha degenerado en una administración tremendamente costosa para el ciudadano incurriendo  en numerosas duplicidades que no solo incrementan su coste, sino que tampoco demuestran realmente su eficiencia para nada.

 

Y es que, los desmanes, despilfarros y gastos superfluos son a veces muy llamativos, fruto de una tendencia cada vez mayor a crear organismos que ya pre-existían a nivel estatal : Defensores del pueblo, Cámaras o sindicaturas de Cuentas, defensores del menor, consejos consultivos, institutos de estadística, consejos de consumo, agencias de protección de datos como las que ya existen en Cataluña, Madrid o País Vasco, embajadas autonómicas en el exterior, institutos de Meteorología, un sinfín de observatorios de muy variado pelaje…

Un coste que está creando un sistema “parasitario” que está generando “gravísimos” daños económicos a nuestra nación. Y es que para pagar todas estas alegrías es necesario el endeudamiento creciente y un sistema fiscal sangrante. Lo  malo de todo esto es que lamentablemente en nuestro sistema político imperante aquellos que tendrían que dar solución a este desaguisado no lo van a hacer por la sencilla razón de  que sería para esta clase política hacerse simplemente el “harakiri”.

Y ahora , encima, quieren poner al mismo nivel educativo a la lengua de Cervantes con las que “parruchean” el Sr Feijóo, el Sr Rufián o el Sr Urkullu. De risa.