La figura del “espía”siempre ha  sido una parte fundamental en el desarrollo y desenlace de acontecimientos de nuestra historia. De hecho, deberíamos de ser conscientes del hecho que las guerras no se ganan solo en el campo de batalla puesto que el espionaje es ciertamente un valioso puente para la evolución de todo acontecimiento.

Cabe recordar la figura  de Richard Sorge, agente solitario o espía,  el cual avisó a la URSS de su futura invasión por parte de la Alemania nazi. Stalin no le creyó.

Consiguió cambiar el rumbo de la guerra cuando descubrió que Japón no iba a invadir la Unión Soviética por Siberia. Las derivaciones de estas informaciones cambiaron parte de nuestra historia.

 Ciertamente Sorge fue unos de los espías más famosos de la Segunda Guerra Mundial, y ahora, en Cataluña, nos encontramos con “espías” en los colegios. Si “espías” que vigilan el idioma en que hablan nuestros hijos en el recreo y el idioma que hablan en sus casas con su familia.

Pero esto no es nuevo. En el año 2019  una ONG subvencionada con fondos de la Generalitat introdujo de “incógnito” en 50 colegios catalanes  a varios de sus miembros para vigilar el llamado , por ellos, “ comportamiento lingüístico”. Con Quim Torra al frente, el Govern  se permitió espiar a alumnos y profesores de escuelas catalanas para ver el uso del castellano.

Miembros de  la “Plataforma per la Llengua”, ONG subvencionada por la Generalitat y volcada en la defensa de la inmersión lingüística, acudieron a los centros educativos con el pretexto de realizar una “actividad lúdica” cuando sus verdaderas intenciones eran marcar y señalar a aquellos que no hablaran  catalán.  

En la actualidad y con Pere Aragonés al frente de la Generalitat, esta persecución y señalamiento sigue y se intensifica en Cataluña, utilizando a  “espías” pagados con nuestro propio dinero para que señalen a nuestros propios hijos.

Los servicios jurídicos de la Generalitat  utilizan los informes de sus “espías”,(Plataforma per la LLengua y Ómnium Cultural) para exigir a los tribunales que  los padres catalanes no podamos escolarizar a nuestros hijos en castellano.

 

En su momento la Generalitat de Catalunya marcó  los objetivos de su modelo educativo  en un estudio titulado “El modelo lingüístico del sistema educativo de Cataluña. El aprendizaje y el uso de las lenguas en un contexto educativo multilingüe y multicultural”.

Se dice  en él que se pretende proporcionar al alumnado una competencia plurilingüe.., que garantice un dominio adecuado de las lenguas oficiales, es decir, del catalán, castellano y occitano en el Arán.

Es curioso ver que dentro de los objetivos marcados, se establece, basándose en la normativa vigente en el momento (2018), que la lengua catalana y el occitano en el Arán han de ser las lenguas de referencia y las lenguas normalmente utilizadas en los ámbitos docentes, administrativos y de comunicación. Entonces, cabría preguntarse en que lugar queda el mencionado modelo plurilingüe.

Para fortuna de los independentistas y desgracia de aquellos catalanes que también nos sentimos  y somos españoles, contamos con un ególatra  presidente del Gobierno que tiene como única misión seguir en su poltrona, dando concesiones a quién “toque”y a cambio de lo que sea.

Es tan culpable el que “hace” como el que lo permite.