Moral es el instinto de vivir codificado. Moral es la ley del grupo. Así, si viviéramos entre caníbales sería inmoral no comer carne humana, pero como vivimos entre socialistas, comunistas, separatistas y demás chusma progre, lo moral es la mentira y su embozo, su maquillaje y su disfraz: la impostura. Habitar, por ejemplo, en un palacio predicando la decencia y la excelencia revolucionarias de los barrios obreros, como Pablo Iglesias, recurrir al Ejército proclamando, como Pedro Sánchez, que sobra el Ministerio de Defensa, o exigirle a España, como Urkullu y Torra, que pague los gastos y alivie el dolor del Coronavirus, siendo ellos los directores del orfeón del insulto a España, del salivazo permanente en el rostro de España.

Padecemos los españoles una patología previa a la pandemia que nos mantiene en Estado de Alarma, el gobierno más indecente de la Historia desde el godo Chindasvinto hasta Rajoy, el gallego químicamente amoral y físicamente oscilante entre la mentira, el embuste y la falacia, para el cual hasta la Ley de la Gravedad era relativizable.

A Carmen Calvo el coronavirus acaba de condecorarla con el doctorado cum laude de la moral de la chusma, de su chusma, de la chusma que la vota. Hay otra chusma, es cierto, la que vota a la derecha que pretendía privatizar la Seguridad Social, no muy alejada en situaciones de riesgo y a hechos consumados de Carmen Calvo, la vicepresidenta de la chusma socialista y adalid del contagio masivo del “chocho de marzo” que ha ingresado en el Ruber Internacional, en vez de haber exigido ir a un hospital de la Seguridad Social para curarse dando ejemplo que es lo que, desde su reponsabilidad de gobierno debería haber hecho: ponerse en manos de la Sanidad Pública, de la Seguridad Social, que no socialista, aunque la asista el derecho de acurrucarse en el Ruber Internacional. Pero claro, entre el océano de cosas que Carmen Calvo ignora está el Honor, que es aquello que, en determinadas circunstancias, nos impide hacer ciertas cosas que la ley sí nos permite hacer. Por ejemplo, Francisco Franco pudo haber ido a la Clínica de Navarra o al Ruber, pero fue a la Seguridad Social, que es uno, sólo uno, de sus grandes legados al pueblo español.

Vivimos la moral de la chusma, esa moral que hace que los liberales exijan la intervención del Estado contra la pandemia, que socialistas y comunistas se arropen de matute y tapadillo en la Sanidad Privada, y que los separatistas le pidan médicos y mascarillas a España.

No desmayéis, no desfallézcais ante la moral de Carmen Calvo y de Pedro Sánchez, de Pablo Iglesias y de Torra, de Urkullu y de los liberales de las derechas, porque hay algo diferente y superior a su moral: el Etos, que es el código, la ética de los patriotas. Cuando vuelvan a existir hombres como aquel Caudillo que se fue a morir a un hospital que él construyó para el pueblo, el Etos, la Ética, se convertirá en la moral Nacional y España, con pueblo y sin chusma, “volverá a ser grande como en sus mejores días”.