Los beligerantes y pendencieros inteligentes, ya sean de bien o de mal, tienen un axioma grabado a fuego en su mollera: “no hay rival débil”. Es decir, jamás puedes subestimar a nadie, de ahí que los pendencieros cobardes, los psicópatas que disfrazan su enfermedad mental con 1.001 ideologías y motivos torticeros seguidos en tropel, ataquen por la espalda, siempre en mayoría, o en la cobarde distancia. Tal vez os cuente más anécdotas de mi dilatada experiencia con esta nauseabunda gentuza, porque no hay nada como la experiencia personal para explicar cualquier asunto. Hoy os explico el maltrato al que soy sistemáticamente sometido desde hace décadas pero acrecentado estos meses, por mi condición de enfermo físico (en este caso del sistema respiratorio). Seré “bre”, que como el gran poema de mi amigo Óscar Aguado, significa ser brevísimo; y no analizaré el aberrante desconocimiento de salubridad que ostentan los que usan bozal.

El congojavirus es la actual (mala) madre de todas las afecciones respiratorias, eso nos han inculcado y va a misa cada segundo del día, y en todo el planeta. Pero resulta que mucho antes de la invención de esta falsa pandemia, de este falso virus, en el mundo ya había enfermedades respiratorias… cuyos afectados, junto a una inmunodeficiencia enorme y una avanzada edad, son precisamente las víctimas mortales de este virus gripal –como lo llevan siendo toda la vida – pero el vulgo acaba de descubrirlo hace pocos meses. Por ello, el bozal obligatorio no podemos llevarlo los que padecemos según qué enfermedades, como en mi caso una rinitis crónica y aguda y el tabique nasal (y resto de nariz) destrozado por una criminal operación quirúrgica, una septoplastia cerrada que un grupo de médicos psicópatas de la sanidad pública me hicieron hace 23 años. No voy a entrar en más detalles, que los hay, por los que yo no puedo usar bozal, al igual que no puedo estar junto a alguien que fume o en ambientes contaminados, 2 circunstancias absolutamente legales y protegidas, por cierto.

Por desgracia he de coger transporte público e ir a hospitales, tiendas y supermercados, todos lugares de obligado uso de bozal, salvo para los médicamente eximidos, que ya vivimos puteados las 24 horas del día y así hasta el día del merecido descanso eterno que es la muerte para los enfermos. El 100% de la gente que veo en estos lugares llevan bozal, ¡el 100%! ¿por qué yo soy víctima de una persecución brutal, vejatoria, inmoral y muy violenta, entonces? ¿tan peligroso soy, siendo el único… o es por ser el único que soy presa fácil y el ENEMIGO COMÚN. ¿Qué trabajo seria llevar el puto bozal en la barbilla y subirlo cuando sea menester, cómo hacen muchos sin enfermedades respiratorias para evitar los multones y, sobre todo, esos enfrentamientos constantes con “autoridades” y “ciudadanos”? Porque yo, cada vez que no estoy en mi mierda de casa de alquiler, hipercara, tengo que enfrentarme a todos ellos, a cada paso que doy y, depende las formas de maltrato que empleen, responder de una u otra manera, desde la sumisa condescendencia que enseña mis 2 informes médicos eximentes –2 mejor que 1– o mi irredenta valentía que se enfrenta a los psicópatas de turno, muchos de los cuales adoptan esa cobarde posición que relato al inicio del artículo. Ser la oveja negra es malo para ella, pero ser la abeja negra es malo para el que la ataca… y bien lo saben los victimarios.

Pese a que la ley “me protege y me legitima” a seguir siendo un enfermo, humillarme médicamente pese a haber sido ellos los causantes de mi enfermedad, y otorgarme “el privilegio” de no poder usar bozal, la psicopatía humana está muy por encima de la ley y del sentido común (el menos común de los sentidos y, en este caso, el sentido humano más desarrollado: poder hacer daño a sus semejantes y al resto de animales, bajo es auspicio de la ley. Una ley que, en este caso, no les acoge… ¿pero cuántos de estos cabrones analfabetos se preocupan de eso? Ellos creen tener a la ley de su parte y ojos que no ven…). Con el congojavirus el poder psicopático se ha magnificado, pues ha puesto como objetivo a los enfermos, la gente teóricamente más débil del orbe. Por eso, aunque la ley nos exima del bozal, muchísimos hosteleros, seguratas, maderos, ciudadanos de a pie (clientes hosteleros o usuarios de transporte público) saltan como alimañas a por la presa fácil. ¿Qué más les da a ellos la puta ley? Como a ellos les putean otros, están henchidos de poder putear ahora ellos, y el motivo es lo de menos. El beneficio de la duda está a su favor… y antes de saber la obviedad de que quien no lleva bozal es por estar enfermo, se tiran a por él. Y aunque les enseñes el informe médico, a muchos les da igual, porque su sed de sangre ni sabe ni supo leer y, ni mucho menos, pensar. A mí me han atacado gente fumando, junto al motor en machar de un vehículo contaminante… ¿qué pollas sabrán ellos de lo que son las enfermedades respiratorias y sus causas? Pero como se les permite fumar e inhalar gases tóxicos… pueden atacarte a ti como agente infeccioso respiratorio JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA.

Pero a donde no llega el sentido común ni la JUSTICIA REAL, llegan los cojones y saber que jamás me he achantado, pudiendo haber muerto varias veces por eso. Y que si sigo aquí, obviamente con cicatrices, pero aquí muy vivito –pese a ser polienfermo – y todavía más coleando, es porque hay personas irredentas (no confundir con irreductibles ni putos superhéroes, de estos está el cementerio pleno) que sabemos nuestra condición de mortales y asumimos que si morimos antes de tiempo, lo haremos matando. Y esa sensación se transmite a los cobardes hijos de puta del abuso de poder por bandera, pues como dije antes: el psicópata es el mayor de los cobardes y sabe que no hay rival débil, máxime cuando ve que sólo uno se enfrenta a todos, en este caso la estupidez de no llevar bozal. Yo he visto el miedo en la cara de más de un psicópata que ha huido de mi compañía… y no es sólo un miedo hacia mí, sino hacia él, hacia su vida que sabe perfectamente está siendo ejercida de manera cruel, despótica y bajo la obligación de hacer el mal por un salario. Una pena estar absolutamente solo en esta guerra, ser la única víctima entre tanto victimario, por lo menos en mi entorno vital, que os aseguro abarca muchísimo territorio y se topa con decenas de miles de personas desconocidas casi a diario.

No existen los pueblos sometidos, sino el pueblo, que por definición debería ser: conjunto de personas oprimidas por una minoría de ellas, pero en el que todos son potenciales opresores, salvo uno: el malo que hay que perseguir y erradicar, el que jamás ha oprimido.

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