No es que estén equivocados; no es que sean memos o gilipollas, que ambas habilidades depuradamente practican; no es que nacieron con malvados instintos por ser victimas de un mal parto. No; realmente son así, aunque no se perciba a simple vista, por pertenecer a una naturaleza distinta a la que se conoce mundialmente con el nombre de Humanidad.

Ellos también son bípedos que adelantando sucesivamente una y otra pierna, no las dos al mismo tiempo -puede que haya alguno que si, como los canguros- se desplazan perfectamente equilibrados caminando como lo hacemos los humanos, y también como nosotros tienen cabeza, tronco y extremidades superiores con manos en el extremo que se va alejando del tronco o cuerpo. Reconozco que quietos y callados son similares a nosotros. Con tiempo, espacio en mi blog y ganas de perder el tiempo, podría estar el resto de mi existencia señalando infinidad de cosas que nos son comunes; pero, aunque parecemos siameses, no se puede obviar la diferencia. Nosotros somos humanos y ellos son caprinos políticos, con vocación de caprinazo, nacidos, amamantados -¡mamones! de la teta del partido- y madurados "colgados" como los plátanos verdes, en las cuadras de esos partidos, sin otro merito académico que el de parvulitos, unido al de "pelota" al mando que, alcanzado el aumentativo, milagrosamente despunta en caprited entre los demás.

Si, si; se que  hay unos poquitos universitarios que con la "litrona" en una mano y en la otra mano, echando humo, un "mariachi"; un "dedo de momia"; un "churri flowers" o un "canuto" de cannabis, que han terminado la carrera. Dentro del "mu mermao" número, la mayoría de ellos y ellas, sus licenciaturas fueron alcanzadas por haber sido apoyados por -algunos hijos de- profesores y catedráticos politizados. No creo que decir esto sea desvelar un arcano.

"De entre la mierda brotan las flores mas fuertes, mas duraderas y mas bellas".

Cuarenta y seis años de experiencia, cada una de ellas peor que las demás, nos da a los españoles -con el récord europeo de sufridores por la política- el derecho de ponernos seriamente a buscar aquel partido -no puede ser de otro modo- que menos se parezca a lo que tantísimo daño nos ha caudado. No podemos desdeñar lo que pudiera ser nuestra última esperanza. 

Esa es la esperanza de los españoles viendo como de entre la mierda va brotando, en distintas zonas de nuestra patria -terminará siendo en toda ella-, el verde tallo de lo que deberá ser la hermosa flor que, además de  depurar el fétido olor a putrefacto que nos tiene empobrecidos, tristes y agobiados, liberados, traiga el maravilloso aroma de la bonanza.