Aunque el statu quo político-mediático nos haya acostumbrado a creer lo contrario, el sistema democrático en su variable actual, liberal y parlamentario, no es más que una herramienta que permite a los partidos ejercer el poder. Siempre que puedo procuro incidir en su carácter meramente utilitario para contrarrestar el empeño, bastante idiota, que tiene el Sistema en convertir la democracia en un objeto casi de adoración. Lo que debemos amar, y proteger, y defender es la sacrosanta nación, y por supuesto la Patria. La democracia liberal, como sistema político que ahora tenemos, en todo caso habría que mejorarla. Y mucho, por cierto.

 
Y es que España ha pasado de «democracia plena» a «democracia deficiente» según el estudio publicado recientemente por 'The Economist', que nos equipara a otros países como Francia, Estados Unidos, Israel y Sudáfrica.  «Los resultados reflejan el impacto negativo de la pandemia en la democracia y en la libertad en el mundo por segundo año consecutivo, con la extensión considerable del poder del Estado y la erosión de las libertades individuales», según el estudio. Nada nuevo, salvo que la bajada de España en la lista de salud democrática es la más grande desde 2010.
 
Hoy se celebran elecciones en Castilla y León, pero todos sabemos que no es una cita electoral que afecte solamente a los ciudadanos de esa región. Todos los procesos electorales tienen ya carácter nacional, porque tanto a los partidos como a los grandes MCS les interesa alimentar la polarización social y la lucha partidista. Esta división empobrece a la nación, esto es indiscutible, pero el problema es que casi ningún político en la triste España de hoy piensa en el interés general. Lo que interesa a unos y a otros es el poder y el dinero. Y también lo hemos visto en la campaña electoral que ha precedido a los comicios de hoy.
 
Unas elecciones en las que los líderes nacionales se juegan mucho, especialmente Sánchez y Casado que miran ya al lejano horizonte de 2024 con preocupaciones distintas en cada caso; el primero sabe que para llegar a esa fecha tendrá que seguir perpetrando vergonzosos cambalaches con proetarras, comunistas y golpistas catalanes. El segundo, porque necesita imperiosamente consolidar su liderazgo al frente del PP y que Isabel Díaz Ayuso sea lo que debería ser, es decir, solamente una presidenta regional, y no una especie de amenaza latente que pone en cuestión el programa del partido. Quien gobierne a partir de mañana en Castilla y León, y el resultado de las andaluzas, van a marcar también cómo serán los dos años que restan y qué partido llevará la iniciativa política, al menos a nivel de opinión pública, hasta las generales.
 
Todo esto es "muy bonito y muy hermoso", que dirían los Martes y Trece. Pero yo lo que me pregunto es: ¿aquí quién piensa en España y en los españoles? La semana pasada vimos un pucherazo vergonzante en la sede de la soberanía, que ha sido archivado con un carpetazo, como si fuese un asuntillo de poca monta. Aquí se han decretado dos estados de alarma ilegales y un cierre del Parlamento también ilegal, según los más altos tribunales. Baja la calidad de nuestra democracia a "deficiente", según la prensa británica. ¿Y aquí qué pasa, pasa algo?, ¿pasa algo con las miles de familias que no pueden pagar la luz, o que si llenan el depósito de gasolina no pueden pagar el colegio de los niños? ¿Pasa algo con los miles de autónomos que han tirado la toalla, o con las miles de empresas que han echado el cierre para siempre? Aquí, ¿quién asume alguna responsabilidad? Parece evidente que nadie.
 
Dijo en una ocasión D. Jacinto Benavente que "los pueblos débiles y flojos, sin voluntad y sin conciencia, son los que se complacen en ser mal gobernados". Los españoles fuimos un pueblo que daba héroes continuamente. Que se lo digan a los descendientes de los héroes de Krasny Bor, gloriosa hazaña de la que se acaban de cumplir 79 años. O a quienes reivindican la memoria de Daoiz y Velarde, símbolos de la España que mandó a Napoleón de vuelta a París con una patada en el trasero. A aquellos españoles, se lo aseguro, no les iba a gobernar una cuadrilla de robaperas ni de niñatos consentidos. Somos nosotros, los españoles de hoy, quienes dejamos que sean los peores los que decidan cómo han de ser nuestras vidas. ¿Hasta cuándo?