Hay dos experiencias, dos ideas, que nos llevarán a ese debate que es esencial en la lucha actual alternativa al Sistema.

1- Cuando fundamos Cedade, Jordi Mota propuso que entre los 30 a 40 años el mando debía caer en jóvenes camaradas otra vez (teníamos 21 años entonces).

La idea estaba basada en que la juventud aporta un entusiasmo, una vitalidad y, sobre todo, un idealismo que la experiencia puede hacer decaer en pesimismo acomodaticio.

Unamos a esta realidad la de la lucha en 1925 en el NSDAP cuando el peligro y la lucha por el poder exigían una entrega total y un enfrentamiento físico incluso, que exigía gente joven.

‘El futuro nos pertenece’ era un grito común en esos años de lucha, y el futuro pertenece a los jóvenes, aunque fuera solo por mera cuestión de tiempo para disfrutar de ese futuro.

2- Por otro lado no estamos en 1933 sino en el siglo XXI, e incluso el más aguerrido de los jóvenes entiende que actualmente no estamos en la situación pre revolucionaria de entonces, ni la lucha política se desarrolla en las mismas condiciones en absoluto.

Por poco que se analice la situación vemos que un cambio de sistema, ni siquiera una oportunidad para que un movimiento revolucionario llegue a tener importancia popular, es algo lejano, en modo alguno previsible en los próximos años.

Podemos ver posibilidades electorales en una derecha nacional, aproximándose al Sistema, cediendo en ideas frente a votos, pero sin que la gente, el pueblo, realmente desee cambiar de forma de vivir, de cosmología, no se ve un proceso realmente revolucionario de cambio de sistema, sino solo votos desde una posición cosmológica muy próxima al estándar del sistema. Hay pues una lucha a largo plazo como necesidad, guste o no. En estas condiciones la virtud esencial es la constancia y no la intensidad puntual por poco tiempo.

 

Así pues debemos compaginar la juventud con la constancia, cosa nada fácil pues psicológicamente el joven desea una acción que dé resultados visibles en un horizonte futuro dentro de su ‘juventud’. “Cuan largo me lo fiais” dice el apasionado y joven Don Juan cuando le refieren al juicio por su conducta tras su muerte.

Los jóvenes que no tengan una formación de base seria caen pronto en la ‘decepción’ cuando su esfuerzo y trabajo no tiene un resultado en esperanza de éxito a corto plazo.

He visto una enorme cantidad de abandonos por este motivo, siempre con la excusa de ‘no se hace nada aquí’ y siguen sin hacer nada fuera de ‘aquí’.

Otros desean el camino corto de la violencia y acaban aún peor, arruinándoles la vida sin resultado alguno.

La mayoría, decepcionados, van a la derecha creyendo lograr el éxito a base de dejar de ser revolucionarios e integrándose en ese espejismo del éxito que es el voto de gente que no quiere cambiar el sistema ni su forma de vivir, sino solo solucionar algún problema concreto que les molesta.

 

La constancia en la militancia significa estar dispuestos a seguir militando sin esperanza de éxito a medio plazo durante toda la vida si es necesario. Y eso es muy duro de lograr sin una formación integral que comprenda la lucha como un enfrentamiento de cosmologías, no solo una búsqueda de votos que no conlleve en los votantes ese cambio de forma de vida.

La constancia en la militancia NR actual exige una serie de actuaciones fundamentales:

a- Formación integral, no solo de politiquerías, sino cosmológica. Arte, Cultura, comunidad de lucha, deportes, vivir esa cosmología por encima de la politiquería de la prensa. Por eso estas jornadas de comunidad con deportes, vida en común, formación.

b- Tomar conciencia de la constancia como algo esencial, por tanto planificar la acción militante a largo plazo, lo que implica no descuidar los estudios ni la búsqueda de trabajo como un medio para soportar esa continuidad, pero con la idea clara de que son medios para vivir, no el objetivo de vivir. Por ello ni dar facilidades para que te fichen en internet y no puedas luego encontrar trabajo, ni dejarlo todo por el trabajo futuro que te permita vivir cómodamente.

c- De jóvenes se debe tener clara la tentación de la ‘torre de marfil’, llevar una vida aislada de la comunidad para no tener que sufrir sus miserias, recluyéndose en el intelectualismo o en la comodidad de una familia que absorba toda la existencia.

Una constatación actual es que los militantes jóvenes que logran un trabajo estable y bueno, dejan la lucha casi en su totalidad. Y es en parte porque no han asumido ya antes esa realidad: con algo de dinero y sin meterse en líos, el posible una existencia aceptable siempre que no te preocupes por los demás. La ‘felicidad’ es el peor pecado contra la constancia de lucha.

Uno de mis aforismos dice: Uno puede vivir feliz, pero solo si no se preocupa por los que no viven felices.

Por último querría exponeros tres más de mis aforismos: 

La principal droga no es la cocaína sino el dinero. No solo es adictivo, sino que no te das cuenta de que estás totalmente enganchado a él.

Lo más probable es que no logres cambiar el mundo, pero al menos intenta que el mundo no te cambie a ti.

Progresar en el trabajo es como subir las escaleras de un rascacielos, mucho esfuerzo y al llegar al final, solo te queda que bajar, no hay nada arriba que valga la pena pasados unos minutos