Nada hay tan fácil como gobernar a pueblos desarmados moralmente. La Historia nos recuerda que los peores tiranos hicieron verdaderas fechorías y perpetraron las más crueles atrocidades aprovechando la mansedumbre o la falta de unidad de sus súbditos. Y al revés, cuando los pueblos conservan el vigor moral que impregna la Fe resuelta en la consecución del bien común, de un proyecto ilusionante o de una unidad de destino, esos pueblos terminan decidiendo su propio futuro por muchos tiranuelos que puedan tener temporalmente al frente. 
 
Por eso, estos niñitos de la generación Pedro Sánchez o Macron, que bajo un celofán democrático esconden (aunque poco) sus verdaderas intenciones totalitarias y liberticidas, lo tienen fácil para lograr sus objetivos abyectos. Porque pocas veces ha estado Europa, la vieja Europa, tan desarmada moralmente como hoy, pocas veces ha estado tan desorientada y perdida, sin sus raíces cristianas (que fueron arrancadas de cuajo hace ya décadas), sin vínculos emocionales ni de sangre, a la deriva, invadida por toda suerte de criminales y sin ninguna brújula moral. Borracha de relativismo y en la UCI de las civilizaciones modernas.
 
Ya explicó Macron (pequeño Napoleón barbilampiño, enamorado de su profesora), que el aborto será el nuevo derecho de las mujeres europeas, aprovechando la presidencia francesa de turno en la UE. Como hicieron sus antecesores durante la Revolución Francesa, cuando cortar cabezas se consideró por primera vez un ejercicio de liberación nacional, Macron quiere hacer del crimen más cobarde (el asesinato de la criatura más indefensa de la creación) nada menos que un derecho fundamental, dándose la paradoja de que, también por primera vez, el derecho a la vida competirá con el derecho a matar. Y toda esta aberración con el apoyo y el entusiasmo de casi todos los gobiernos, instituciones públicas y medios de comunicación.
 
En España, Pedro Sánchez recibió hace unas semanas un mensaje muy claro del entorno etarra de Sortu, uno de los partidos en que ha derivado la canalla terrorista, si quiere seguir manteniendo el apoyo parlamentario de los antiguos pistoleros. Tendrá que sacar de la cárcel a todos los etarras, a todos sin excepción, sean cuales sean los terribles crímenes que hayan cometido. Como la petición, en caso de concederse, nos convertiría en una república bananera de la peor calificación, el Ejecutivo ha empezado suave. De momento, Sánchez ha ideado un plan para excarcelar a 50 asesinos etarras mediante una trampa legal, un atajo, que favorezca a esa ralea de víboras.
 
Escuchen bien: ¿se acuerdan ustedes del asesino etarra García Gaztelu, alias Txapote? Condenado por el asesinato vil y cobarde de Miguel Ángel Blanco Garrido, disparándole varios tiros en la cabeza cuando estaba maniatado y arrodillado, tras un secuestro de 48 horas eternas. Pues bien, este miserable se va a aprovechar de esta trampa legal ideada por el Gobierno socialcomunista de Pedro Sánchez, que restará los años de prisión que ha pasado en Francia al total de su condena, para que pueda salir a la calle en breve. En la misma situación se encuentran otras alimañas de ETA, como Kantauri, Fiti o Carasatorre. Todos con numerosos asesinatos a sus espaldas.
 
Díganme qué tipo de pueblos pueden soportar actuaciones como ésta que les acabo de resumir, sin levantarse, ni protestar, ni hacer nada más que lamentarse, llorar o jurar en arameo. Díganme qué tipo de dirigente político se atrevería a ejercer el poder de una manera tan absolutamente ilegítima, tan bárbara (en el sentido literal de la palabra), tan alejada del espíritu que debe mover siempre toda decisión política. Lo que les decía al principio: saben que estamos anestesiados, que no vamos a despertar, que nos han inoculado en vena el virus del pasotismo y la cobardía. Nos han convertido en un rebaño al que llevan cada día a un matadero distinto.
 
Si el crimen abominable del aborto es un derecho fundamental en Europa, y los peores asesinos y terroristas van a estar en la calle dentro de nada gracias a una trampa legal, díganme ustedes qué nos queda ya a las personas que tenemos alguna noticia del Bien y del Mal, de lo justo y lo injusto, de lo legal e ilegal, de lo legítimo e ilegítimo. Díganme qué nos queda a quienes conocimos otro mundo donde existía la vergüenza, donde los hombres se levantaban, donde los pueblos luchaban por lo que era suyo. Donde nadie se atrevía a desafiar a Dios, porque sabían que la ira de Dios existe.