Lo hemos dicho muchas veces. La profanación de la tumba del Generalísimo Franco no era más que el primer paso para todo lo que estamos viendo y está por venir. Fue un acto de odio y de venganza.

Leo en estos días que, para el Gobierno socialista/comunista, la Ley, mal llamada “Democrática”, es una prioridad a la que atenderá el Congreso de los Diputados en el primer semestre de este año. Parece ser que España no tiene mayores problemas que atender. Ni la amenaza secesionista en Cataluña, ni el paro creciente que se manifiesta de manera triste en las llamadas colas del hambre, ni los efectos catastróficos de la pandemia producida por el Covid con más de 80000 muertos  - muchos de ellos debidos a la ineficacia de una administración nefasta - son problemas importantes al lado de la necesidad imperiosa de revertir nuestra historia reciente borrando todo vestigio de la figura de Franco y de lo que significó para nuestra nación. Francamente, no encuentro razón sensata ni lógica para comprender todo esto. Por supuesto que soy capaz de entender que a muchos españoles, por el mero hecho de haber perdido la guerra, no les gustara el régimen que supuso el resurgir de una España caduca y rota sacando a España de la pobreza e ignorancia y del que en gran medida procede una parte importante de la clase política actual, pero que pasados ya 80 años del final de la guerra y 45 del fallecimiento del Generalísimo sigan erre que erre ahondando en las mismas diferencias que nos llevaron a una triste guerra civil no tiene para mí explicación alguna. Y es más, pretendiendo borrar de la escena social y política a quienes no piensan como ellos. Vamos camino - si no lo estamos ya - de una dictadura del pensamiento único, el de una izquierda trasnochada que gobierna nuestra nación contra al menos la mitad de los españoles. El Sr. Sánchez y sus acólitos comunistas o el Sr Iglesias con sus acólitos socialistas gobiernan contra la mitad de su pueblo. En ningún caso para el conjunto de la nación. Entender la política es harto complicado para un militar como yo, y aún más, toda vez que estoy formado en valores bien lejanos de la podredumbre que rodea aquella. Al menos en esta España de hoy. Sí, ya sé que hay explicaciones políticas para todo ello; de hecho yo mismo he escrito mucho al respecto pero según observo la obcecación permanente de personas como el Sr. Sánchez, la Sra Calvo o el Sr Iglesias en “tenella y no enmendalla” comienzo a pensar que el intentar cualquier tipo de concordia o conciliación con esta gente es una tarea imposible que se escapa a mi humilde intelecto. Y así, buscando razones que arrojen alguna luz a esta coyuntura no encuentro otra que en las de la siquiatría o sicología cuando se analiza lo que es el odio.

Estamos ante una cultura de intolerancia, de exclusión y de búsqueda de venganza y así nos encontramos con el odio permanente contra quienes defienden posturas diferentes, a los que ellos conciben como enemigo.

Desde un punto de vista científico, leo a un eminente especialista en siquiatría de Zaragoza, que el odio puede definirse como un sentimiento de profunda antipatía, disgusto, aversión, enemistad o repulsión hacia una persona, cosa o fenómeno, hasta el punto de desear destruir y hacer daño a la persona u objeto causante de dicha emoción. El odio es persistente, es decir, la persona que odia vive en el odio, desea venganza. Y cuando surge un liderazgo que logra dar voz y dirección al posible resentimiento social que nace del odio y se nutre de su energía contenida, nos encontramos que para bien o para mal, estos movimientos terminan conmoviendo y modificando el orden social existente. Y es aquí donde nos encontramos en estos momentos en España con este Gobierno que legisla y actúa guiado sólo por el odio profundo que siente contra los que como yo pensamos que Franco fue una bendición para España al librarla de la amenaza comunista que hoy nos acecha de nuevo.

Reconozco y creo honradamente que la reconciliación entre españoles, tras la guerra civil que libraron nuestros padres y abuelos, era algo ya conseguido. Me temo que estaba equivocado y buena prueba de ello es lo que vemos hoy. Lo que me pregunto es a donde nos llevan estas políticas sectarias y hasta cuando vamos a seguir así. Hay algo evidente y es que la reconciliación supone recobrar las relaciones e implica un acercamiento voluntario de las partes antes en conflicto, que buscan conectarse de nuevo, sin tener que obligatoriamente perdonar al otro. Decía el historiador Stanley G. Payne que el gran acuerdo de la transición política habida en España fue el que sin olvidar la historia no se utilizase esta como arma arrojadiza en la política.Todo lo contrario de lo que sucede hoy. Creo que es necesario que se gesten conductas proactivas y que se disminuyan las agresivas presentes. Los españoles necesitamos superar sentimientos como el resentimiento, el juicio negativo o la indiferencia hacia quienes nos han hecho daño, y que afloren sentimientos como la compasión y la generosidad. Nada de esto es lo que vemos en la política española donde el odio es el motor que mueve todas las acciones de gobierno.

Me temo que siendo todo esto así la única solución que vislumbro es la de la intervención de siquiatras y sicólogos. No esperen nada bueno de la política y menos aún de quienes están afectados de lleno por ese mal humano que es el odio y que lo único que persiguen es el exterminio siquiera sea social y moral de quienes como yo consideramos un derecho el contar a los españoles la historia de quien fue el Generalísimo Franco y lo que significó su capitanía para España.

Sí, este es un problema no ya político sino de siquiatría y buena prueba de ello es observar como les cambia el semblante a estos individuos cuando se vanagloriaban de la profanación de una tumba o hablan hoy de la presente Ley de Memoria Democrática. El odio les domina y corroe las entrañas.  No es mi caso ni el de los que me rodean pero es que la maldad no está en nuestra esencia de personas cristianas y eso que de desgracias heredadas de la guerra algunos tenemos diez veces más que todos ellos juntos. Ellos no saben nada de eso. Son simplemente personas malas pero que muy malas y ahí sólo la siquiatría podría tener cabida. Nada más .