Por lo que estoy viendo y leyendo este año hay verdadera expectación por escuchar el mensaje del Rey de la Noche Buena, lo que está justificado no solo por los “líos económicos” de su padre, el Rey Juan Carlos, y su “exilio” (voluntario o forzoso) sino también por la campaña descarada contra la Monarquía que están promoviendo los comunistas de Iglesias y los independentistas catalanes.

Yo, por si acaso no los leyó en su momento, le reenvío a don Felipe los artículos que escribí sobre el tema hace unos meses y por si le sirven para su discurso de esta Noche Buena. Lea, Majestad:

Ataque frontal a la Monarquía y al Rey

09 de febrero de 2020 

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Miren ustedes, será legal y democrático, pero a los “españolitos” de a pie nos parece un hecho grave, grave no, gravísimo, el Manifiesto “independentista” que hicieron público representantes de ERC, EhBildu, BNG, CUP y JxCat. Tal vez porque es la primera vez que los independentistas catalanes, vascos y gallegos, unidos, se quitan la careta y lanzan su verdadero grito de independencia. “No tenemos Rey, ni queremos Rey”… “El Rey (naturalmente se refieren al Rey don Felipe VI) no es un interlocutor válido para nosotros, ni tiene la legitimidad de nuestros pueblos”… No queremos al Rey que pronunció el discurso del 3 de octubre de 2017.( 1 ). No queremos una Institución anacrónica ni heredera del franquismo cuyo objetivo es mantener e imponer la unidad de España.

¿Y cómo se puede dialogar partiendo de este “Manifiesto” y de la ruptura absoluta con España que reclaman? ¿Y cómo el actual Presidente del Gobierno puede pactar y sostenerse con la ayuda de los que quieren cambiar y romper con el Estado?

Pero, antes de seguir lean ustedes, por si no lo oyeron en directo y por la televisión del Gobierno el texto integro del Manifiesto:

“No tenemos Rey. Democracia, Libertad, Repúblicas.

Las fuerzas políticas independentistas, soberanistas y republicanas firmantes de esta declaración, queremos manifestar:

La Monarquía Española y su máximo exponente, el rey de España, no nos representa. La sociedad catalana, vasca y gallega rechazan mayoritariamente la figura de una institución anacrónica heredera de franquismo que se sustenta en el objetivo de mantener e imponer la unidad de España y sus leyes, negando así los derechos civiles, políticos y nacionales que asisten a las nuestra ciudadanía y nuestros pueblos.

En el camino democrático hacia la libertad que aspiramos, el Rey no es un interlocutor válido para nosotros. Ni tiene la legitimidad de nuestros pueblos, ni le reconocemos ninguna función política. Menos aún cuando su papel para con nuestras naciones no ha sido otro que el de intentar imponer proyectos y valores antidemocráticos, como quedó demostrado en el discurso autoritario pronunciado el 3 de octubre.

La Monarquía Española es un estamento que no responde a los valores republicanos de libertad, igualdad y democracia que tanto los ciudadanos de nuestros pueblos como las mayorías sociales del estado anhelan. Una democracia real sólo será posible desde la ruptura con la herencia, las bases y valores que representa el Rey y su figura. Por ello, consideramos que el rey y la Monarquía deben dejar de ejercer su tutela sobre la ciudadanía y sobre los gobiernos y parlamentos que de la voluntad popular emanan. Sólo así se podrá dar curso a soluciones basadas en el respeto a la voluntad popular, la libertad y la democracia.”

Les aseguro que si don Manuel Azaña, hubiese sido el  Presidente del Gobierno actual los señores que leyeron el Manifiesto (y para más inri lo leyeron ante las mismas puertas de las Cortes españolas) a estas alturas estarían ya en el buque-prisión “Uruguay” aquel que dio cobijo al Presidente Companys y su Gobierno cuando en 1934 proclamaron el “Estat Catala”: “Catalanes: En esta hora solemne, en nombre del pueblo y del Parlamento, el Gobierno que presido asume todas las facultades del Poder en Cataluña, proclama el ESTADO CATALÁN de la República Federal Española y al establecer y fortificar la relación con los dirigentes de la protesta general contra el fascismo, les invita a establecer en Cataluña, el Gobierno provisional de la República, que hallará en nuestro pueblo catalán el más generoso impulso de fraternidad en el común anhelo de edificar una República Federal libre y magnífica.”

Por menos Azaña se inventó la “Ley de Defensa de la República”, cerró más de 100 periódicos y metió en la cárcel a todo el que hiciera “Apología” de la Monarquía: “se consideran actos de agresión a la República los que inciten a resistir o a desobedecer las leyes o las disposiciones legitimas de la autoridad… Asimismo se considerarán actos de agresión a la República la difusión de noticias que puedan quebrantar el crédito o perturbar la paz o el orden público, toda acción o expresión que redunde el menosprecio de las Instituciones del Estado y el uso del emblema, insignia o distintivos abusivos.

En su artículo 2º establecía que “los autores materiales o los inductores de los actos de apología podrán ser confinados o extrañados o multados hasta la cuantía máxima de 10.000 pesetas  y confería al Ministro de la gobernación la facultad para suspender la reuniones o manifestaciones públicas de carácter político, religioso o social, cuando por las circunstancias de su convocatoria sea presumible que su celebración pueda perturbar la paz pública. También le daba el poder de cerrar o clausurar todas las publicaciones que directa o indirectamente hicieran apología del monarquismo o fuesen contra la República.

¡Ojo!...y esta ley la sacó Azaña por Decreto e incluso antes de que se aprobara la Constitución de 1931… Y es que los Estados, por muy democráticos que sean o quieran serlo, tienen que defenderse de sus enemigos, externos o internos… Claro que, la situación que vive ahora mismo España es bien distinta. En teoría es un Estado democrático, pero ¿qué Democracia puede ser la que se pone en manos de los que quieren romper con el Estado y con la unidad de sus territorios? ¿Y qué Democracia puede haber cuando el Presidente del Gobierno está dispuesto a vender España por parcelas por mantenerse en el Poder y en la Moncloa?

Por tanto, aquí ya no hay más remedio que tomar decisiones firmes y contundentes para dejarles claro a los independentistas que por ese camino sólo podrán ir al Buque-prisión “Uruguay” como lo fueron sus antepasados. O sea –como decía Pedro J.Ramirez aquí está haciendo falta ya un sargento de hierro al estilo de Roma.

Porque, y ya está claro, con violencia o sin violencia lo que estos señores intentan hacer es un clarísimo Golpe de Estado… ¡y mucho más grave que aquel del “23-F” del que ahora van a cumplirse 40 años!

 

Los lobos y la Monarquía

03 de agosto de 2020

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Antes de opinar sobre la decisión que ha tomado esta tarde el Rey Juan Carlos de marcharse a vivir fuera de España les voy a contar una historia que leí, creo que en alguna obra de Ángel Ganivet, sobre un padre de familia ruso y sus hijos.

Un campesino ruso, que vivía en la zona más boscosa de los Urales, un día decidió marcharse con sus hijos, cinco de su primera mujer y cuatro de su segunda, también fallecida por congelación, a Moscú, donde tenía un hermano que le incitaba a viajar, dada la miseria en la que vivían... y el buen hombre reunió todo lo que pudo para hacerse con el mejor trineo y los mejores perros de nieve y confiado e ilusionado por el futuro que les iba poder dar a su numerosa prole emprendió el largo viaje...

Y todo les fue bien hasta llegar a las cercanías de la capital de todas las Rusias, donde además vivía  el Zar, el padrecito de todos los rusos... hasta que cuando menos lo esperaba y más contentos iban los niños, de pronto, se les echaron encima una temible manada de lobos, hambrientos por el caràcter fiero y agresivo que mostraban y el  pobre hombre se descompuso, entre otras cosas porque no había sido previsor y no se había armado, ni bien ni mal, para salvar ese tipo de situaciones. Así que la única solución que se le ocurrió (eso sí, sin dejar de asusar a sus buenos perros) fue la de arrojarles uno de los hijos, porque --pensó -- mientras se lo comen tal vez hayamos llegado a Moscú y habré salvado a los demás. Pero su gozo en un pozo, porque aquellas fieras hambrientas se comieron al pequeño en un abrir y cerrar de ojos...y animados por lo que habían comido y oliendo que ante sí tenían más caza volvieron a la carga, incluso más agresivos y tratando de frenar la marcha de los canes con sus aullidos y enseñando sus afilados colmillos... y el pobre hombre, ya asustado de verdad, les arrojó otro de los hijos... y la historia se repitió... los lobos comían más aprisa que avanzaba el trineo... ¡Dios, y así fue sacrificando a los suyos hasta llegar casi a las puertas de Moscú totalmente solo!...y creyendo que él al menos se había salvado... Pero, ni eso le concedió el "padrecito" de todas las Rusias, ya que justo cuando le faltaban unos metros dos de los lobos se le echaron encima y lo devoraron sin darle tiempo ni a rezar la oración de su niñez.

Señores, y amigos, pues esta historia es la que se me ha venido a la cabeza al oír la noticia de la marcha del Rey padre. Sí, es verdad que eso es bueno para Felipe VI, porque reinar con un padre acusado de corrupciones sin par, de líos de faldas peligrosos, de chantajes y cientos de periodistas detrás... y la manada de lobos que ha reunido el tal Pablo Iglesias comiéndole los tobillos sin parar y relamiéndose cada mañana y cada tarde, con los colmillos ensangrentados y el champán corriendo por los pasillos.

Sé, y así lo escribí hace tan solo unos días, que al Rey actual, si quería salvar la Monarquía, no le quedaba otra salida que sacrificar a su padre (como en otro momento él tuvo que sacrificar al suyo, a aquel Don Juan que se quedó viendo la corona de cerca), pero llegado este momento y sabiendo que los lobos republicanos y comunistas (Ojo, que son los descendientes de aquellos lobos de Ekaterimburgo) no se van a conformar, me atrevo a preguntarle en público a Don Felipe VI ¿y cree usted, Majestad, que los lobos se van a conformar con su Padre?. Que Dios le coja confesado a usted... y a España.

Bien Señor, pues ya tiene usted el toro en el ruedo. Ahora le toca a usted lidiar.