El aislamiento forzoso por el virus puso en evidencia los problemas no solo económicos sino psicológicos de la gente ante la situación de inactividad profesional encerrada en casa.

La Televisión, radio e internet fueron sin duda la solución para muchas personas, especialmente los jóvenes con internet y las ‘relaciones virtuales’ a las que el sistema ha acostumbrado a tanta gente. Si ya había una excesiva dependencia de lo virtual, esto ha llegado al colmo en estas circunstancias, cuando no disponer de internet sería impensable para mucha gente, que solo ha logrado en sus contactos virtuales la solución a su aislamiento.

Aun así, se han sufrido muchos traumas psicológicos debido a esa ‘soledad’ relativa, y la incapacidad de tener opciones personales de ocupación al cabo de un tiempo.

Un montón de psicólogos han dado consejos de cómo abordar esa inseguridad y aislamiento personal que asola a personas sin una vida interior capaz de suplir lo externo.

La Tv ofrece por un lado la propagación de la histeria y el morbo, por el otro el circo de lo bajo, la telebasura, bailes modernos como gimnasia, todo tipo de distracción de bajo nivel.

Es evidente que parte de estas soluciones son muy razonables, por ejemplo, ver a los familiares a través de internet, poder hablarlos, es una gran necesidad. Distraerse un rato es positivo, aunque la verdad es que los programas de telebasura más que distraer corrompen el gusto y degradan a la persona. La Tv e internet son buenas herramientas de información, pero no sustitución de una vida interior.

Uno lamenta que la formación cultural, la lectura y la música, las artes, el estudio, no hayan sido promocionados especialmente frente a lo circense y cutre. Las artes y cultura, la formación humana podría haber sido una necesidad a cubrir en estos tiempos.

Pero vamos a fijarnos en otro tema más esencial la vida interior, la capacidad de soportar no solo cierta soledad sino saber aprovechar parte del tiempo ahora sobrante en ‘conocerse’ y enriquecerse personalmente.

Un camino, ya lo hemos dicho, es la formación cultural y artística, incluso la científica, filosófica, etc. pero otro es la Meditación.

Para meditar primero hay que aislarse del ruido infinito de radio y Tv, de foros, mensajes y relaciones externas por internet. Silencio y serenidad. Nunca he visto nada que promocione esta actividad en los medios de masas. Al revés, el silencio y la meditación solitaria se ven como casi un problema, un agravamiento del problema en gente que no se atreve a prescindir del ‘ruido social’.

La meditación es una actitud perfectamente adecuada a los arios, que se distingue claramente de los métodos orientales. En el mundo ario la meditación no va unida a gimnasias ni actitudes externas, sino que se centra en el hecho mismo de la meditación.

En cambio, en el mundo oriental el yoga y las técnicas tan de moda actualmente unen la meditación a actitudes externas, muchas veces gimnásticas y equilibristas, que muestran una preocupación externa más que interna. Además, la meditación oriental se dirige más a la ‘ausencia de pensamiento’ que a pensar, es una ‘meditación’ sin mente, vaciarse de ideas muchas veces, como si el ‘yo’ se lograse precisamente sin pensar.

Hoy muchos creen que estas prácticas son más adecuadas, simplemente porque si no meditan realmente al menos hacen ejercicio.

En el mundo ario la meditación (incluso en la religión cristiana así es) es un acto de pensar, de analizar y desarrollar ideas y problemas, no de ’ausentarse’ en el vacío.

Sin queremos hacer gimnasia tenemos mil deportes y la gimnasia sueca, pero no pretendemos ‘meditar’ con ellas. Mientras que el yoga o el Taichi tienen la idea de ir ‘meditando’ en el vacío mental.

Peor es la actitud actual de hace gimnasia a base de bailes alocados modernos, que desde luego solo hacen que desarrollar el mal gusto musical. Es lo que yo llamo ‘la gimnasia propia del Sistema’. La idea es ‘no aburrirse’ con la gimnasia, porque no son capaces de hacer un deporte o ejercicios sin ‘diversión’.

Meditar en el mundo ario es una actitud seria, que exige soportar el silencio y la soledad, no ‘aprovechar’ para hacer músculos sino desarrollar la mente y abordar los temas que uno necesita o le preocupan, no divagar en un vacío mental.

Como una imagen vale más que mil palabras podemos ver dos ejemplos de lo dicho. Uno es ‘El pensador’ de Rodin, una imagen perfecta de la meditación aria. Y otra un ejemplo de ese equilibrismo para pijos infectados de orientalismo, que desde luego no meditan.

Unos están más preocupados por la posición de manos y pies que por pensar en algo profundo.

El otro muestra como meditar exige un entorno de paz y serenidad sin extravagancias.