En este mensaje voy a referirme al talón de Aquiles de los sistemas democráticos. No se trata de la debilidad sino de la cobardía. Los trescientos de las Termópilas eran débiles, pero permanecieron allí para proteger la retirada del resto del ejército griego. Solo trescientos frente a miles del ejército persa de Jerjes.  Ello permitió salvar al grueso del ejército y frenar el paso de los persas en su aplastante victoria sobre el ejército aliado de la confederación de las Polis. 

Ya pocos desconocen la estrategia de la alianza social-comunista y separatista para destruir España. Su objetivo es descomponerla, como rompieron la Hispanidad en los procesos de fragmentación del emporio civilizador español en el mundo católico allá por los siglos XVIII y XIX. 

Para llegar a ello hay que atacar la lengua común, la cosmovisión de las cosas y la cultura católica, verdadero bastión del poder hispano en el mundo. Para ello había que producir un cambio de percepción y de cognición sobre la verdadera categorización de la realidad y moldear las conciencias colectivas estigmatizando un legado transmitido y heredado respecto a nuestro pasado colectivo. Para ello, la mejor herramienta es la escuela, el adoctrinamiento programado y mantenido en el tiempo. La “ocupación” sistemática de las conciencias de las nuevas generaciones, desposeídas del conocimiento. La tala del árbol antropológico y de las fuentes de nuestro ser y de nuestra existencia colectiva, de forma sistemática y resolutiva. Sin dar pie a que las voces que lo denuncian aparezcan ante la mirada pasmada de la masa, que ni piensa ni percibe, vive abducida por los “Maradona” ocasionales o por cualquier cortina de humo que distrae su atención. 

La palabra clave para hacerlo tiene solo dos sílabas: “facha”. 

Nadie quería ser el adjudicatario de ese lexema descalificador y estigmatizador, aunque tampoco nadie sabe a ciencia cierta su significado. Lo que sí sabe la gente es que recibir ese insulto es sinónimo a apestado, criminal, u objetivo de quienes se consideran como poseedores de la verdad absoluta y legitimados a sí mismos, sin que nadie les haya otorgado es atributo de administradores de la justicia; para llevar al ostracismo social y condenar incluso a la muerte sin juicio a quienes ese sesgo maniqueo fuera atribuido. Y es que hordas que han señalado la puerta de la disidencia como objetivo a eliminar siempre ha habido. Sobre todo, en la izquierda leninista que está resucitando.

Tras la crisis de la burbuja inmobiliaria, que no era tan difícil de prever, ya se vislumbraba que se iba a producir el resurgimiento de las posiciones más exaltadas de una izquierda al acecho de las situaciones que llevan a las gentes a la desesperación. Esta es la fuente de la que beben todos los radicalismos para producir sus eventos revolucionarios. Por eso es un clásico que si no llegan de forma circunstancial esos hitos que marcan los cambios de rumbo de la historia los provocan, para producir ebullición social que es el caldo de cultivo que produce la masa crítica suficiente para levantar las turbas.

 

En ese contexto, y si no encuentran oposición, lo normal es que venzan. Recordemos que Lenin logró el poder de forma violenta, derrotando por la fuerza a Kerensky, el ala moderada de los revolucionarios. No hubo elecciones, fue la toma del poder mediante el terror rojo. 

Ningún proceso comunista ha sido mediante elecciones. Siempre ha sido la conquista mediante las armas o por sometimiento de la población. Los que hemos vivido bajo la amenaza de ETA conocemos bien sus procedimientos. 

La revolución no se produce por las buenas, consultando a la población. Deviene por procedimientos arteros, fraudulentos o por simples ocupaciones del poder, y, sobre todo mediante el mecanismo del miedo, verdadera arma de destrucción masiva del pluralismo en el que se basan las democracias. Recordemos la frase de Iglesias, que define a la perfección su ethos político: El cielo no se toma por consenso, sino por asalto” emulando una frase de Karl Marx haciendo referencia a la toma de París por la Comuna en 1871. Quien piense que estos sujetos van a respetar el juego democrático es que no conoce las tramas de la izquierda en sus procedimientos; que no respetan normas morales ni éticas de conducta. Siempre acaban trastocándolo todo y rompiendo cualquier norma de convivencia.

 El poder es su objetivo. La forma no tiene importancia ni valor.  Quienes hemos conocido por dentro las dinámicas de la izquierda leninista o troskista, por haber participado con supina ignorancia de esas dinámicas de toma del poder, sabemos bien como lo hacen; como construyen sus artificios para el lograrlo. Lo sé porque fui observador de las convulsiones del tres de marzo de 1976 en Vitoria, que buscaron lo que intentaron. 

Y contra eso el mejor paso de las Termópilas es la cobardía de los que no somos comunistas. Forma parte de ello el encogimiento sobre nosotros mismos y el señalamiento al tonto que pasaba por ahí… “ha sido ese”.  Y también el arrinconamiento y exclusión social. “Es que es un poco raro. ¡¡¡Pobre!!!”.  Dicen en el mejor de los supuestos. 

 No hay manera de que los lelos, que son masa, se enteren de la fiesta. ¡¡¡Idiotas. Seréis esclavos. No os enteráis!!!  El que no conoce la historia está condenado a repetirla.