Bajo el presuntamente noble pretexto de la salud y la vida, han pulverizado ambas. Algo que no han dejado jamás de hacer. En esta ocasión, el "remedio", infinitamente peor que la "enfermedad". Las medidas de secuestro domiciliario tomadas devienen grotescas, absurdas, surrealistas, contradictorias: arbitrarias, en definitiva, signo de sumo poder.

¿Peligro médico?

El presunto peligro médico no resultaba singularmente extraordinario. A lo sumo, una gripe estacional más agravada. Esa gripe de toda la vida que deja miles de muertos todos los años y que a nadie pareció nunca inquietarle. La inmensa mayoría de fallecidos son ancianos que sufren la denominada comorbilidad, concatenación de etiologías médicas muy plurales que pueden desencadenar su óbito. Eso sí, clave de todo este sindiós, siempre enarbolando sus nobles pretextos: libertades trituradas, economía desguazada, salud aún más menoscabada. Es lo que tiene cuando se utilizan las pandemias como viles excusas. Preestablecieron un (falaz) relato, sin admitir dudas razonables. Todo tan orwelliano: una ansiedad, una persona, una bandera.

Medidas contra la salud

Las medidas tomadas no respondieron (ni responden) a criterio científico alguno, pues, entre otros aspectos, no se ha demostrado fehacientemente el número total de muertos. Aspecto decisivo. Por ejemplo, amigos que trabajan en funerarias te comentan, sotto voce, que no está muriendo más gente que durante los pasados años. Por ejemplo, con respecto a otros marzos y abriles. Dicho de otro manera: en ancianos y enfermos la mortalidad acaecida es la que "corresponde", la que se hubiese producido, en cualquier caso, con o sin (falsa)pandemia.

Además, la ausencia total de autopsias para determinar las genuinas causas de la muerte tan solo puede suscitar sospechas de toda índole. Además, curioso, las cifras de "contagiados" y muertos jamás se ligaron (ni se ligan) con los porcentajes habituales de mortalidad habidos por estas fechas durante los postreras calendas. Y mucho menos, nadie ahonda en el escabroso asunto de la iatrogenia: muertes causadas en hospitales y similares, tercera causa de muerte según la Organización Mafiosa de la Salud. La primera, les aclaro.

Medidas contra la libertad

El (¿inexistente?) virus y el consiguiente arresto domiciliario, justificado y legitimado por la histeria de masas, resulta una perfecta coartada para la implantación de una dictadura global. He ahí el meollo. Regímenes ferozmente represivos, burdamente disfrazados de democráticos. Abusos de poder por doquier. Prohibiciones de movimiento, espectacular incremento de la vigilancia y el control, suspensión de reuniones y de la vida pública en general, intervención de los medios de transporte y, quién sabe si dentro de bien poco, harta dificultad en la distribución de alimentos.

La salud, hecha unos zorros

La salud, la coartada, cada vez más jodida. Tanto la física como la mental, tan unidas. Si antes ya nos hallábamos altamente deteriorados, ahora mucho más. Las nocividades (electromagnéticas, alimentarias, químicas…) hunden a diario nuestro sistema inmunitario. Ahora más con el arresto domiciliario en nuestros hogares. Y por supuesto, por el camino, más daños coronarios y más depresiones, ansiedades y angustias laborales. Enormísimo repertorio de jodiendas médicas. Con su ineludible correlato: miles de suicidios durante los próximos meses.

Estamos condenados a la autodestrucción y al suicidio colectivo. En fin.