Cualquier dictadura que se precie, y que intente imponerse desde el engaño y la traición a los principios democráticos desde los que, en principio, se origina y mediante ir socavándolos poco hasta prácticamente hacerlos desaparecer, ha de partir de la base de contar con una sociedad escamante formada intelectual y culturalmente. Porque una cosa es que en España se haya conseguido prácticamente erradicar el analfabetismo, pues afortunadamente casi toda la población joven y adulta sabe leer y escribir, y otra, que exista un analfabetismo ilustrado de una gran arte de la población, que aunque con estudios, carece de unos mínimos conocimientos y formación, entre otras cosas, de su Historia y su pasado.  Consecuencia calculada de planes de estudios dirigidos precisamente a tener una mayoritaria población bajo control y sin capacidad de reacción crítica.

  Por algo estaremos a la cola de los sistemas educativos.  Ahora bien, en cuanto a la educación universitaria o superior, España es el sexto país del mundo con más alumnos matriculados. Todas las provincias rivalizan por tener su propia Universidad. Cuantitativamente estamos por delante de Estados Unidos o Finlandia. Esto supone que nuestro país no tiene un problema con el número de estudiantes, lo tiene con la calidad educativa. De una pésima calidad educativa, que hace que esos alumnos que llegan a la Universidad carezcan de una formación cultural básica y mínima. Su ignorancia nos debería hacer sonrojar, pero es la base de cultivo idónea para implementar la nueva normalidad democrática que es el eufemismo con el que la ultraizquierda denomina su nueva dictadura. Sin necios no hay posibilidad de imponerse, porque a la gente formada y preparada es más difícil de engañar y que se traguen milongas.

Esta semana hemos contemplado atónitos, como analfabetos estructurales con mando en plaza, de esa izquierda que anhela el control absoluto, ha decidido quitar el nombre de tres calles por considerar que hacían referencia a militares franquistas. Se trataba de calles dedicadas a los Almirantes Churruca, Gravina y Cervera. Los dos primeros héroes de Trafalgar, batalla librada en el años 1805, el primero muerto en combate al mando del glorioso buque de línea San Juan Nepomuceno, y el segundo, muerto por sus heridas, en Cádiz tras conseguir que su buque, el Príncipe de Asturias, no fuera apresado por la Armada de Nelson, muerto también en ese combate naval. Como se verá militares ambos, muy vinculados a la época franquista, En cuanto al Almirante Cervera, el  héroe de la malograda rmada de Santiago de Cuba, su gesta se remonta a la independencia  cubana. Los tres eran patriotas, eso sí, una épica que detesta esa izquierda y que identifican, cómo no, con Franco.

Ahora bien, ¿creen ustedes que muchos jóvenes con formación universitaria conocen a tan insignes personajes de nuestra gloriosa ( sí, repito, gloriosa)  historia? ¿ creen que muchos jóvenes identificados con Podemos  se han parado a pensar que podría tratarse de un error? Desengáñense, muy pocos les conocen, ni saben que hubo una batalla de Trafalgar, porque muy pocos han leído los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós, ni saben que Cuba obtuvo la independencia de España en 1898, tras una intervención de las fuerzas militares de EEUU, cuya Armada mucho más moderna acabó con los buques obsoletos del Almirante Cervera. 

  Ahora bien, esa ignorancia, ese absoluto desconocimiento de la Historia, les viene de perlas a esos nuevos dictadores, lobos recubiertos de piel de cordero, pues en su proyecto de leyes de memoria histórica, resulta sumamente sencillo cambiar y remodelar la Historia  a su antojo cuando la sociedad no la conoce y sufre de un grave déficit de amnesia. A este paso, terminarán quitando el nombre a los cabos de Creus, Palos, Finisterre…. por tratarse de nombres de militares vinculados al franquismo.

  En definitiva, les viene de perlas contar con un ejército de conjurados y necios orgánicos y estructurales, que ni siquiera se cuestionan cómo sus líderes comunistas, los que venían de barrios obreros y proclamaban ejemplarizante austeridad y mileurismo, porque “ellas” venían para acabar con la casta política, hayan multiplicado por seis su riqueza desde que, precisamente, son políticos. Detalles sin importancia. Y así, y todo, han llegado a tal punto de esperpento, contradicción e incoherencia, que, al final, se van a quedar sólo, con los más adeptos y fanáticos de ese rebaño.