Joaquín Prat padre está ligado a los recuerdos de mi infancia y juventud. Infancia, porque una de esas cosas que se te quedan, pese a la corta edad, fue el famoso concurso “Un millón para el mejor”, primer éxito televisivo de Prat que echó andar en 1968, durante la oprobiosa y asfixiante dictadura. Incluso los próximos a mi quinta podrán verse de niños cantando aquello de “Rosa Zumárraga tiene 3 puntitos”.

Viene al caso el recuerdo por la estela que ha tenido el “choque” entre su hijo, el presentador y periodista Joaquín Prat Sandberg, y el presidente de la Fundación Francisco Franco, general Juan Chicharro, a cuenta de la referencia que este hizo a su padre al hablar el presentador de lo que había aprendido en la escuela sobre Franco -Joaquín hijo nació en 1975-. Suelo ver su programa de tarde y por tanto medir sus tonos.

En el tema de Franco, como es habitual, saltan los tópicos y en ello Prat no es una excepción. Tampoco quiero entrar en generalidades o palabras de carga conceptual mal utilizadas. Habló Joaquín Prat del “pensamiento único” en la época de Franco, lo que evidentemente desde un punto de vista conceptual no es cierto. Es una simpleza decir, y una justificación que se utiliza a efectos de ocultar una realidad compleja y difícil de asumir para no pocos, que “se hacía durante 40 años todo lo que decía el señor Francisco Franco” como nos ilustró el presentador. Tampoco es el objeto de este comentario entrar en ello, pero sí recordar que el régimen de Franco que no fue conceptualmente totalitario. Tuvo esa inclinación al echar a andar. Tampoco era un régimen de Partido Único, porque FET de las JONS, cuya élite inicialmente aspiró a ello, no se configuró como tal. El régimen de Franco nunca fue el del estado-partido que existió, por ejemplo, en la Alemania Nacionalsocialista o en la URSS, fue otra cosa. Pero si siguiéramos ese camino habría que entrar en el tema de “no solo Franco” que suele producir bastante alergia y por eso es costumbre utilizar como descalificativo del contrario el término “dictadura”, para transmitir la idea, como hizo Prat, de que era una cosa solo de Franco.

Y en el “no solo Franco” es donde me parce que se puede centrar  el punto de inflexión y de enfado por parte de Joaquín Prat hijo. Lo que me sorprende es la reacción, que tampoco es tan extraña la referencia si atendemos a la  lista de periodistas o tertulianos o famosos con familiares hoy, porque estamos hablando de generaciones familiares, que estuvieron en los medios públicos de información del régimen de Franco. Algunos, como los artistas, acudían a las celebraciones y actos a que eran invitados o participaban en los famosos festivales benéficos que doña Carmen Polo de Franco organizaba a final de cada año en el Teatro Calderón. Franco, que yo recuerde, creo que no asistió nunca, pero las fotos con doña Carmen de tantos y tantos andan por las hemerotecas pese al fuego purificador con el que algunos han tratado de ocultarlas o con ingenuidades del tipo de sugerir que si no actuabas acababas en la cárcel.

Está bien precisar el error de que Joaquín Prat padre, que era valenciano y lo decía habitualmente, viniera del Perú. Pero eso es una cosa y otra la soflama lanzada por el periodista. Simplemente revisando lo publicado es fácil percibir que Joaquín Prat hizo para salir del embrollo una readecuación de la realidad. Si seguimos sus palabras se esperaba la referencia y había preparado la respuesta.

Creo que Joaquín Prat, desalentado ante la explicación del presidente de la FNFF de que esta, entre sus funciones, está para dar a conocer la obra y el pensamiento de Francisco Franco, que luego a unos gustará y a otros no, y que ello no es delito, se encendió progresivamente. El problema es que Joaquín Prat parece opinar que pensar eso y mantenerlo es delito. También indicó el presidente de la FNFF que es de interés general conocerlo porque esa obra supuso pasar a ser la 8ª potencia industrial del mundo (cosa que hay algunos que ignoran como el dicharachero presidente cántabro que suele andar por estos programas cuando habla de una inexistente industria en esa época, claro que aún no ha explicado qué hacía él en la España de Franco y por donde iban sus vinculaciones juveniles)

En esta tesitura, y con el tema de la referencia a su padre, trató el periodista de responder con la demagogia y no con la realidad. Y es lo que conviene precisar.

Dijo el periodista que su padre “tuvo que emigrar de España cuando aquí no se rascaba bola, en esa España que usted [por el presidente de la FNFF] nos vende tan maravillosa. Tuvo que emigrar para poder sacarse las castañas como muchos españoles”. Para empezar se le olvidó indicar que su padre volvió a la España que arrancaba el desarrollo, en la primera mitad de los cincuenta, para iniciar una exitosa carrera a la que no hay que quitar ningún mérito.

Precisemos a Joaquín Prat hijo desde la hemeroteca. Se anota que su padre nació en Játiva allá por el año 1927. Su abuelo tenía una empresa familiar. No debía ir mal cuando inició los estudios de Derecho. Cualquiera que tenga algo de memoria sabe que estudiar una carrera antes de la guerra y en los años inmediatos a acabar la guerra era algo reservado a quienes dispusieran de posibles. Si sumamos es fácil asumir que debemos plantarnos ya a mediados de los cuarenta.

Como tantos otros cuando hablan, Joaquín Prat parece no asumir que España era un país de emigrantes antes de que llegara a gobernar un señor llamado Francisco Franco, y que si macroeconómicamente se puede jugar con las cifras de 1935 (últimas reales) en microeconomía la España anterior a Franco era, para millones de españoles, la de los jornaleros y la miseria de una población porcentualmente todavía en estadios muy altos de población agraria prácticamente manual. Emigrar dentro de España y fuera de España no era una inexistencia antes de Franco, simplemente España vivía el proceso con cuarenta años de retraso.

Pero volvamos al caso. La realidad es que la empresa del padre de Joaquín quebró y que ello supuso que no pudiera acabar la carrera –no sé si la concluyó después como he leído en alguna publicación–. Como es lógico se puso a trabajar en lo que encontraba hasta entrar como auxiliar administrativo en una empresa. Decidió emigrar, pero volvió a la España en transformación acelerada. No debió encontrar lo que buscaba fuera o añoraba España. No sé si solo lo de “rascar bola” hizo permanecer a Joaquín en el extranjero un tiempo. Pero recordemos lo indicado en el diario El País al fallecer: “trabajó como auxiliar administrativo en Standard y abandonó este puesto para viajar por Europa”.

Volvió a España en 1953-1954, pese a que “no se rascaba bola”, justo cuando ya no existían las cartillas de racionamiento y Franco conseguía su victoria internacional sellada con las votaciones en la ONU y la firma de los pactos con los EEUU. Que yo sepa entró en la radio en Valencia, ingresando en la oficial Radio Nacional de España. Si yo siguiera el argumento de Joaquín Prat hijo tendría que pensar que hizo profesión de fe en Franco (no es cierto porque son abrumadores los testimonios de que no se te pedían certificados políticos para entrar en una entidad oficial). Desde ahí, Joaquín Prat padre, con su peculiar estilo, presencia y voz, además de hablar inglés, hizo una gran y meteórica carrera en la España de Franco. Primero en Radio Valencia de la cadena SER y luego en Radio Madrid donde estuvo en otro mítico programa “Ustedes son formidables”. Carrera ganada por sus méritos, porque en la España de Franco era habitual la meritocracia en todos los niveles.

Joaquín Prat padre es recordado entre los de más edad por su carrera televisiva que empezó en 1968 con “Un millón para el mejor”. Era el tiempo en que Franco medía en sus discursos el grado de bienestar social por el número de televisores, frigoríficos, radios, teléfonos y coches que tenían los españoles y que crecían mes a mes, a la vez que explicaba que la emigración era algo que había que combatir a la vez que velar porque ello se hiciera en las mejores condiciones posibles. Y el concurso de “Un millón para el mejor” (con medio millón el ganador se compró piso y coche) era el símbolo televisivo del desarrollismo franquista, según anotan los expertos en antifranquismo televisivo.

Y lo más curioso, Franco veía el programa tal y como recordaba uno de sus ganadores, Xavier Mateu: “Fue una de las primeras cosas que me dijeron al llegar; nadie lo decía muy alto pero todos sabían que Franco seguía el programa” y que consiguió el millón que no alcanzó  todo un alcalde y jefe local del Movimiento que además se ganó la simpatía de media España. ¡Mira que un catalán ganando en una dictadura a un jefe del partido en una final!, y eso que Franco llegó a suspender un Consejo de Ministros para ver las hazañas del alcalde de Belmez que participó pese a la oposición del gobernador civil de la provincia. ¡Qué cosas, pero es que Franco, en contra de lo que parece pensar Joaquín Prat hijo, no lo decidía todo!

Después vendrían “Galas del Sábado” con Laura Valenzuela, presentadora en las galas de Carmen Polo de Franco, “Siempre en domingo”, retransmisiones de Eurovisión, premios de la época  o “Canción 71”. “Galas de Sábado” era más que un programa moderno de variedades, era la demostración palpable del cambio que se había producido en España, donde por cierto también actuaban artistas que cantaban en catalán.

Así pues, entre 1958 y 1975, algo así como 17 años, todos los que tenemos memoria sabemos que, como tantos españoles, Joaquín Prat estuvo en la España que sí se rascaba bola y él es la mejor prueba de ello. Esa España que se convertía en un país de clases medias, de españoles propietarios de su vivienda (“no queremos proletarios, queremos propietarios”), que democratizaba las vacaciones y que crecía a unos ritmos anuales vertiginosos. Aunque Joaquín Prat hijo se empeñe en que “no se rascaba bola”.