La humanidad lleva padeciendo el comunismo desde épocas inmemoriales. Debido a que esta psicopatía humana tan compartida se arroga la defensa de la moral (buena), el interés general (bueno), la justicia social (buena), y el filantropismo (bueno); todo aquel que no defienda esta defensa, valga de repugnancia, se torna enemigo del pueblo, de la vida, del bien común y del amor.

Es la ideología perfecta, pues todo lo que hace mal (que es casi todo) lo achaca a agentes externos o, directamente, al “fascismo” que todo lo domina, pese a que no gobierne en ninguna parte y, cuando lo hizo, fue pulverizado de inmediato. ¿Quién en su sano juicio no ha sido comunista alguna vez? ¡Todos lo hemos sido! Sino de facto, de pensamiento. Porque NADIE está en su sano juicio para cuestiones sociopolíticas e ideológicas en los albores de la adolescencia. Lo que nos ha de preocupar, y mucho, son los comunistas que han resistido al paso de la adolescencia, esos son muy peligrosos (no por valor, hombría, conocimientos, raciocinio, intelecto, gallardía y etc. circunstancias afines a un verdadero revolucionario; sino que son peligrosos porque son psicópatas fieles seguidores del “neurocomunismo”.

La neurosis es una enfermedad funcional del sistema nervioso, caracterizada principalmente por la inestabilidad emocional. Fijaos si el neurocomunismo es grave que hasta va más allá de esta definición y es emocionalmente muy estable. ¡Es la psicopatía perfecta! ¡la estabilidad mental del tarado, que al rodearse de más tarados, da vigor y rigor a su enfermedad y carácter de verdad absoluta! Si 2 opinan algo contrario a 1, ese 1 será discriminado. La mayoría, manda. ¿Quién de vosotros no ha sufrido a un neurocomunista? Nada como el empirismo para estos asuntos tan racionalistas. Y no es una paradoja. El neurocomunismo es tal burdo y falaz, que combatirlo no necesita ser teorizado ni razonado. Basta con no ser un extraviado mental severo, o un psicópata perverso para ello. La historia y los hechos son tozudos a la par que reales… ¿entonces por qué hay tantísima gente que sigue siendo comunista, y tantos regímenes que ídem? ¿Por qué ,precisamente, el país más capitalista del mundo –China, a quien Dios confunda y, una pena que ya no se rijan por las enseñanzas de Confucio– es comunista? Espena es el país más importante para mí, porque nací y vivo en él. No por asuntos históricos, folclóricos, familiares, identitarios o meramente afectivos: hay que ser pragmáticos en esto, y la defensa del bien común es una suma de bienes individuales que han de desarrollarse , con sensatez, en el lugar donde estamos arraigados. Por eso me preocupa el neurocomunismo de aquí, no el de fuera de aquí. El gran problema de esto es que, como esta secta es internacional, no podemos evitar –y debemos involucrarnos de hecho – hacer paralelismos internacionales con nuestro padecimiento nacional para tratar de comprender mejor a la bestia, pero siempre desde la perspectiva nacional, no al revés. En cualquier caso, como son todos iguales, tampoco es muy difícil el asunto… ¿o no son todos iguales?.

No, pese a su afán internacionalista, que no es más que un afán mesiánico y una megalomanía galopantes, el comunismo se desarrolla de maneras radicalmente diferentes y hasta opuestas en todos y cada uno de los países. Su grado más devastador son los genocidios y crímenes diarios que cometen, cometieron y cometerán entre ellos mismos. El cainismo es amor fraternal comparado con ellos. Sólo su aspecto de enfermedad neuronal los une, de ahí la importancia de tratarlo como lo que es: una enfermedad mental. Y sin ser yo especialista en estos temas, Dios me libre de bregar a diario con más chalados de los que la socialización me impone, mi raciocinio sí me da para saber que las enfermedades mentales hay que tratarlas, no fomentarlas ni humanizarlas; y NI MUCHOS MENOS INSTITUCIONALIZARLAS. Tenemos que establecer el nexus idearum, por el cual en cuanto nos topemos con un comunista, inmediatamente lo veamos como un enfermo mental. De aquí la importancia de que mi neologismo (muy sencillo, por cierto, y por lo tanto sin mérito alguno) sea interiorizado, porque del mismo modo que no podemos razonar con un niño, como si fuera un adulto, y ni muchos menos tratarles como tal, no podemos enfrentar a un rojo como un ser intelectualmente dotado y emocionalmente estable. No, ni mucho menos. Como enfermos mentales que son, tenemos que ser muy sutiles con ellos y, en la medida de lo posible, hacerles el vacío, ningunearles y repeler sus ataques con mucho temple y con poca dialéctica: porque es imposible razonar con ellos. Y, lo más importante de todo, no perder nuestra cordura, no caer en su infantilismo y psicopatía, y tratar de no perder los nervios salvo para repeler ataques físicos directos. No puedes maltratar a un niño que te insulta, pero sí puedes repeler con violencia proporcionada a ese mismo niño si te agrede.

Difícil solución tiene el neurocomunismo. Nos esperan años de lucha, al igual que las tuvieron nuestros ascendientes y las tendrán nuestros descendientes. El problemón que se vislumbra es que hace décadas, la solución militar era la mejor autodefensa y la única solución, como bien demostró “el bando nacional” que tras años de tratar de vencer con el intelecto, y hartos de ver como la violencia injustificada y bárbara de estos extraviados mentales era su único argumento, tuvieron que dar un golpe sobre la mesa, un magnífico y bendito golpe. Pero los tiempos han cambiado tanto que ya no podremos defendernos de esa justa manera, salvo casos muy aislados, y de hecho ellos mismos, pese a su neurosis, saben que su mejor arma es la memocracia (gobierno de y para memos), que les avala en todo lo inimaginable y más.

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