1.- Abascal y Mayor Oreja han destacado el triunfo actual de la ETA, la “rendición” ante ella por parte del gobierno. La rendición habría venido ya de Zapatero. Prácticamente lo vengo diciendo desde 2004, solo que no ha habido rendición a la ETA, como se dice, sino complicidad con ella, cuyas raíces vienen de la misma transición. Y es preciso entender cómo y por qué.

2.- La primera batalla de la transición se dio en torno al referéndum de diciembre del 76 como  democratización desde la legitimidad franquista. Contra él pugnaban los “rupturistas” (Junta y Plataforma “democráticas”, en torno al PCE y al PSOE respectivamente), que quedaron en absoluta minoría. Aquellos “demócratas” pretendía saltar sobre 40 años de historia especialmente fructífera para enlazar con la supuesta legitimidad del Frente Popular. Al demostrarse su debilidad, debieron adaptarse, sin abandonar nunca sus ideales “democráticos”.

3.-Pero hubo quienes no se adaptaron ni aceptaron el “cambio de fachada” del franquismo, en particular la ETA.  La ETA reúne en sí los dos componentes del Frente Popular: es al mismo tiempo socialista y separatista. Por lo tanto tiene doble legitimidad, es doblemente “democrática”. Este dato es decisivo para entender su proyección histórica.

4.- Aunque el franquismo solo tuvo una oposición significativa comunista y/o terrorista, albergaba a gente  que vivía muy bien y disponía de considerable libertad de expresión, pero rezongaba del régimen, expresando su antifranquismo con insidias  e intrigas. El Grupo 16 de prensa podía ser el modelo, aunque no único. Para el Grupo 16, la ETA era “de los nuestros”. También estaban grupos democristianos  “antifranquistas” que maniobraban para apalancarse en el poder a la muerte de Franco. A estos no les gustaba la ETA, pero tampoco tenían argumentos contra ella, pues la ETA sí era antifranquista de verdad, no como ellos. En cambio tenían simpatía por los separatistas que resultaban ser también democristianos y maniobraban en la misma dirección. De un modo u otro, todos pensaban que la ETA dejaría los atentados y les dejaría a ellos libre el terreno político; solo que los etarras les despreciaban por su antifranquismo “fulero”. 

5.- Por estas razones, tanto los gobiernos de derecha como de izquierda tuvieron que perseguir los atentados de la ETA, pero reconociéndoles de hecho legitimidad política. Y  al mismo tiempo que trataban de detener a sus pistoleros buscaban con ellos acuerdos negociados, que solo podían serlo a costa de la legalidad y del estado de derecho.

6.- Esta doble política, que demostraba a la ETA la debilidad  de los gobiernos y le daba sus mayores esperanzas, solo fue abandonada en el último período de Aznar, por presión de Mayor Oreja. Por primera vez la ETA fue acosada en su aparato político y pistolero, y llevada en poco tiempo al borde del derrumbe.  

  1. La ETA quedó prácticamente derrotada, hasta que el PSOE en el poder acudió al rescate: dejaría de matar –ya prácticamente no podía– a cambio de concesiones políticas acordadas clandestinamente y que se han venido desarrollando desde entonces. La razón de fondo del proceso debe entenderse. ETA y PSOE son en cierto modo partidos hermanos, con  los mismos ideales: socialismo y antifranquismo visceral, pese a que el PSOE no lo mostró realmente en vida de Franco.  Además eran feministas, abortistas, homosexistas y todo lo que se pusiera de moda por entonces.  Los etarras querían desmembrar España, los socialistas no, pero el asunto tampoco les importaba gran cosa: tenía una idea tan negativa de la historia de España como increíblemente positiva de la historia criminal del propio PSOE.

8.-Los acuerdos entre los asesinos y los corruptos han llevado a una situación de golpe de estado permanente desde hace tres años. A una crisis profunda de la democracia y a una amenaza cada vez más inminente a la unidad nacional. Solo VOX se opone hoy, y es imprescindible que su mensaje cale  contra las argucias y el lenguaje envenenado de los demás partidos. La base de todo el proceso se encuentra en unas ideologías compartidas por todos esos partidos “antifranquistas”: los de izquierda por la “legitimidad” del Frente Popular. El PP por su  “ausencia de formación histórica e ideológica”.

  1. He explicado estas cosas en el folleto Contra la balcanización de España, en  los libros La transición de cristal y en Los nacionalismos vasco y catalán en la guerra, el franquismo y la democracia, y en numerosos artículos, no leídos y en cualquier caso no citados,  por políticos y periodistas. Pero ahí quedan.