El camarero traía la comanda al paso de la oca, unas cañas y una ración de berberechos formando en el plato una esvástica, que es el emblema que ha sustituido en Madrid al Oso y el Madroño desde el 4 de mayo. Por el bulevar desfilaban los niños de la guardería de enfrente, con sus camisitas pardas y sus botitas altas, cantando a coro el “Tomorrow belongs to me”. En la mesa de al lado Carmen Calvo y Tezanos bebían Vichy Catalán (por supuesto) y pontificaban sobre Kant, Hegel y Marx, porque ya se sabe que los socialistas solo pisan las tabernas para filosofar y reafirmar su superioridad moral mientras el populacho se solaza hablando de fútbol, de toros y de mujeres sin las sutilezas del lenguaje inclusivo.

Pablo Iglesias se acercó a la mesa en la que Calvo y Tezanos muñían encuestas y urdían pucherazos, pero un camarero con los emblemas de la SS en el delantal le cortó el paso señalándole el cartelito de “Reservado el derecho de admisión”. Cuando la versallesca analfabeta y el hurón de las encuestas prêt-a-porter fueron a protestar, un fascista tabernario con manos de albañil les llenó la boca de papeletas electorales azul prusia, por supuesto. En la mesa adyacente, la número tres de Podemos en la Asamblea de Madrid le exigía al camarero de la SS que expulsara a Pablo Iglesias porque ella se negaba a compartir berberechos con una “rata sinvergüenza”. Como iba sin el Pirracas y sin sus matones, la chepa y la coleta se le derrumbaron de miedo y se fue a tomar el aperitivo a casa de su suegro y maestro, que antaño fue fascista y hoy es más rojo que Lenin, igualito, igualito que su difunto camarada el Mariscal Fiedrich Von Paulus que tras de la derrota de Stalingrado se convirtió al comunismo y murió, muchos años después, plácidamente en el paraíso proletario de Alemania Oriental denunciando y cazando fascistas, que es lo que a Pablo Iglesias le pone más cachondo que una orgía de milicianas sin bidé.

Cuando la palabra FIN apareció en la pantalla y se iluminó el patio de butacas, el público saludaba brazo en alto el último esperpento del estrábico Fernando Trueba, escrito y dirigido al alimón con Pedro Almodóvar, en el que Isabel Díaz Ayuso interpreta a Eva Braun, Rocío Monasterio a Claretta Petachi, Mónica García a la Pasionaria, Ángel Gabilondo al Miliciano Remigio, que para la guerra (electoral) es un prodigio y Pablo Iglesias a Agapito García Atadell dando paseítos por los suburbios del Madrid Rojo, hoy teñido todo él de azul prusia, que hasta el apellido del color es fascista, como los berberechos, coño. ¡Ah! el NODO era un monográfico de Pablo Echenique inaugurando un carril-bici para él solito, desde Galapagar a Paracuellos del Jarama, con área de servicio en el Valle de los Caídos.