Se inicia un nuevo curso político, donde nada es lo que parece. El gobierno coge impulso con el apoyo del Partido Popular de Pablo Casado y de los gobiernos autonómicos, que se han prestado a ser los mamporreros de Sánchez. Se atemoriza a la sociedad y se la distrae con cortinas de humo, para que acepte como normal, el negro futuro que nos espera, sino reaccionamos a tiempo. La clase política, responsable de habernos traído hasta aquí, ahora pretenden ser los salvadores de una situación cuya negligencia ellos han agravado. La sociedad española narcotizada, y en muchos casos, también aborregada por medios de comunicación al servicio de intereses políticos, que no de la verdad, parece aceptar resignada su destino, como corderos al matadero, sin ni siquiera plantearse alternativas. Es un estruendoso silencio que no invita al optimismo. Hemos aceptado una culpa que no nos corresponde, nos han convertido en un pueblo pastueño de chivatos y delatores, de policías de visillo, vigilantes en busca de culpables cercanos, que no de los auténticos responsables.

No me gusta lo que veo, no me gusta lo que escucho y no me gusta la resignación de los cobardes y de los estómagos agradecidos, que asumen culpas y responsabilidades que no les corresponde. España sufre un gigantesco “síndrome de Estocolmo”, distraído con “vágatelas” que nos alejan de la verdad. Ni el ocio nocturno, ni los jóvenes, ni las reuniones familiares ni de amigos, ni los compañeros de trabajo, ni siquiera aquellos que no les gusta ponerse el bozal para salir a la calle en espacios abiertos, son los responsables de nada de lo sucedido hasta el momento. Si deseamos buscar culpables y exigir responsabilidades, miremos a la clase política, a las autoridades locales, autonómicas o nacionales, a todos aquellos que tienen responsabilidad de gobierno, a sus colaboradores y a los medios de comunicación que los encumbran, tapan y protegen.

La nueva estrategia del Partido Popular, es volver a lo de siempre, a ser la coartada de la izquierda y a no entrar en ningún debate ideológico de calado, que suponga poner en riesgos los consensos alcanzados. Aceptar como propio las leyes de imposición de ideología de género, las leyes memorialistas y la falsificación de nuestra historia. El Partido Popular se considera a sí mismos centrista y moderado, por acercarse y servir de soporte, al gobierno más radical de Europa, al gobierno social comunista del tándem Sánchez e Iglesias. Sánchez no tendrá problema en sacar los presupuestos generales del estado adelante, no le pasara la factura la crisis económica, social y sanitaria en la que estamos, ni el desafío soberanista catalán, gracias a los “moderados” y bizcochables de la organización que dirige Pablo Casado.

El plan inicial para que los presupuestos sean aprobados, es contar con el apoyo de ciudadanos, la veleta naranja que actúa a los dictados de los populares. Solo si los números no dieran, el Partido Popular se prestaría a darles el apoyo necesario de forma directa. Todo está cerrado y acordado en esta gran farsa que es la política española. Tenemos Sánchez para largo, aunque para ello tenga que caer un Pablo Iglesias que se encuentra cada día más debilitado y desgastado. Iglesias es ya un peón prescindible y amortizado. Pensó que tenía vida propia y cayó en la trampa urdida por los socialistas, conducido por su propia soberbia. El Partido Popular aboga por volver al bipartidismo, ellos han neutralizado a ciudadanos y ahora el PSOE hará lo propio con los comunistas de PODEMOS. La supervivencia de VOX, dependerá de lo alejado que se mantenga de los populares, que son su principal amenaza.

De toda esta crisis, solo sale más fuerte el presidente Sánchez, parte de su gobierno y los mamporreros mediáticos y políticos, que esperan obtener alguna prebenda a cambio de su apoyo, y sobre todo, a cambio de su complicidad y silencio. España se encuentra en la hora de los enanos, los mediocres y los pusilánimes, la hora de lo medradores y los cobardes sin escrúpulos. Sánchez el superviviente, nos vuelve a marcar el camino de como una medianía intelectual como él, es capaz de marcar los designios de un país, en sus momentos más complicados.