El problema de Marruecos no puede desligarse del de Gibraltar y no solo porque confluyen en la misma zona, de máximo valor estratégico para España.  Marruecos aspira a ocupar las ciudades de Ceuta y Melilla, y si es posible las Canarias;  Inglaterra invade nuestro territorio, además de ejercer una intensa presión colonizadora sobre la política exterior e incluso interior del país. Baste considerar –aparte de mil fenómenos de colonización cultural– instituciones como el Real Instituto Elcano y otros foros que, sin mucho disimulo, tratan de orientar la política española. Y la orientan, porque desde que los gobiernos PP y PSOE decidieron prescindir de una política internacional para España, so pretexto de “entrar en Europa”, la anglomanía es una de las orientaciones básicas de la política interna y externa del país. Por algo sus gobiernos se proclaman “amigos y aliados” de la potencia que invade España, y especialmente amigos de la que amenaza Ceuta y Melilla, que por cierto no están cubiertas por nuestros “aliados” de la OTAN.
Debe advertirse, pues, que un punto estratégico clave para España y en territorio español, está en manos de una potencia extranjera con intereses muy distintos de los españoles, segunda potencia de la OTAN y con “relación especial” con la primera, es decir Usa, deseosa de mantener la situación actual. Y que es también aliada de Marruecos.  Una cosa es buscar una convivencia exterior tolerable, y otra declararse “amigos y aliados” de unos países que no pueden ser amigos ni aliados,  salvo momentos puntuales, por la divergencia de intereses profundos.
¿Puede plantearse España una política independiente, que supere la abyección actual? Por supuesto que sí. Claro que para ello es preciso que la actual casta política, deformada por decenios de sumisión, corrupción y  desprecio implícito al propio país, sea relevada por otra respetuosa con la independencia y la unidad nacionales. Dos cosas que se han descartado desde hace mucho por asimilarlas –correctamente– con el franquismo.